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Impulso sexual excesivo

El amargo placer de la hipersexualidad

Conoce los riesgos físicos y mentales que este trastorno causa y cómo puedes frenarlo

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La hipersexualidad es más común de lo que pensamos y afecta por igual a hombres y mujeres. (Shutterstock)
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Posiblemente has escuchado sobre la alegada adicción al sexo de algunas celebridades. Entre ellas, Michael Douglas, Lindsay Lohan, Robert Downey Jr. y Tiger Woods. Pero no se trata de un trastorno que solo afecta a ricos y famosos. Es una situación bastante común en la población, pero no se habla mucho de ello. Está tan extendido que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera un problema grave de salud física y mental. Y la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5, lo define como hipersexualidad o “impulso sexual excesivo”, caracterizado por el aumento en la frecuencia, intensidad de fantasías, excitación y conductas sexuales asociadas con impulsividad, que provocan malestar significativo, deterioro social u ocupacional.

Mientras que el National Council on Sexual Addiction and Compulsivity (NCSAC), señala que la adicción sexual puede involucrar una amplia variedad de prácticas. Además, puede ocurrir junto con otras adicciones o junto con otros desórdenes psicológicos.

“Un gran número de adictos al sexo dice que su enfermizo uso de la sexualidad fue un proceso progresivo. Pudo haber comenzado con una adicción a la masturbación, pornografía, a una o varias relaciones o a una serie de encuentros casuales de una noche. Pero con los años, el comportamiento crece hacia una conducta más peligrosa”, agregan los expertos de NCSAC.

Ciertamente, el sexo es una actividad natural y placentera para todo ser humano. Pero pierde esa característica cuando se convierte en una obsesión y comienza a controlar la vida de la persona en lugar de enriquecerla, advierte la doctora Alicia Fernández, perito en abuso sexual y presidenta del Instituto Sexológico, Educativo y Psicológico de Puerto Rico.

“Se reconoce como hipersexualidad cualquier comportamiento repetitivo donde la persona tiene la imposibilidad de resistir el impulso de realizar ese tipo de conducta”, agrega la sexóloga.

Un tipo de conducta que se da en Puerto Rico de la misma forma que en otros países, afirma Fernández. Especialmente, porque se debe tener en cuenta que vivimos en un país en el que, aunque se está dialogando más sobre el tema de la sexualidad, queda mucho camino por recorrer, agrega la terapeuta.

“Todavía, culturalmente, impera mucho la idea de que el varón siempre tiene que estar dispuesto para la sexualidad, mientras que la mujer tiene que satisfacer a su hombre”, expone la terapeuta.

Pero la sexóloga resalta la poca o ninguna educación sexual que los niños reciben en las escuelas y el temor a hablar sobre el tema en los hogares. “Lo que promueve que no se desarrolle ese juicio discriminatorio necesario entre lo que es correcto o no de la sexualidad”, enfatiza Fernández, quien dice que en nuestra sociedad “se dan tres pasos hacia adelante y veinte para atrás”.

Trastorno común

Según la especialista en sexualidad humana y terapia de pareja, Ivelisse Cintrón, la hipersexualidad es más común de lo que pensamos y afecta por igual a hombres y mujeres.

“Pero uno de los problemas es que son muy pocos los que deciden buscar ayuda y tratamiento. Muchos no lo hacen por temor a que la familia y las amistades se enteren”, agrega la terapista, quien cree que vivimos en una sociedad en la que todavía la sexualidad es tabú. Lo que, a su juicio, promueve que las personas busquen experimentar con conductas sexuales que pueden ser perjudiciales.

“La hipersexualidad o adicción sexual es dañina a la salud del ser humano porque, al igual que un adicto a drogas, no puede contener los deseos o las ganas de tener sexo”, señala Cintrón. Además, destaca que practican diferentes tipos de parafilias (patrones del comportamiento sexual en los que la fuente predominante del placer no se encuentra en la relación sexual como tal, sino en alguna otra actividad u objeto).

“Uno de los síntomas clásicos que puede comenzar a presentar una persona, es el uso de pornografía a través de internet. Cabe recalcar que esto puede comenzar desde edades tempranas. Y uno de los problemas es que los papás estamos dejando que las redes sociales eduquen a los hijos sobre la sexualidad tan temprano como a los 12 o 13 años”, advierte Cintrón.

También pone el ejemplo de las redes sociales donde se contactan desconocidos para tener relaciones sexuales fortuitas, lo que puede conducir a una conducta que conlleva unos riesgos físicos y de salud, tanto de enfermedades de trasmisión sexual, como de integridad física.

“Además, algunos de estos adictos al sexo, terminan violentando la integridad sexual de otras personas para satisfacer sus necesidades”, advierte Cintrón.

Cabe resaltar, sin embargo, que una persona puede tener un deseo sexual mayor de lo que muchos consideran normal y, aun así, no ser adicta al sexo, aclara la doctora Fernández.

 “Puede darse el caso de, por ejemplo, el hombre que quiere tener sexo todos los días, pero la mujer preferiría que fuera solo tres veces a la semana. Entonces deben encontrar un punto medio y que ambos se sientan bien. Pero eso no quiere decir que sea hipersexual”, explica Fernández.

Freno a la conducta

El comportamiento del adicto al sexo puede provocar mucho estrés, bajo control de los impulsos y emociones, sentimientos de culpa y una confusa percepción de lo que es bueno o malo, mucho o poco. También se menciona irritabilidad, náuseas, insomnio o ansiedad, lo que también puede desencadenar una depresión severa. De ahí la importancia de buscar ayuda, tanto de un terapista sexual como de un psicólogo o psiquiatra, recomiendan ambas entrevistadas.

Una conducta, que según dice Cintrón, es importante ponerle algún freno. Pero indica que no se puede trazar o recomendar una terapia específica porque el tratamiento debe ser individual, según el tipo de trauma que causó la conducta.

“Este trastorno puede provocarlo una violación en la niñez, haber sido víctima de toques por algún adulto o haber estado expuesto a actividades relacionadas con la sexualidad”, indica Cintrón.

 De hecho, ambas profesionales están de acuerdo en que hay tratamiento efectivo. Pero, según sea el caso, se necesita psicoterapia o una atención multidisciplinaria, en la que también puede estar presente el uso de fármacos. Sobre todo, coinciden, hay que reeducar las costumbres para vincular el sexo con los sentimientos.

Para lograrlo, la doctora Fernández también menciona posibles tratamientos que pueden ser de mucha ayuda, como la terapia cognitiva conductual, técnicas de autocontrol, sensibilización y reacondicionamiento, manejo de trauma en la niñez, tratamiento de adicción de 12 pasos y terapia de pareja, entre otros.

Algunas señales

- Solo te importa tu satisfacción.

- Piensas en tener sexo constantemente.

- Tratas de parar tu comportamiento y no tienes éxito.

- Experimentas sensaciones de vacío y sufrimiento tras cada relación sexual.

- Usas el sexo para escaparte de los problemas, de la ansiedad y de la soledad.

- Frecuentemente buscas experiencias más intensas que te dejan grandes vacíos.

- No te parece suficiente enamorarte de otra persona; eso no frena tu atracción sexual hacia otras.

- Presentas excusas paraliberarte de responsabilidades o buscas el tiempo para satisfacer tus impulsos sexuales.

- Inviertes gran cantidad de tiempo durante el día en observar pornografía o en masturbarte.

- Tienes conductas de riesgo que te podrían llevar a contagiarte con una enfermedad de trasmisión sexual, embarazo no deseado, VIH o ponerte en riesgo de problemas legales.

- Intentas atraer intensidad y entusiasmo a tu vida a través del sexo.

- Sufriste abuso sexual infantil.

- Aunque consigues el amor de otra persona, nunca te parece suficiente y no puedes frenar tu atracción sexual por otras personas.

- Intentas encubrir tus demandas de dependencia, te aíslas de tus seres queridos y traicionas tus valores.

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