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Espacio mágico

Cuando pedimos una segunda oportunidad

Todos ansiamos volver a ver a los seres queridos que han fallecido

  • Por Virginia Gómez / Especial para Por Dentro
  • 14 OCT. 2018 - 02:00 AM
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Nuestra conciencia es energía en vibración que al abandonar la densidad del cuerpo físico se libera para moverse a una vibración más alta. (William Farlow / Unsplash)
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“Murió y no pude despedirme”, “No me dio tiempo a perdonarlo”, “Por qué no me esperó”...  Son miles las personas que arrastran en su corazón la frustración de perder de repente a un ser amado.

Si la separación física es dura para todos, no importa la preparación espiritual que tengamos, lo que nos destroza es saber que ya no tendremos la oportunidad de ver y abrazar a ese alguien que ya se fue.

El dolor se magnifica cuando se produce una muerte repentina: una caída, un accidente, un infarto, un paro respiratorio. Son tantos los casos de muertes fulminantes que no dieron tiempo a decir “te amo, hasta pronto”… Solo ansiamos verlo nuevamente y nos amparamos en la fe.

Es una ironía que a estas alturas del conocimiento humano nos afecte tan negativamente el final, pero lo cierto es que nunca estamos preparados para aceptar que la muerte es lo único absolutamente inevitable en esta vida y que tarde o temprano, de forma natural o trágica, nos conducirá al otro lado. 

La muerte no existe. Nuestra conciencia es energía en vibración que al abandonar la densidad del cuerpo físico se libera para moverse a una vibración más alta. La conciencia es la individualización de nuestro espíritu, es lo que nos da nuestra identidad en este mundo y que continuará en otros porque vivimos en un universo multidimensional.

Esa conciencia que guarda memoria de lo que ha sido y de las personas amadas es la que contacta con nosotros porque los lazos del amor son eternos. No obstante, es necesario recordar que esos amigos y familiares nunca nos han dejado y que siguen pendiente de nosotros, aunque de otra manera. 

Escribo esta columna para quienes creen porque lo han vivido. Y para los que esperan ver para creer quiero decirles que sí hay vida después de esta vida.

El mundo espiritual existe en el “éter” igual que internet está en “la nube”. 

Para librarnos de esos prejuicios y temores que la ignorancia ha sembrado, empecemos por aceptar el siguiente principio científico. Cuando les digan que hablar con los espíritus es mental, piensen que la mente es la manifestación intelectual de nuestro espíritu.

Por lo tanto, es parte de nuestra naturaleza, según el psicólogo Carl Jung, y otros médicos de la actualidad como Brian Weiss, entre muchos expertos. Por lo tanto, ver o sentir a un espíritu es una manifestación de la mente porque la mente pertenece a nuestro espíritu; no a la inversa.

En el momento en que nuestro espíritu abandone el cuerpo que ocupamos ahora nos llamarán cadáver. Mas nuestro espíritu continuará y guardará conciencia de lo que ha sido aquí y ahora.

Cinco formas de facilitar la comunicación con los espítitus amados: 

  1. Meditando y orando. 
  2. Escribir una carta a esa persona. Expresarle todo lo que se desee. Conversar mentalmente o en voz alta con esa persona. 
  3. Atención a las señales: la comunicación se recibe en símbolos y mensajes extraños o poco usuales para llamar nuestra atención.
  4. Los sueños de visitación. Nos visitan para comunicarnos que están bien o cuando estamos atravesando dificultades serias. Se identifican porque aparecen jóvenes aunque hayan fallecido ancianos. El mensaje que nos transmitan se debe interpretar literalmente.
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