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Cómo alcanzar resoluciones

Crea hábitos positivos para mejorar tu vida

La incorporación de nuevos hábitos se va desarrollando con el tiempo hasta que se transforman en una filosofía de funcionamiento

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Piensa en qué es lo que tendrías que hacer nuevo y dejar de hacer viejo para que tu meta se logre. (Shutterstock)
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Puedes querer algo, pero pregúntate, ¿lo quieres tanto como para hacer todos los cambios necesarios y los esfuerzos que conlleva para lograrlo?

Apenas comenzaron los primeros días de enero y, como es costumbre, afloraron los listados de resoluciones. Por lo general, cuando las personas expresan sus deseos para el nuevo año se enfocan en lograr objetivos que se relacionan al bienestar emocional, la toma de decisiones en su entorno familiar, la pérdida de peso y reorganizar sus finanzas.

No obstante, estas se suelen repetir año tras año, sin embargo, las personas reconocen que debido a los roles que enfrentan día a día, desisten de continuar con las metas que se propusieron.

Una resolución no es otra cosa que una tarea o una meta que deseamos realizar en un periodo en particular. Estas son importantes, ya que nos ayudan a planificar nuestros deseos y objetivos. Sin embargo, al no tenerlas claras, podrían ser determinantes para el éxito o el fracaso.

“El incorporar las resoluciones al inicio del año sirve como la oportunidad de un nuevo comienzo para modificar conductas e integrar otras que, de cambiar, nos brindarán los beneficios y la satisfacción que anhelamos. Es ahí en donde radica la dificultad, ya que generalmente estas resoluciones son conductas, deseos, decisiones y hábitos dirigidos a cambios que no solo requieren del deseo místico de lograrlos, sino también de mucha conciencia y disciplina”, explica Héctor Manuel Pérez, quien es psicólogo y consejero en adicción del Hospital San Juan Capestrano.

Es decir, un asunto es decretar esas metas propuestas y otra es lo que necesitas para lograrlas. Hay diferencias entre el producto final que la persona quiere y lo que tiene que hacer para obtenerlo, pues, aunque hay algunas que son fáciles de ejecutar en un solo acto, la gran mayoría conllevan un esfuerzo repetido porque son más ambiciosas.

“El tema que está detrás de todo eso son los hábitos. Si quieres lograr metas que son más ambiciosas, probablemente lograrlas implica una serie de conductas, una serie de esfuerzos y rutinas nuevas. Si eso no es parte de tu día a día y no lo acostumbras a hacer, se te va a hacer bien difícil lograrlo. Tendrías que estar bien pendiente, tener muchos recordatorios, hacer todos los movimientos necesarios y sacar el tiempo”, indica la psicóloga consejera Silma Quiñones.

La también presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico señala que de las cosas que la gente típicamente no le presta atención es la motivación al momento de hacer un cambio. La primera, la de que le gustaría hacerlo por lo positivo que puede representar ese cambio en su vida; y segundo, la motivación que viene de que el cambio es necesario porque se está sufriendo. Esta motivación negativa puede ser porque la persona está enferma, económicamente mal o pasando por algo terrible y doloroso.

“Para mucha gente lo que más funciona es la motivación negativa, lo que es el sufrimiento, que te lleva a estar dispuesto a hacer algo diferente y pasar el trabajo de lograr unos cambios. Si no estás sufriendo mucho, la posibilidad de que abandones tu meta y abandones la conducta nueva es bien alta”, manifiesta Quiñones.

Meta del hábito

¿Cómo hago esto y cómo lo hago frecuentemente? Cuando se habla de hábito es cuando repites una conducta y lo ejecutas sin pensarlo. Es un ciclo de señal o estímulo, rutina y recompensa. “Es repetirlo de tal manera que lo puedas hacer en piloto automático. Esa es la meta del hábito”, indica la psicóloga y consejera.

¿Cuándo se logra convertir en hábito?

Ante una situación, tú haces una conducta. Lo que en la psicología se le llama un estímulo ante una situación. La incorporación de nuevos hábitos se va desarrollando con el tiempo hasta que se transforman en una filosofía de funcionamiento.

Aunque algunas referencias indican que el desarrollo de nuevos hábitos podría tomar un periodo de 21 días y mientras otras indican a partir de los 90 días, en mi experiencia no existe un periodo en particular para desarrollar los mismos. El fortalecimiento de estos depende del grado de conciencia y la motivación de cada persona”, recalca Pérez.

Empero, Quiñones señala que todo depende del tipo de hábito. Si el hábito se trata de una conducta sencilla que hay que modificar, puede tardar de 21 a 30 días. Mientras que si es una conducta compleja, que requiere un esfuerzo mayor, típicamente puede tomar de 60 a 90 días.

“Los estudios dicen que no tienes que ser perfecto en esos primeros intentos. Eso no quiere decir que todo se echó a perder, si se falla alguna vez. La persona tiene que seguir. La perfección no es necesaria, sino que se mantenga en la tendencia. Se debe mover en la dirección de más y más hacia esa nueva conducta”, expresa la psicóloga.

El cerebro

¿Por qué es tan difícil romper con los malos hábitos? De acuerdo con Quiñones en el cerebro se crean ‘caminitos’ neuronales, que crean una conexión entre una neurona y la otra. Cuando se hace una conducta nueva es un ‘caminito’ que no deja huella.

“Cuando tú tienes un hábito es un camino que se camina varias veces y se queda una huella, como un surco. Ese surco, ese camino que ya está establecido, corre en piloto automático. Surge la situación y eso es lo que tú vas a hacer. Eso arranca y se da sin que tú mismo te des cuenta”, describe.

La profesional de la conducta humana añade que, aunque antes se creía que los ‘caminitos’ que se creaban en el cerebro no se podían borrar y que, después de cierta edad, no se podían establecer ‘caminitos nuevos’ o patrones nuevos, ya se sabe que el cerebro es moldeable. “Inicialmente se pasa mucho trabajo, pero una vez se establece el hábito, lo vas a hacer y no te vas a dar cuenta. El trabajo siempre será al inicio”.

Asimismo, Pérez establece que es importante saber que todas las personas tienen el potencial para desarrollar los hábitos y que es una capacidad ordinaria que podemos fortalecer para lograr objetivos y perseguir sueños. Resalta que las personas que logran cumplir sus resoluciones propuestas para el año son aquellas que poseen autoconfianza, conciencia de lo que realmente buscan en la vida, perseverancia, flexibilidad, capacidad de autoevaluarse para redefinir sus objetivos y, además, poseen la habilidad de trazar un plan y lograrlo.

Elementos importantes para facilitar que logres un hábito

1. Debes estar bien claro en qué es lo que implica hacer ese cambio.

Qué es lo que tendría que hacer nuevo y dejar de hacer viejo para que tu meta se logre. Esto va a depender de la meta establecida.

2. Identifica cómo encajar ese cambio a tu rutina típica.

Planifica con esa intención.

Es decir, qué debes hacer diferente para poder insertarlo en tu agenda y cuánto tiempo te va a tomar.

3. Ten muchos recordatorios.

Como es algo bien diferente, lo que es común en ti como rutina es lo que se impone. Recordar con frecuencia cuál es tu intención y qué es lo que vas a hacer diferente, pues de lo contrario lo puedes olvidar. Por ejemplo, puedes escribirlo en la nevera o hacer una anotación en el celular. Utiliza todo lo que te facilite que no sea olvidado y no se te complique.

4. Utiliza el “mindfulness”.

Pon tu atención plena. Debes estar bien atento a cómo te sientes y lo que estás haciendo. Cuando quieres hacer algo nuevo, lo nuevo está echando al lado algo viejo, a ese piloto automático ya impuesto. Necesitas estar bien pendiente a esa sensación de cansancio que te lleva típicamente a la dejadez y combatirla. Evita pensamientos y caer en la costumbre de “lo dejo para mañana”.

5. Anúncialo públicamente.

Cuando te comprometes ante otros, das la voz de alerta y les dejas saber que te pueden ayudar y ser tus cómplices. Con esto, mueves a la gente a que no te tienten y creas una red de apoyo, que sirve para darte recordatorios, ánimo y seguimiento. Al hacerlo público, hay un elemento de orgullo y vergüenza que ayuda a lograrlo. Es mejor hablarle sobre esa meta que quieres lograr a amigos y compañeros de trabajo para que te sirvan de apoyo.

“Se recomienda no hacerlo con tu pareja porque te vas a resentir y tu pareja va a afectarte si estás fallando. Cuando dependes de tu pareja y tu pareja tiene mucho empeño en que cambies alguna conducta particular, es un forcejeo de imposición, de que me estás fallando, se personaliza y se hace tan emocional que en vez de ayudar, lo que hace es que desanima”, dice Quiñones.

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