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Piensa positivo

Nuestros pensamientos pueden ser nuestros salvadores o peores enemigos

Si tiendes a ser pesimista, no tienes razón para desesperarte, aprender habilidades de pensamiento positivo es posible

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Permite un tiempo adecuado en tu día para comprar, preparar y comer alimentos saludables. (Shutterstock)
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¿Cuántas veces has sentido el deseo de llevar a cabo una acción, pero, cuando llega el momento, buscas pensamientos y excusas para posponerla o no hacer nada?

En ocasiones, es posible que sobrelleves esos pensamientos y sigas con los planes y, en otras, es tanta la presión que te pones a ti mismo, que decides cancelarlos.

Este tipo de situación podría ocurrir en cualquier momento, pero resulta sumamente evidente cuando te decides ponerte a dieta o comenzar con ejercicios para rebajar. De hecho, según la Clínica Mayo “algunos estudios demuestran que los rasgos de la personalidad como el optimismo y el pesimismo pueden afectar numerosas áreas de la salud y el bienestar. El pensamiento positivo que suele acompañar al optimismo es una parte clave del manejo eficaz del estrés. Y el manejo eficaz del estrés se asocia con muchos beneficios para la salud”.

La mejor noticia es que, si tiendes a ser pesimista, no tienes razón para desesperarte, aprender habilidades de pensamiento positivo es posible.

Existen varios ejercicios o cambios de rutina que podrían ayudarte a tener mejor control de tus pensamientos y de tus metas, ya sean rebajar, cambiar estilos de vida o comenzar a trabajar con tu cuerpo. Por ejemplo, estos son algunas técnicas sugeridas por el International Journal of Obesity y publicadas en el UN News.

Cambia tus metas. El perder peso debería ser el resultado de tu trabajo, pero no la meta principal. Mejor que eso, ponte metas más pequeñas y que puedas tener el control. Por ejemplo, una meta podría ser “voy a dormir ocho horas al día” o “voy a merendar frutas los próximos tres días”.

Respira. Toma varios minutos antes de comenzar a ejercitarte o al inicio del día, para bajar las revoluciones y enfocarte en tu respiración. Esto puede conectarte con tus intenciones, con tu cuerpo y bajar los niveles de estrés. Acuéstate boca arriba en el suelo y pon una de tus manos en el estómago y otra sobre tu pecho. Inhala aire por la nariz por cuatro segundos, aguanta el aire por dos segundos, y luego bótalo por la boca por seis segundos. Con cada respiración, la mano que está en el estómago debe ser la única que se levanta.

Elimina el calendario. No estés pendiente a fechas o metas en el calendario. Vive día a día y concéntrate en alcanzar las metas durante esas 24 horas.

Identifica tus pensamientos conflictivos. Si al mirarte en el espejo o cuando tienes antojos te llegan a la mente pensamientos que no son beneficiosos para ti, di en voz alta “basta”. Esta acción te ayudará a romper con la cadena de pensamientos negativos y te dará la oportunidad de adentrar uno positivo.

No te pares en la báscula. Pesarte todos los días podría provocar un estrés innecesario. Se recomienda pesarse una vez a la semana, el mismo día y a la misma hora, de manera que puedas ver un cambio real en tu peso.

Háblate como si fueras tu amigo. Al igual que no le decimos a nuestros amigos comentarios catastróficos sobre su apariencia, debes hacer lo mismo contigo, háblate con respeto y compasión.

Enfócate en lo que puedes alcanzar. Si nunca has hecho ejercicios o nunca has corrido en tu vida, no pretendas que puedes estar 30 minutos corridos corriendo. En cambio, decide comenzar corriendo distancias cortas y luego ve incrementando el tiempo. Esto es igual en cualquier tipo de ejercicio que decidas hacer.

Según la revista Psychology Today son varias las estrategias que pueden usar llevar a cabo para que tu dieta o tus planes para comenzar a hacer ejercicios sean efectivos.

Planifícate. Permite un tiempo adecuado en tu día para comprar, preparar y comer alimentos saludables. Usa una alarma si es necesario para que no te quedes pegado mirando televisión o trabajando en la computadora.

Llena tu alacena de meriendas saludables. Encuentra unas que tengan texturas y sabores agradables. Beber una taza de té caliente con tu merienda a mitad de tarde, puede hacer que te sientas más satisfecho. Intenta controlar tus antojos de azúcar.

Pide ayuda a familiares y amigos. Idealmente, trabajar junto con ellos para perder peso significa que pueden apoyarse mutuamente, y ayudar a mantener el rumbo correcto.

Permanece "en el momento"mientras comes. Evita comer mientras trabajas en la computadora o mientras conduces, o realizar múltiples tareas mientras comes. Concéntrate en la experiencia de comer, en los sabores y en las texturas que sientes, lo satisfactoria que es la comida y lo que se siente tener hambre o estar lleno.

Recuerda tu meta de bajar de peso todos los días. Puedes pegar una imagen de una versión más delgada de ti en tu escritorio, o escribir tus razones para perder peso en una tarjeta que tengas contigo y veas al menos una vez al día.

No caigas preso de tuspensamientos. Recompénsate ocasionalmente con una merienda adicional o un postre pequeño. Si tienes un mal día, no lo uses como excusa para dejar tu dieta durante una semana. Recuerda volver a lo que estabas haciendo lo más rápido posible.

Háblate y di: "Puedo hacerlo. Si tienes pensamientos negativos, comienza a pensar en otras situaciones en las que aprendiste con éxito un nuevo comportamiento. Visualízate resistiendo la tentación para mantenerte motivado.

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