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La fuerza de pensar diferente

¿Aún vive la ideología de Gandhi?

Durante los 20 años que vivió en Sudáfrica, Gandhi desarrolló el pensamiento pacifista que luego ejercería de manera exitosa en la India

  • Por Ram S. Lamba / Especial Por Dentro
  • 06 OCT. 2019 - 03:30 AM
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Gandhi logró la independencia de la India el 15 de agosto de 1947. (Altaf Qadri/AP)
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Hace un siglo y medio, Mohandas Karamchand Gandhi nació un 2 de octubre en la ciudad de Porbandar, en la costa oeste de la India. Conocido mundialmente como Mahatma (alma grande) Gandhi, su movimiento pacifista contra el régimen del Imperio Británico en la India le ganó reconocimiento en el mundo entero. También conocido como “Bapu” o padre de la nación, Gandhi logró la independencia de la India el 15 de agosto de 1947 —después de tres siglos de dominio colonial—, utilizando fundamentalmente la desobediencia civil pacífica.

Gandhi fue asesinado el 30 de enero de 1948 por un fanático hindú, Nathu Ram Godse, que lo veía como una figura de reconciliación con los musulmanes, y segó su vida con tres disparos. Según los relatos históricos, al caer herido al suelo, Gandhi murmuró: “Hai Ram, hai Ram (oh Dios, oh Dios)”. Godse fue encarcelado sin mostrar arrepentimiento.

Líderes mundiales asistieron a la ceremonia de cremación de Gandhi y, tras su muerte, la India decretó 13 días de luto nacional. Aviones militares, construidos para lanzar bombas, arrojaron pétalos de rosa sobre su pira funeraria, como un homenaje a su rechazo a la violencia. La multitud también arrojó pétalos de rosa mientras coreaba: “Mahatma Gandhi ki jai (Que viva Mahatma Gandhi)”. Mientras el sol se ponía, su cuerpo se convertía en cenizas bajo un fuego de sándalo, incienso, cocos y alcanfor.

A más de 70 años de su muerte, sabemos poco sobre su vida. Salman Rushdie escribió: “Hace medio siglo, este hombre delgado forjó la lucha de una nación por la libertad… Ahora, Gandhi sirve de modelo a (la corporación estadounidense) Apple… Su mensaje es cónsono con la filosofía corporativa de Apple: ‘Piensa diferente’”.

“Piensa diferente”

Gandhi comenzó su vida profesional como un abogado elegante y occidentalizado, pero, con los años, su pensamiento fue cambiando de manera radical. Su filosofía de no violencia tuvo éxito porque logró establecer el contraste con la violencia desmedida de los británicos, y que, ante ese espejo, los colonizadores sintieran tal humillación que tuvieran que abandonar la India y darle la independencia.

El pensar diferente llevó a Gandhi a iniciar una huelga de hambre en varias ocasiones para detener los disturbios y las matanzas que se suscitaron contra los ingleses, y entre los hindúes y los musulmanes. Con su gesta, también consiguió mejorar las condiciones de la casta de los intocables.

Era delgado y encorvado, tenía una piel marrón quemada por el sol y solo vestía un “dohti”, una tela blanca de algodón enrollada alrededor del cuerpo que escasamente lo cubría. Usaba espejuelos que le colgaban de la nariz y apoyaba su mano frágil sobre un bastón de bambú. Su vestimenta era perfecta para el revolucionario que fue, cuyas armas eran las palabras y la no violencia.

Toda su vida se arriesgó en busca de la paz y la verdad, y creía firmemente en lo siguiente: “Haz en ti mismo el cambio que quieres lograr”.

El poder de la estrategia pacifista de Gandhi quedó en evidencia en el impacto que tuvo sobre Winston Churchill, el poderoso primer ministro británico. Pues, mientras Churchill tuvo la gran valentía de desafiar al mismísimo Adolf Hitler, su poder no fue suficiente para vencer las técnicas de resistencia pacífica de Gandhi, de quien se burlaba llamándolo el fakir semidesnudo.

Gandhi fue, en la escuela, un estudiante mediocre. Pero, cuando pasó a la superior y se mudó a Rajkot, a unos 200 kilómetros tierra adentro de Porbandar, logró algunos reconocimientos académicos. Entró a la universidad, pero no le gustaba, y fue entonces cuando un amigo lo convenció para que se fuera a Inglaterra y obtuviera un grado en Derecho en tres años. Su mamá y su hermano mayor le facilitaron el dinero, con la condición de que, aún lejos de casa, mantuviera los valores de la cultura hindú. Y así lo hizo.

Tras graduarse de Derecho en Inglaterra, partió a Sudáfrica, donde trabajó como abogado. Allí experimentó la discriminación en su forma más cruda. Mientras viajaba en un tren hacia Johannesburgo, vivió el primer incidente. Él se encontraba en un compartimento de primera clase, y le ordenaron que se saliera de allí y fuera a los vagones para la gente “de color”. Gandhi se negó y, en la próxima estación, lo sacaron del tren. Allí pasó una noche a la intemperie bajo temperaturas heladas. Al día siguiente, fue nuevamente humillado y esposado por un conductor blanco. Esta experiencia fortaleció su determinación de luchar por la justicia social y contra la discriminación racial.

Su modo de pensar sobre los males de la dominación colonial y cómo oponerse a estos mediante la práctica de satyagraha o la fuerza de la verdad fue evolucionando como un modo de combatir la explotación de los indios en ese país.

Mientras Gandhi experimentaba de primera mano lo indigno de la discriminación, también trabajaba en el caso que lo había llevado a Sudáfrica, donde puso en práctica una filosofía que utilizaría a lo largo de su vida. Después de estudiar el caso, Gandhi sugirió a las partes que buscaran un mediador para resolver la disputa fuera de los tribunales. El resultado de esa estrategia lo complació, y repitió la misma fórmula en cientos de casos. Había aprendido que la verdadera función de un abogado era, en lugar de buscar una abrumadora victoria en el tribunal, acercar a las partes y conseguir un arreglo razonable.

Su regreso a India,  la independencia y su legado

En la tarde del asesinato de Gandhi, en enero de 1948, el primer ministro Jawaharlal Nehru dijo: “Amigos y camaradas, la luz se ha ido de nuestras vidas y hay oscuridad en todas partes… También sentimos un agradecimiento y el orgullo que le ha brindado a esta generación habernos asociado con este ser humano tan poderoso…  Y también pudimos seguir sus pasos y arar la tierra sagrada que sus pies pisaron.”

La técnica de Gandhi ha tenido un impacto duradero. La “satyagraha” o política pasiva de resistencia y el “ahimsa” o el amor que permanece tras los pensamientos de violencia son estrategias que aun hoy, a siglo y medio del nacimiento de Gandhi, forman la base de la desobediencia civil y de la resistencia no violenta.

Durante los 20 años que vivió en Sudáfrica, Gandhi desarrolló el pensamiento pacifista que luego ejercería de manera exitosa en la India. Tras regresar a su tierra natal, Gandhi volvió a familiarizarse con su país y educó a los indios sobre “satyagraha”, la no cooperación y la desobediencia civil. Fue encarcelado varias veces por utilizar estas armas pacíficas. Además, el Partido Congreso, que buscaba la independencia de India, lo reconoció como su líder principal y afirmó otros dos ideales de Gandhi: condenar las leyes para los intocables y apoyó el uso de ropa hilada y preparada en los hogares para generar ingresos para los pobres de la India.

El 12 de marzo de 1930, lanzó su desafío nacional a una ley que prohibía a los indios hacer su propia sal. Él y miles de seguidores marcharon a pie durante 24 días y más de 240 millas hasta llegar al mar. Gandhi y la Marcha de la sal llegaron a la costa para hacer sal con agua de mar hasta que derogaran la ley. En esa campaña, nuevamente lo arrestaron y a otros 60,000 indios.

Como parte de la desobediencia civil, Gandhi les pedía a sus seguidores que se quitaran la ropa o cualquier artículo de origen británico. Sus seguidores, con fervor, se despojaban de esas piezas y las colocaban a los pies de Gandhi, que encendía un fósforo y hacía una fogata con ellas.

Tuve la oportunidad de ver una de estas manifestaciones en 1947, cuando tenía cinco años. Estaba con mi papá por un lugar de la vieja Delhi cuando lo vimos, en una colina, frente a cientos de personas que arrojaban sombreros, corbatas y otras piezas de vestir a una fogata. Todos gritaban “Gandhi ji zindabad” (¡Que viva Gandhi!). Mi papá también se quitó su corbata y la tiró a la fogata. A mí, me trepó sobre sus hombros y me dirigió la vista hacia Gandhi. Recuerdo a un hombre delgado, de estatura baja, con la piel quemada por el sol. No tenía mucho pelo. Se apoyaba con una mano sobre un bastón. Vestía un “dhoti” blanco.

Cuando la multitud comenzó a cantar y gritar “Revolución para siempre”, mi padre me agarró de la mano y salimos de allí; temía que comenzara un motín. Es un recuerdo que atesoro, y me siento afortunado de haber estado cerca de Mahatma.

El compromiso apasionado, el activismo no violento y la voluntad de aceptar el castigo por la desobediencia civil fueron lecciones que le enseñó al mundo, pues, de los 78 años que vivió, pasó 2,338 días —más de seis años y medio— encarcelado por los británicos: seis veces en Sudáfrica y otras siete en la India.

Durante las negociaciones con los británicos para independizar a la India, Gandhi rechazaba una partición basada en la religión, pero el líder musulmán Mohammed Ali Jinnah quería un país separado para los suyos: Pakistán. Los británicos complacieron a Jinnah. Para Gandhi, India era para todas las personas que vivieran allí. La partición guiada por diferencias religiosas produjo actos de violencia que cobraron la vida de miles de hindúes y musulmanes.

En esa época, vivíamos en Lahore, una ciudad que hoy es parte de Pakistán y que colinda con la cuidad india de Amritsar. Mi familia hindú y yo habitábamos una casa alquilada que estaba al lado de una mezquita, una coincidencia que tal vez nos salvó de que, durante los disturbios, no le prendieran fuego. Mis padres, mis tres hermanos mayores y yo huimos de allí a bordo de un camión militar, escondidos entre enormes cajas, camino a Amritsar. El ejército pakistaní detuvo el camión varias veces y, en cada parada, el personal golpeaba las cajas con palos para asegurarse de que solo contenían equipo. La distancia que recorrimos no fue larga, pero, bajo esas condiciones, pareció una eternidad. Finalmente, llegamos a un campo de refugiados en suelo indio.

Las ideas y los principios de Gandhi se han vuelto cada vez más irrelevantes en la política cotidiana de la India, y en la reciente campaña electoral sus ideas apenas se mencionaron. El actual partido gobernante, BJP (Bhartiya Janata Party), es el ala política de RSS (Rashtrya Swayamsevak Sangh), una organización vinculada al asesinato de Gandhi y a enfrentamientos entre hindúes y musulmanes.

El actual gobierno de Narendra Modi, igual que la organización hindú RSS, respalda una India solo para los hindúes. Varios legisladores del BJP y otros sectores de la sociedad cuestionan el secularismo actual y abogan por que India se declare una nación hindú.

Como resultado del movimiento nacionalista hindú, muchos en la India sienten que la influencia de Gandhi ha disminuido. En otras partes del mundo, en cambio, continúa reconociéndose su importancia. 

Todos los movimientos mundiales por la paz han elogiado su ideología. Martin Luther King, Jr. utilizó la filosofía de Gandhi para organizar el movimiento por los derechos civiles y Rosa Parks se negó a ceder su asiento en un autobús segregado en una efectiva protesta pacífica. A ellos se les unieron: las políticas de Nelson Mandela en Sudáfrica, el desafío de un hombre chino ante los tanques militares desplegados en la Plaza de Tiananmén, Lech Walesa liderando a trabajadores polacos en huelga, estudiantes quemando banderas estadounidenses contra la guerra de Vietnam y los puertorriqueños, marchando en las calles, para sacar de Vieques a la Marina de Guerra de los Estados Unidos y, años después, destituir a su gobernador electo, Ricardo Roselló.

Cuando Ricardo Rosselló —falto de credibilidad y amenazado por un inminente juicio político— se vio forzado a abandonar La Fortaleza por un movimiento pacífico, multitudinario y consistente, quedó evidenciado que la ideología de Gandhi sigue vigente en el mundo un siglo y medio después de su nacimiento.

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