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El poder de un maestro

Las palabras del maestro pueden transformar la vida de un estudiante

Los expertos en educación coinciden en que lo que dice o hace el maestro adelanta, retrasa o impide el talento de un niño

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El maestro es un referente de modelaje para sus estudiantes. (Shutterstock)
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Hay algo mágico en las historias de los tesoros que arrecian el ensueño de ir a su encuentro.

Quimera… realidad para otros. Lo cierto es que hay tantas y tantas anécdotas que relatan cómo —ilusionados— hay quienes se rinden ante la idea de la existencia del bien escondido con el que, por fin, cambiarán sus vidas.

Sí, los tesoros —comúnmente— hay que buscarlos. Pero, ¿te imaginas encontrar uno en tu propio hogar? Que sin mucho esfuerzo, esté ahí… presente, con la encomienda de hacer algo por ti y que, para hacer el hallazgo más asombroso, lo haga apasionadamente.

Esto es lo que ha vivido Puerto Rico. "El encuentro" con uno de sus más preciados tesoros —Lin-Manuel Miranda— ha generado una felicidad contagiosa, el deseo de cambio, el ansia por recuperarnos más rápido, continuar siendo: la Isla del Encanto.

Es mucho lo que sabemos sobre el artista de padres puertorriqueños y cómo, a través de su historia, ha aprovechado las oportunidades de la vida. Una de ellas fue reseñada por este diario. En el artículo titulado Lin-Manuel Miranda no logra contener las lágrimas con mensaje de maestro que le cambió la vida, el artista cuenta cuáles fueron las palabras que lo impulsaron al mundo del teatro.

“Escribí un musical en lugar de hacer la asignación para su clase. Él [el doctor Rembert Herbert] dijo, 'puedes ser bueno en esto y deberías dejar de hibernar en mi clase y deberías hacer esto'”, contó Miranda.

El galardonado compositor explicó que Herbert, su maestro de inglés de octavo grado en Hunter College High School, en Nueva York, lo “empujó en la dirección” del mundo de las artes, al impulsarlo a participar en el club de teatro de estudiantes de escuela.

“Él prácticamente cambió mi vida para siempre con eso”, añadió.

Toda nuestra infancia hasta nuestra vida adulta está enmarcada en nuestra formación educativa; primero con el maestro, luego con el profesor o catedrático.

Son, para muchos, más de dos décadas y miles de horas en contacto directo con quienes tienen la facultad de enseñar.

Palabras sabias

Por más de 30 años, Luz del Alba Santana Samó fue maestra de Arte, Español y Periodismo del Departamento de Educación.

Es negra, con una madre y hermanas blancas. Criada en un residencial "en una época en que el racismo estaba en todo su apogeo". Sin embargo, "mi madre me decía que había que mantenerse motivado y enfocado. Que en la vida iba a encontrarme con personas que, con una palabra pequeñita o un gesto simple, podían hacer que no creyera en mí y que no alcanzara todas las metas que me propusiera’’, recuerda.

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Luz Del Alba Santana Samó, recientemente retirada del magisterio, hizo de su trabajo una vocación de vida.

Las palabras sabias hicieron eco en su vida, como cuando su mamá también le decía que "la esencia de todo estudiante es tener siempre la ilusión de ser mejor" o las de Julia Morales, su maestra de primer a tercer grado en la Escuela José Nieves, en Cataño.

Julia — "Nena tú hablas mucho, yo creo que tú vas a ser maestra en el futuro".

Luz — "Yo quiero ser periodista".

Julia —  "Pues combina las dos cosas… sé lo que tú quieras ser, pero sé lo que te apasiona ser y hazlo bien".

"Me enseñó lo que era respetar, amar y valorizar a una persona", relata Samó, como las personas la conocen.

Estas palabras fueron la chispa que definió su vocación. "Yo sí voy a ser maestra y voy a lograr todo lo que yo quiera. Quiero que todo lo que yo aprendí, que mis niños también lo aprendan. Que sean estudiantes amados, valorizados. Sí quiero que aprendan de mi materia, pero que ellos aprendan a amar, a respetar, a tener valores, a ser honestos. Que aprendan cómo enfrentar la vida. Que si, por ejemplo, no tiene pega, pero tiene harina blanca y agua, con eso puede hacer pega; que si no tiene cartulina, como le pasó a un estudiante, pero tenía varios pedazos de papel de construcción blanco, los pegó todos hasta formar una cartulina e hizo el trabajo. Que puedan desarrollarse en la vida, que aprendan a vivir la vida’’.

Apenas en primer grado, más palabras de la maestra Julia Morales quedaron grabadas en su mente. ''Ella repetía las palabras de Platón: Nunca desmotives a alguien que está progresando por muy despacio que vaya. En mi carrera como maestra, ese siempre fue mi foco. Hay estudiantes que van a ser más talentosos que otros, unos que van a entender más que otros, pero lo importante no es que sean más rapidos o no, sino el proceso. Si lo hizo rapidito y lo hizo bien, qué bueno lo felicito; pero, al que va más lento, yo lo acompaño en el proceso''.

Mientras Samó continúa relatando sus experiencias, me la imagino de niña en el salón de clases absorta ante el descubrimiento de su gran tesoro, esas enseñanzas irradiantes de la tan enigmática maestra: ‘’Quiero que aprendan algo siempre; ustedes no son una nota, ustedes no se llamen ‘estofones’, no, ustedes son estudiantes que estan aquí pasando por un proceso y, en ese proceso, nosotros vamos a ir alcanzando metas y esas metas se van a convertir en logros y esos logros se van a convertir en triunfos y en aprendizaje’’.

‘’Yo lo tomé como tan cierto, que lo practiqué siempre’’, afirma Luz.

La estudiante que validó su vocación

En el 2002, Luz llegó a la escuela Jesús Sánchez Erazo para enseñar Arte. Cualquier esquina en el piso era su salón, pues no tenía uno asignado. En uno de sus grupos de estudiantes, estaba Raixa Rentas. Con actitud desafiante —producto de esas situaciones existenciales que duelen y mucho— Raixa dejó claro que no tenía interés en la materia, en la escuela, y que era la ''títera''.

''Le dije, a ti no te va a gustar mucho la clase porque no te gusta dibujar ni pintar, pero voy a crear un club de periodismo en la escuela y créeme que eso sí te va a gustar…’’, cuenta Samó.

Raixa seguía en su indomable negación.

''Ya tú verás que te va a gustar’’, le afirmó Luz.

''Esa jovencita comenzó en el club, a esa jovencita le fui enseñando que no importaba lo que dijeran… porque sí era la títera, la grosera y la molestosa de la escuela, aprendiera a tener valor por ella misma, a amarse, a respetarse. Una vez aprendió esto, empezó a tener confianza en mí y en ella misma. Y una vez tú crees, tienes confianza, tu autoestima se eleva, y ya cuando tú sabes que tienes el potencial, te dices: ‘oye, todo el mundo se cree que yo soy un títere, que no sirvo para nada, pero la maestra me dijo que escribiera un artículo, que no importaba las palabras que yo usara, que lo escribiera, que ella creía en mí, que yo lo podía lograr, que cualquier cosa que ella quisiera cambiar que lo pudiéramos consultar. Y esa niña escribió un reportaje que publicó en El Nuevo Día Educador sobre cómo hablaban los jóvenes en los incipientes medios sociales, y fue todo un éxito. Cuando ella [Raixa] vio que se le dio importancia, la gente comenzó a hablar de manera positiva de ella, que sintió esa palmadita en la espalda y palabras como ''lo lograste'', ''pudiste'', ''todo lo aposté en ti y tú lo hiciste, fue tu propio proceso'', ella fue modificando su forma de hablar, su forma de comportarse y, hoy día, esa muchacha está en una iglesia, en un coro que ha grabado varios CD, da charlas, es capellana… Eso es transformar a un estudiante’’, manifiesta orgullosa Samó.

Raixa Rentas recuerda con lujo de detalles cómo fue su encuentro con la maestra Samó. ‘’Al comenzar el octavo grado, tenía que tomar la clase de Arte. El primer día entré al salón, y la maestro preguntó quién era Raixa, dije yo y alzé la mano. Y ella me dijo, quiero que te sientes al lado mío, vas a coger las clase conmigo aquí a mi lado.

Los maestros que ya conocían a Raixa le advirtieron a Samó quién era la estudiante, pero la maestra le dijo a la estudiante, ‘’aunque los maestros me hayan dicho cosas de ti, yo no les creo porque yo sé que tú puedes’’.

‘’Esas palabras me marcaron porque lo que yo recibía de los otros maestros eran regaños, me decían vete para la oficina aquí no te quiero o, desde que llegaba un salón, me decían: no vengas con malas crianzas hoy’’, relata Raixa.

En una de las muchas conversaciones que ya eran costumbre al finalizar cada clase…

Samó — ‘’Sabes una cosa, tú eres líder… yo sé que si pongo algo en tus manos tú lo vas a hacer bien’’.

Raixa — ‘’Por qué tú me dices eso’’.

Samó — ‘’Porque si tú supieras que yo te he estado observando. Cuando yo veo que tú llegas con tu grupo, con tu corillo, tú vas al frente y ellos atrás, y esas son características de un líder’’.

‘Ella fue la primera que me dijo que yo no era seguidora que era líder; siempre recuerdo estas palabras, y, desde entonces, en todo lo que hago tomo las riendas de las situaciones o de las responsabilidades’’.

La paciencia, el interés por su bienestar, por si tenía problemas en la escuela, el trato respetuoso, la oportunidad en el club de periodismo y el apoyo fueron, entre muchas otras cosas que hizo Samó, lo que impulsó a Raixa para cambiar su destino, y así lo hizo…

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La nueva Raixa Rentas es una ''obra de transformación'' de las poderosas palabras de su maestra de Arte.

Porque, ''¿de qué nos vale a nosotros, los maestros, enseñar solamente lo académico sin la parte emocional?’’, cuestiona Somá, quien siente la satisfacción de haber impactado la vida de muchos otros estudiantes.

La formación del maestro

En Puerto Rico, los currículos académicos de los programas de Educación en las universidades principales son evaluados por agencias acreditadoras de Estados Unidos para que cumplan con los estándares de calidad requeridos, en este caso, para la formación de los estudiantes que harán del magisterio su profesión.

Según la doctora Carmen Collazo, decana de la Facultad de Educación de la Universidad Intermericana, en términos generales, los programas en las diversas instituciones educativas locales son similares y preparan a los candidatos con todos los conocimientos, las destrezas y las disposiciones necesarias para ser un docente.

Explica que desde que los estudiantes inician su educación, pasan por un proceso que se denomina inducción. ''Durante los cuatro años que dura el proceso formativo, el futuro maestro participa en cuatro prácticas. Entre primero a segundo año, te dan un ‘’sabor’’ de lo que será la experiencia. En ese primer curso se le solicita al estudiante que visite escuelas y aprecie los contextos, las diferentes culturas y observe esas experiencias que se van dando en las escuelas. Esto, desde nuestra experiencia, le ayuda a reflexionar si verdaderamente eso es lo que quiere. Los que continúan, culminan con la práctica en la que dan clases acompañados de un maestro mentor o maestro cooperador’’.

Aparte de los cursos en los que el estudiante se vincula directamente con las escuelas, el currículo incluye otros relacionados, como por ejemplo, con los fundamentos de la educación, con la psicología de cómo se aprende y la psicología del desarrollo.

Igualmente, el estudiante se expone a teóricos, como el de ‘’Jean Piaget, psicólogo que planteaba que los seres humanos pasamos por diferentes etapas de desarrollo y, por eso, por ejemplo, en las escuelas elementales los procesos de enseñanza son bien concretos y, en intermedia y superior son más abstractos, ya que el desarrollo físico y sicológico está susceptible para entender cosas más complejas’’, dice la decana.

‘’De hecho, muchos de los cursos trabajan con el tema de las inteligencias múltiples. Esto es un término acuñado por Howard Gardner, donde, precisamente, se trata de examinar cómo se puede desarrollar el potencial que tiene cada niño. Obviamente, para desarrollar el potencial de cada niño tienes que reconocer que no todos aprenden de la misma forma. Esta teoría de aprendizaje lo que establece es que en un salón de clases hay diversidad. Así como hablamos de diversidad ética, religiosa, entre otras, también tenemos que hablar de las orientaciones de la mente. Esto lo que dicta es que frente a ti, en un salón de clases, tienes a muchos seres humanos que aprenden de diversas formas…”, indica.

Teorías como esta y como la de John Dewey que plantea que uno aprende haciendo; o la del ‘’maestro de maestros’’, Paulo Freire, quien plantea que en el proceso de enseñanza el maestro tiene que reflexionar y, en esa reflexión en acción, reconocer si, en esa práctica realizada, le llegó a los estudiantes, si impartió el conocimiento de la forma que esperaba y, si fue o no, una buena clase’’, manifiesta la educadora.

Tomando como base su experiencia en la Interamericana, Collazo afirma que ‘’nuestro currículo está pendiente de que el estudiante pueda tener la oportunidad de reflexionar, que sepa que un maestro debe ser empático, motivador, que pueda reforzar lo mejor de cada niño…En nuestro currículo se enfatiza la vocación. Siempre uno tiene que decir que la vocación es lo que te empuja a enseñar no empece los obstáculos. Y tú puedes observar que hay tantos maestros buenos en este país que, por esta vocación, no importan los obstáculos, pueden enseñar, de llegar a los múltiples talentos que tienen frente a sí’’.

Decía Nelson Mandela: La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar al mundo, ‘’y yo digo: el maestro es el arma más poderosa que puede usar la educación para cambiar a un ser humano y darle la oportunidad. Definitivamente, no es solo estar preparado sino que prevalezca ese gusto, esa búsqueda de cómo allegarse al estudiante’’, indica Collazo.

Por otro lado, reconoce que los maestros, ‘’en muchas instancias nos convertimos en modelos. Un maestro pasa muchas horas con un niño y ese maestro se convierte en ‘’alguien’’ para muchos niños que no tienen estructura en la casa, que no tienen los apoyos necesarios. Esto también se habla en los programas de preparación, de la responsabilidad que vas a asumir una vez estés frente a un grupo. Así que el currículo le permite al estudiante examinarse de modo que entienda y tome conciencia de esa responsabilidad’’.

Sensibilizar al futuro maestro es también la misión del currículo. ‘’Una de las cosas que siempre digo es que el maestro puede adelantar el talento de un niño, lo puede retrasar o lo puede impedir; eso es una gran responsabilidad’’, advierte.

La columna, titulada ‘’Cómo un profesor puede cambiar la vida de sus alumnos’’  de la psicóloga Rebeca Recio, publicada en la versión en línea de El Confidencial, indica que la relación entre profesor y alumno es un vínculo potencialmente inspirador que puede orientar, reforzar y sacar lo mejor de cada niño. Son muchos los profesores que conocen del papel tan importante que ocupan en la vida de sus alumnos y actúan desde el privilegio y la responsabilidad que supone.

Menciona, además, que diferentes estudios, como el realizado en 2000 por Howes, Phillipsen y Peisner-Feinberg, muestran que la calidad de las interacciones que establecen los niños con los primeros profesores influyen sobre las relaciones que establan con los profesores de cursos posteriores. 

Asimismo, la doctora Collazo cita una encuesta publicada en el website de Universia que preguntó a 2,000 personas quién era la persona más influyente en su vida, a lo que el 58 por ciento indicó que eran los maestros en las escuelas primarias.

En la formación académica de un educador, ser un agente de cambio es fundamental. ‘’No solo cambia el conocimiento curricular del estudiante, sino que va influyendo en su conducta diaria, en la solución de problemas, en la toma de decisiones; en la forma y manera en que el estudiante se ve a sí mismo, adquiere el conocimiento y enfrenta su rol en la vida’’, explica la consejera escolar y de familia, Milagros Rivera Pagán, quien también es recurso de A+ Education & Consulting Solutions.

Rivera sostiene que las palabras dan forma a los pensamientos que pueden modificar el futuro de un estudiante. ''La convicción y el ejemplo con los que se hace el comentario desarrolla la respuesta al problema y crea la capacidad de tomar decisiones; pueden cambiar una realidad fortaleciendo los valores personales y el sentido de la vida. No es solo lo que se dice, sino cómo lo decimos y cómo lo interpreta el estudiante. Las palabras deben ser reales y dichas con toda la emoción, creadas en el momento, no debe ser cliché o invento para motivar. Cuando el estudiante hace algo positivo se refuerza y, cuando hace algo fuera de contexto, se analiza y se lleva a otro nivel de pensamiento creando alternativas de solución adecuadas a su nivel. Hay que fomentar la instrospeccion de acuerdo con la capacidad del estudiante para que desarrolle la madurez requerida para lidiar con las situaciones de la vida’’.

Los estudiantes no son buenos ni malos, ''es el maestro quien va construyendo su conocimiento y aptitud para afrontar el desafío de la vida. Somos los primeros profesionales que identificamos las posibilidades del estudiante y tenemos la responsabilidad de encausar su mejor bienestar. Cada estudiante es único. Aprende de diferente manera y nos compete a los maestros lograr que cada uno alcance el objetivo, creando estrategias según el nivel de cada uno. El mejor consejo es el ejemplo que brindamos. Seamos consistentes, reales y llevemos nuestra vocación al éxito de cada uno de ellos’’, destaca Rivera Pagán

Qué más puede hacer el maestro que desee impactar la vida de un estudiante

  • Utiliza el refuerzo positivo.
  • Ofrece retroalimentacion para mejorar el conocimiento y la conducta.
  • Adapta las necesidades del estudiante de acuerdo con el tema a tratar.
  • Mantén objetivos alcanzables según la madurez y la y capacidad del estudiante.
  • Relaciona las experiencias con el aprendizaje.
  • Usa la imaginación, la creatividad y la curiosidad.
  • Crea y da responsabilidad por sus actos y tareas.
  • Enséñalos a creer en ellos mismos y a cambiar cuando sea necesario.

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