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Relaciones

Cuando la separación llega después de dos o más décadas de matrimonio

Los divorcios en relaciones longevas son más comunes de lo que se piensa, y los especialistas tienen un término para referirse a ellos: "gray divorce"

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Aunque existen diferentes causas, la comunicación suele ser la pieza que se fragmenta para ocasionar la mayoría de los divorcios, según expertos. (Shutterstock)
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De acuerdo con el Centro Nacional de Investigación sobre Matrimonio y Familia de Bowling Green State University, en Ohio, uno de cada cuatro divorcios ocurre entre personas de 50 años y mayores. Según este centro de investigación, el divorcio después de dos o más décadas de matrimonio parece ser cada vez más común. Es lo que se conoce como el “gray divorce” o el divorcio gris. ¿Por qué se da esta ruptura después de tanto tiempo? ¿Puede prevenirse?

La raíz del problema: la falta de comunicación

Para la doctora Marilyn Rodríguez, psicóloga clínica con consulta en Santurce, existen diferentes causas que pueden llevar a una pareja a tomar la decisión de divorciarse, pero, hablando en general, por su experiencia en la terapia clínica, afirma que la comunicación suele ser la pieza que se fragmenta para ocasionar la mayoría de las rupturas.

“Llega un punto en el que las personas se acostumbran a la rutina y no se enfocan en comunicar sus emociones, sino en lo que tienen que hacer en el día a día”, señala Rodríguez, para agregar que, en esta dinámica se va perdiendo la comunicación, mientras crece la incompatibilidad.

“Escogemos a nuestra pareja para que nos acompañe durante la vida, no es solo por el ejercicio de unirnos”, precisa la psicóloga clínica, quien menciona que la falta de emociones compartidas y de hablar de lo que siente y de lo que es cada uno como persona provoca que el amor vaya disminuyendo.

“La comunicación es clave, pues no solo comunicas amor, sino también otras emociones. Si eso se pierde con el tiempo, ¿qué te queda con la persona? Solo la rutina”, analiza Rodríguez, quien menciona otras causas comunes para las rupturas entre parejas que llevan muchos años casadas, aunque, ciertamente, no son privativas de quienes llevan más años de relación.

Cuando el dinero mata el amor

“En las buenas y en las malas” y “Contigo pan y cebolla” son frases que recogen el espíritu de una relación duradera y en las que la importancia del dinero no es un común denominador. Sin embargo, para la doctora Rodríguez, el factor económico es uno de los elementos que podría afectar la estabilidad de la pareja, sobre todo si pierden el enfoque de cómo manejar la comunicación ante una situación que involucre dinero.

Por ello, si estás en competencia con tu pareja por ver quién gana más, si te molesta que tu pareja gane más que tú, si están pasando estrechez económica y eso los lleva a discutir, o si enfrentan cualquier otra situación relacionada al ingreso del hogar sin lograr llegar a un entendimiento mutuo sobre cómo lo pueden resolver, pueden aflorar sentimientos de vergüenza, miedo y resentimiento que puede lacerar la relación irremediablemente.

En este caso, aunque la causa de las diferencias parece ser solo de índole económica, la doctora Rodríguez enfatiza que la comunicación es la base de todo. Por lo que es indispensable conversar con la pareja. De esta manera, mediante la comunicación abierta y franca, pueden establecer un plan en el que ambos tengan participación.

Otras causas que podrían llevar al divorcio, de acuerdo con la doctora Rodríguez, incluyen conflictos por diferentes razones, como la disconformidad sexual; diferencias en los tipos de crianza y metas de vida que ya no son compatibles. Según la psicóloga clínica Rodríguez, cuando un miembro de la pareja quiere lograr más, mientras el otro se estaciona en el conformismo, aunque ambos estén bien, una vez más, se afecta el flujo de la comunicación. Si a esto se añade la diferencia de edad que puede ocurrir en ciertos casos, se abren brechas que requerirán voluntad y mucha comunicación entre la pareja.

Ese fue el caso de Diana y Alberto, quienes, luego de 23 años de matrimonio, se separaron. La decisión la tomó ella. Cuenta que, cuando se casaron, ella solo tenía 20 años y él le llevaba 16.

“Cuando lo conocí, me pareció interesante y, siendo joven e inexperta, no pasó mucho tiempo para que me enamorara”, recuenta la madre de dos varones, Carlos Alberto, de 22; y José Alberto de 20. Sin embargo, según pasaron los años, las cosas en común fueron disminuyendo, mientras que las diferencias se acrecentaron. Acepta que, aunque trató de mantener la relación por sus hijos y hasta llegó a conformarse con la falta de muestras amorosas y de conversación con Alberto, el hastío y el desamor colmaron su copa.

“Dejé de hablarle y vivíamos como dos extraños en la misma casa”, recuerda. Si bien trató de convencer a Alberto para tomar terapia de pareja, él no quiso. En su caso, sintió impotencia, tristeza, rabia y, por último, logró la determinación para dar el paso definitivo: el divorcio.

Pero, como indica la doctora Rodríguez, no existe una regla de cómo se van dando las etapas que llevan al rompimiento en cada relación.

“Muchas veces, las partes comienzan a darse cuenta de que algo no va bien, se sienten ansiosos, se van irritando. Unos se quedan en silencio y no dicen nada, mientras que otros van rechazando la dinámica que se da”, explica Rodríguez, para añadir que luego llega un punto donde la tensión se torna insostenible.

En estos casos, abunda la psicóloga clínica, los individuos intentan encontrar una salida de escape a sus sentimientos de frustración, por lo que algunos deciden trabajar más para no estar en la casa o deciden salir más a menudo con los amigos, mientras que otros se entregan al ejercicio físico en el gimnasio, por ejemplo.

“Aunque algunos lo confrontan, otros buscan evitar el tema para no tener que dialogar”, comenta, a la vez que expone que, en su práctica, muchas personas buscan ayuda del psicólogo para aminorar los daños y tratar de que el ambiente en el hogar mejore. El objetivo, es claro. “Queremos que la relación perdure, pero si la situación que estamos viviendo es demasiado tensa, es necesario buscar ayuda profesional”, expone.

Los cambios son difíciles en cualquier etapa de la relación

“Sin importar la edad, cuando las personas se casan, tienen expectativas de que la relación dure, pero cuando hay una separación después de tanto tiempo, el efecto es bastante amplio, ya que no solo afecta a los dos individuos, sino también a los hijos, si los tienen; a la familia y a los amigos”, dice la doctora Rodríguez, mientras resalta que, en muchos casos, el rompimiento de una relación larga también implica el rompimiento con esa familia y hasta con las amistades que se crearon en común.

“Estamos hablando de que estas personas compartieron su vida y sus gustos, así como cosas negativas y positivas. Independientemente de la razón de la separación, es difícil porque se necesita madurez emocional para manejar los cambios y las emociones que traen estos cambios”, subraya la doctora en psicología clínica.

Pero buscar ayuda es de sabios

Sin embargo, para la doctora Rodríguez, hay que discernir si se necesita ayuda para replantear hacia dónde van como pareja y como individuos, y cuáles son sus metas.

Empezar de nuevo

Cuando el divorcio es un hecho, es común que surjan interrogantes en cuanto a si tendrán parejas nuevamente, después de tanto tiempo, y cómo manejar las emociones encontradas que puedan surgir por la separación.

Pero, la psicóloga clínica recomienda permitir que las cosas fluyan sin antagonismos y buscar ayuda profesional para replantear sus vidas.

“Independientemente de cómo se maneje emocionalmente la situación y de cómo se acepten los cambios, el proceso dependerá de cuán emocionalmente madura esté la persona”, expone Rodríguez, al afirmar que las crisis traen cambios y cada quien decide hacia dónde va con ese cambio.

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