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Amistad duradera

Dos amigas comparten sus vivencias y los lazos de amor que las unen

Su reencuentro coincide con la misión que marca la nueva etapa que viven

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Sonia Famada y María Josefa “Mary Jo” Muñiz. (Enid Salgado/Especial para GFR Media)
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Aunque despidieron de este plano terrenal a sus compañeros de vida, a ese gran amor que se les quedó pegado en la piel y en el corazón, Sonia Famada y María Josefa “Mary Jo” Muñiz viven fortalecidas en el amor de sus hijas y nietos, como parte del legado.

Compartir vivencias con ciertas similitudes hace más afines a estas dos amigas que se reencontraron hace una década. Desde entonces, ha sido “el mismo amor” que ha estrechado ese lazo de amistad que se forjó cuando unas de sus niñas cursaban el kindergarten.

Practicantes de la fe católica, cariñosas, fuertes, creativas, simpáticas y con esa fortaleza inquebrantable con la que enfrentan la vida son solo algunas de esas características que sus hijas admiran y emulan de ellas. Ambas son felices y reviven la emoción de haberse reencontrado.

SONIA: “Tengo esa fortaleza por mi familia”

Hace apenas dos meses que Sonia vio partir a Pablo Martínez, quien fue su esposo por 61 años y era considerado la columna vertebral de la familia. Lleva vivas las memorias de su matrimonio, con una gran historia que tiene suficiente trama como para hacerla parte del guion de una película.

Con un esposo anticastrista y que formaba parte de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), lograron respectivamente una salida abrupta de su natal Cuba. Fue Puerto Rico la tierra que abrió sus brazos para comenzar desde cero, con dos hijas pequeñas en aquel momento y echar raíces.

“Fue una relación basada en el respeto, él sentía adoración por mí, que era demasiado. Me amaba y me ama todavía”, expresó Sonia, mientras su amiga Mary Jo le secundó en clara señal de que su amado aún lo hace con ella. Uno de los eventos que le ha causado paz fue el haber logrado casarse hace un año con don Pablo por la iglesia católica, acto que les había resultado casi imposible y que se concretó tras la nulidad de un efímero matrimonio que su esposo tuvo en Cuba.

Con relación a esta etapa incipiente de la viudez, la madre de Sony, Beby, Lisy y Betty dice sentirse “no como un barco sin rumbo, pero es fuerte”, mientras recuerda con alegría el “día de pedicura” que solían hacer entre todos para compartir y enterarse de lo concerniente a sus hijas.

La mujer, sobreviviente de cáncer de seno, se autodescribe como honesta, sincera, embelequera y muy selectiva con sus amistades. Ha continuado dándolo todo por su familia y permanecer unidos. “Soy bien fuerte, no de carácter. Tengo esa fortaleza por mi familia. Soy de las que prefiero decirle una mentirita blanca a mis hijas con tal de que no sufran”, afirma la mujer de 81 años al asegurar que le faltan cosas por hacer. Al mencionarlas se le quiebra la voz. “Anhelo ver a mi nieta celebrar sus 15 años”, manifestó sobre Paulina, quien actualmente cursa el quinto grado.

Por sus vivencias y necesidades en su tierra natal, Sonia no pierde la oportunidad para dar, hacer fiestas, y tener su hogar como punto de encuentro. Este ha sido siempre “el centro de comando”, según sus hijas, de donde las personas de la comunidad que les visitaban salían siempre con un plato de comida o una libra de pan.

La amorosa abuela de 9 nietos y 3 bisnietos, de su padre heredó la simpatía y la honestidad, mientras que, de su madre, el bordar y crear con sus manos.

Se va acostumbrando a su nueva vida en unión a sus hijas, en la que disfruta ir de shopping y a la iglesia.

MARY JO: “Mi labor diaria, ser una mejor persona cada día”

“Mi fuerza viene de lo alto”, dijo de manera contundente Mary Jo en referencia a que es fiel creyente de que Dios está presente en todo lo que compone su vida y la de quienes les rodea. “Desde los 26 años he pasado diversas situaciones difíciles, pero me levanto y sigo”, añadió.

Es inevitable no mencionar a su amado “Frankie” —como le llamaba a Francisco Rivera— en medio de la tertulia, quien fue su esposo por 27 años. “Llegó a mi vida como si fuera un ángel para mí y mis hijas. Era un hombre humilde, que no tenía nada para él. Le decíamos que él era la palabra amor”, recordó, así como trae el suceso de su súbita muerte hace año y medio, a sus 62 años.

Esta enérgica mujer, de voz pausada y agradable, ha tomado este tiempo de vivir sola como uno de crecimiento y sanar, en donde pone de manifiesto sus diversas habilidades, tales como: pintar en acrílico, coser, bordar, hacer faldellines y ropa de bebé a mano. “Me ha ayudado muchísimo, es tremendo. Cuando llega la musa, suelto lo que estoy haciendo y pinto, por ejemplo”, relató la madre de Mariezer y Dahra.

“Creo que soy amorosa, me gusta mucho amar. La mejor herencia que me dejó mi mamá y mi papá fue el amor, el respeto y el hacer voluntariado”, dijo la dama de 67 años, quien estuvo como voluntaria ofreciendo cursos de cocina internacional por nueve años y dos impartiendo clases de bordados y costura, en Extensión Agrícola. Una experiencia como esta le llenó de gran satisfacción.

Aunque siente que aún le faltan muchas cosas por hacer, como volver a estudiar, por el momento está enfocada en la recuperación de una de sus hijas y una de sus hermanas, quienes atraviesan condiciones delicadas de salud y anhela verlas en sanidad.

Para las diferentes situaciones que ha atravesado durante su vida, resalta el amor e incondicionalidad de su familia, así como de Esther y Tati; esas hermanas que no son de sangre, pero que la vida le ha regalado. Asimismo, cuenta con el apoyo de un grupo de amigas denominas como “Las Rebeldes”, con quienes disfruta coser, viajar y conversar.

Toda su vida se mantuvo trabajando. Aunque había estudiado terapia ocupacional, así como un bachillerato en Biología, laboró como propagandista médico. Ahora y siempre, su labor diaria se basa en ser una mejor persona cada día.

Lo que te sale del corazón es lo que tú das a tus hijos. Era importante dejarles lo mejor de mí. Me gustaría que mis nietos fueran unas personas bien seguras, que nada de lo que les rodea les haga tambalear en sus valores y en lo moral. Que sean personas decentes, sencillos y humildes como mis padres, quienes eran serviciales, y sacrificados”, dijo la orgullosa abuela de Marco Francisco, Mauricio, Mateo, Adriana, Andrea y Francisco Antonio, a quienes “amo intensamente”, concluye.

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