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Puede que no

Paz interior ¿Difícil de alcanzar?

Se trata de una aspiración universal, que se nos escapa de las manos por pensamientos o actitudes, fácilmente detectables, que nos resistimos a abandonar

  • Por Agencia EFE
  • 11 NOV. 2018 - 02:00 AM
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Aunque tengamos la razón, no podemos aferrarnos a ella como la única verdad. (Shutterstock)
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Tener la razón y aferrarnos a ella como nuestra gran verdad, en vez de salir fuera de lo que creemos ser y pensamos que tenemos que defender, puede resultar uno de los principales obstáculos. También el ego, la vergüenza o la culpa.

La mente es como una grabadora que repite pensamientos sin parar y “el 80% de estos pensamientos son negativos” y “corroboran nuestros profundos miedos”, dice la coach Alejandra Llamas y autora de su nuevo libro Libérate.

Por eso defiende que la liberación aparece cuando reconocemos que no somos la voz de la mente. También afirma que, aunque tengamos la razón, no podemos aferrarnos a ella como la única verdad. “A nivel muy profundo defendemos nuestras ideas por muchas razones, porque sentimos que nos dan identidad, sentimos que es nuestra historia. Sentimos que desde una posición social y moral tenemos la razón. Nuestra personalidad está asentada en nuestras ideas, en nuestros prejuicios, y no nos reconocemos a nosotros fuera de esa identidad”, explica.

En su opinión, el hecho de que alguien venga de fuera y cuestione “nuestra razón” lo vivimos “como una amenaza a nuestra propia existencia, y entonces la defendemos de manera celosa y nos cerramos a nuevas propuestas”.

La realidad es dura

“Pensamos: sí, suenan bien, pero no se ajustan a la realidad. La realidad es dura. Hay que salir, hay que luchar con la vida y eso otro está bien pero racionalmente no funciona, esto no me sirve. Estamos obsesionados por defender nuestra postura, pero no somos capaces de ver que protegerlas nos causa dolor y nos aleja de la posibilidad de permitir el amor”, argumenta.
“Piensa en alguna situación de conflicto y reconoce cómo lo que fuerza su sufrimiento es la necesidad de querer tener la razón como tu gran verdad”, sentencia.

Esta falta de flexibilidad se convierte, a su juicio, en un obstáculo en el camino hacia la calma interior, como también lo son la culpa y la vergüenza. 

“Cuando vivimos con vergüenza, encontramos que tenemos pocas posibilidades”. Porque la vergüenza según Llamas, es una corriente constante en nuestras vidas “que delinea nuestra manera de entenderla, que nos lleva a pensar siempre que no importamos, que no somos merecedores”.

La vergüenza, en su opinión, nos hace sentir que hay una falla en nosotros, en cómo somos, y que es irremediable y mina la autoestima, y “muchos vivimos condenándonos a nosotros mismos por nuestros errores” .

Y  la culpa, añade, es prima hermana de la vergüenza. Tiene que ver con el comportamiento: “hice algo malo, me tengo que regañar y tengo que…”.

“La culpa y la vergüenza existen en nuestro lenguaje, creencias, pensamientos, juicios… Y para liberarnos de ambos hay que mirar dentro de nosotros, buscar qué fue lo que impregnó ese diálogo interno…”, afirma.

Explica en su nuevo libro Libérate que en muchas culturas vivimos acostumbrados a identificarnos con nuestras etiquetas (madre, hermanos, nacionalidad, edad, mujer, divorciado, jefe, empleado…). Y cuando dejamos ir  estas  identificaciones del mundo, la conciencia, “lo que somos, nos libera, para vernos desde una perspectiva mayor y así relacionarlos con otros, fuera de los roles y los condicionamientos”.

“Al crear el espacio interior necesario fuera de lo que creemos ser, fuera de cualquier juicio, se presenta la posibilidad de la paz interior”.

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