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Sigue los consejos

Maneja la ansiedad ante la posibilidad del paso de un fenómeno atmosférico

Después de un evento como el del huracán María y todo lo que se vivió en términos de la falta de electricidad, agua, gasolina y alimentos, es normal que la personas sientan ansiedad ante la posibilidad de que esto se repita

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Estar preparado con lo necesario da la confianza de que se tiene un plan y se está listo para enfrentar esa adversidad. (Archivo de GFR Media)
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En momentos en que la tormenta tropical Dorian continúa su trayectoria hacia el Caribe y que según el más reciente pronóstico estaría pasando el miércoles a unas 50 millas del sur de la isla, no es de extrañar que los niveles de ansiedad en el pueblo aumenten.

Después de un evento como el del huracán María y todo lo que se vivió en términos de la falta de electricidad, agua, gasolina y alimentos, es normal que la personas sientan ansiedad ante la posibilidad de que esto se repita.

“Cuando se habla de la posibilidad de que otro evento atmosférico llegue a la isla, el cerebro automáticamente regresa a eso que fue la última experiencia, y si fue una catastrófica -como los huracanes Irma y María- el cerebro alerta de algo anda mal y no quieres volver a eso”, indica la psicóloga Silma Quiñones, al explicar que el cerebro activa ciertas señales de peligro para protegernos, que son aquellas que nos producen mucha ansiedad.

Taquicardia, respiración corta, falta de concentración, manos temblorosas, irritabilidad, problemas al dormir son algunos de los síntomas que las personas pueden experimentar. Quienes se afectan emocionalmente ante la aparición y cercanía de un fenómeno atmosférico, les produce mucha angustia y suelen quejarse de dolor de pecho, dolores de cabeza, se les afecta la digestión y hay quienes pierden el apetito. No obstante, aprender a manejarlos con premura podría ayudar a evitar complicaciones.

“Cuando no manejamos bien la ansiedad se afecta la toma de decisiones, no aprovechamos la energía que tenemos disponible para hacer lo que nos corresponde, nos desorganizamos, nos distraemos y no hacemos lo que tenemos que hacer ante la preparación que requiere eventos como este. Nos produce un estado alterado en el que no estamos funcionando de la mejor manera posible”, informa Quiñones, quien es presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

La psicóloga recalca que lo que la mayoría puede estar viviendo es una reacción normal a algo que fue difícil, que nos produjo mucho miedo, que nos retó en términos de nuestra capacidad de aguantar la incomodidad, la frustración, las largas filas, el calor, los mosquitos y todo aquello que fue parte de una realidad difícil.

“Cada vez que esto pasa, se graba con unos detalles de lo que más les ha afectado. Para algunos fue la falta de electricidad, para otros la muerte de sus seres queridos, cada quien lo grabó a su manera. La realidad es que todo el sistema se activa particularmente por los pensamientos y las imágenes que nos recuerdan constantemente que eso que vivimos con María fue terrible”, añade mientras aclara que esto no significa padecer del Trastorno Estrés Post Traumático (PTSD, en inglés), el cual es un síndrome que representa una afectación o problemática más severa.

Algunos consejos
Quiñones enfatiza lo importante que es practicar estrategias para bajar los niveles de ansiedad. La más importante es trabajar con la respiración lenta y profundamente por un periodo largo de tiempo, hasta que baje la ansiedad. Esto es vital para desactivar el sistema que te lleva a sentir taquicardia y sudoración, entre otras reacciones físicas y biológicas.

Asimismo, exhorta a detener los pensamientos extremos que te llevan a creer que esta situación no la vas a poder sobrellevar. “Los que quedamos todavía sabemos que podemos sobrevivir a un evento tan catastrófico como lo fue María. Hay que decirle al cerebro ‘es malo, pero no es el fin del mundo’. Y es que cuando se activa este sistema, el cerebro cree que es el fin del mundo. Tengo que decirle al cerebro que voy a hacer fila, que me tengo que preparar y que tengo que tener abastecimientos de agua, además de hacer ese ejercicio de qué específicamente fue lo terrible y cuál es la alternativa para evitarlo en la medida que sea posible.

Un tercer consejo es volverse experto en el manejo de los embates provocado por tormentas, huracanes y desastres de la naturaleza. En la medida en que todos los años la ciudadanía esté expuesta, tiene la oportunidad de practicar y hacerse expertos. Incluso, señala que ya hay ciudadanos que lo viven de este modo, pues el estar preparados de manera adecuada, les da la confianza de que tienen un plan y están listo para enfrentar esa adversidad.

Los más vulnerables
Hay gente que ha quedado muy afectada por los pasados eventos antes mencionados ,así como por otros más críticos en su vida, por lo que tienden a estar más vulnerables. Tienden a reaccionar con más ansiedad y necesitan ayuda, por lo que la recomendación de la psicóloga es atenderse con anticipación y retomar sus tratamientos.

“Si sabes que la ansiedad te arropa y no logras manejarla, este es el momento. Si abandonaste el tratamiento que estabas recibiendo, este es el momento de volverlo a iniciar. Si sabes que necesitas ayuda en términos de que si te medicaron, estuviste en sesiones con psicólogo, recibiste ayuda de alguna agencia, no esperes a que la ansiedad la tengas por las nubes. La ansiedad como mejor se maneja es cuando está empezando, no cuando está encampaná”, enfatiza Quiñones al resaltar que típicamente hay personas que cuando sienten que mejoran, abandonan el tratamiento.

El llamado es volver a hacer las citas correspondientes y traer lo que ha sido un plan de mejoramiento, ponerlo al día y llevar esa ayuda de la mano sin esperar a que surja otro evento para entonces acudir a buscar ayuda.

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Atención a los niños

En el caso de los niños, la situación puede tornarse más complicada, ya que la manera en que se debe manejar la información a esta población es distinta, particularmente dependiendo de su edad. Siendo los niños una población tan vulnerable en eventos atmosféricos, es importante que los padres dialoguen con sus hijos y se proyecten ante estos como la figura que le brindará
protección y seguridad a nivel físico y emocional.

“Abrace a su hijo, y en tono pausado denote control de la situación que está ocurriendo, dígale que lo cuidará. Intégrelo en el plan de emergencias familiar, hágalo parte del proceso de preparación. Evite exponerlo a imágenes fuertes sobre eventos atmosféricos, particularmente si son menores de cinco años, ya que no comprendería y se asustaría aún más.
En el caso de que el niño sea mayor de esa edad, explíquele brevemente y de una manera natural qué son las
tormentas o huracanes y aspectos elementales sobre la lluvia, el viento y el derrumbe de árboles que
ocasionará. También, sobre la posible avería en el sistema eléctrico, agua, teléfono, entre otros servicios. De
esta manera, el menor está preparado en el momento en que suceda”, informó Suzanne Roig Fuertes, administradora de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA).

Otros consejos provistos por la titular de ASSMCA son el planificar un plan de contingencia familiar que incluya
el abastecimiento de alimentos imperecederos y artículos de primera necesidad, así como mantener
suministro de sus medicamentos para darle continuidad a su tratamiento por alguna condición de salud. De
igual forma, compartir con los miembros de la familia actividades pasivas-recreativas, principalmente juegos
de mesa, que sirvan de esparcimiento a cada uno de sus integrantes durante el azote del huracán.

Si sientes que no estás preparado emocionalmente para manejar la ansiedad y otros sentimientos, llama de inmediato a la Línea PAS al 1-800-981-0023. Esta línea está disponible 24 horas al día, los 7 días de la semana y es libre de costo. Expertos de la conducta humana podrán brindarte consejos de gran utilidad que te ayudarán.

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