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Mujeres que se superan

Sanan a través del tejido

El taller Metamorfosis busca mejorar la calidad de vida de una comunidad en Santa Isabel

  • Por Salomé Ramírez Vargas / Especial para Por Dentro
  • 11 AGO. 2019 - 06:00 AM
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El proyecto Metamorfosis ofrece una parte terapéutica y otra de desarrollar microempresarios a través de la artesanía. (Suministradas)
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A orilla del mar Caribe, en el sector de Playita Cortada en Santa Isabel, un spa se transformó en sede de un movimiento comunitario llamado Metamorfosis, que hoy ayuda a decenas de personas de la tercera edad, desempleadas o con movilidad limitada a encontrar un propósito en su vida a través de la artesanía.

Jackeline Pérez Torres y su esposo, Marco A. Colón, son microempresarios puertorriqueños que hace cuatro años decidieron iniciar su propio negocio de cuidado personal. Sin embargo, tiempo después de emprender el proyecto, la pareja identificó en la zona una seria situación de soledad, excesivo tiempo de ocio y desatención entre la población envejeciente, pensionada e incapacitada de la comunidad. Fue entonces que decidieron ampliar su plan original y comenzaron un esfuerzo terapéutico para mitigar esos factores de riesgo que afectaban a estos santaisabelinos.

Luego de mucha lectura Pérez Torres, vio en el tejido beneficios neurológicos importantes para la implementación del taller. Entre otras cosas, ayuda a prevenir el alzhéimer y la demencia, promueve la concentración, ayuda a liberar el estrés y a manejar la ansiedad.

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Inicialmente, comenzó como estudiante y luego se convirtió en a la maestra de las clases de tejer. Al iniciar el proyecto, seis personas asistieron al taller. Hoy, asisten hasta 38 personas entre las edades de seis a 80 años que llegan desde Juana Díaz, Guayama, Salinas, Ponce, Aibonito y Adjuntas. Así, el taller creció.

“Había personas que se habían quedado sin trabajo, pero eran personas que todavía eran productivas. Así que las identificamos y les hicimos el acercamiento. Ellas estaban interesadas en desarrollar el tejido como una microempresa y nos fuimos diversificando, y ahora tenemos las dos vertientes. Tenemos la parte terapéutica y la de desarrollar microempresarios a través de la artesanía”, dijo Pérez Torres.

Metamorfosis hizo entonces una alianza con el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC) para que aquellas personas que tomaran los talleres recibieran una certificación de tejedoras. Al momento, el DDEC ha avalado como artesanas a cerca de 27 personas en 18 disciplinas diferentes.

“Nosotros les damos esos servicios libres de costo a esas personas que están verdaderamente interesadas en desarrollarse como microempresarias; y si son beneficiarias del PAN (Plan de Asistencia Nutricional), tenemos un contacto con el Departamento de la Familia en Guayama a través del programa PODES (Programa de Oportunidades de Desarrollo Económico y Social), donde se le brinda ayuda económica para comenzar su negocio en miras a que puedan salir del sistema”, agregó Pérez Torres.

Los talleres se ofrecen al público de forma gratuita, sin embargo, tienen donativos sugeridos para la compra de materiales.
“Nosotros impactamos cualquier tipo de nivel socioeconómico y educativo, esto no es solamente para personas de bajos recursos. La participación no está subyugada al donativo, si hay una persona que entiende que está en un poco de más ventaja, puede dar un donativo de $20 por seis meses de taller”, explicó.

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Mujeres que se superan
Noelia Ortiz es músico y maestra de 52 años, que hace dos años tuvo que detener su pasión al ser diagnosticada con una enfermedad terminal que obligó a que le removieran ambos riñones.

Condicionada a recibir diálisis por más de 14 horas diarias, Ortiz se unió al taller de tejido como una manera de liberarse de su condición y olvidar que estaba conectada a una máquina.

El día que fue certificada como tejedora, Pérez Torres contó que Ortiz llegó llorando, pues dijo que “es la primera meta que logro luego de mi enfermedad”.

Ortiz recibió una llamada hace unas semanas para una posibilidad de trasplante, y ahora, con un riñón, se siente más fuerte.
Por otro lado, está Luz Llanos. Luego de 30 años de haberse mudado a Puerto Rico de su natal Colombia, su esposo falleció y sus hijos se mudaron a Estados Unidos. Estaba completamente sola, y al escuchar del taller a través de una amiga, decidió asistir.

“Ella teje estupendamente bien, y eso es lo que pasa, que aquí la gente no viene solamente a aprender, pero ellas vienen para socializar, vienen buscando llenar ese vacío, esa soledad, eso que les está agobiando”, contó Pérez Torres.
Ser tejedora liberó a Llanos de la depresión, quien ahora al vender sus creaciones dice “tener un propósito”.

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En mayo, Plaza del Caribe en Ponce celebró su primer Festival del Tejido y Labores de aguja, donde 178 tejedores participaron en una exposición que se presentó en el atrio central. Las participantes de Metamorfosis fueron parte de la exhibición que se hizo en alianza con el DDEC y la escuela de artesanías que ubica en el centro comercial. “Fue algo espectacular”, dijo Pérez Torres”.

Para el futuro, los creadores de estos talleres esperan ampliar las disciplinas que se enseñan en los talleres.
“Nosotros nos movemos hacia desarrollar un centro de desarrollo artesanal y empresaria. Estamos sembrando la semillita del emprendimiento. Que se vean como personas que pueden, a través de la autogestión, buscar su sustento. Es un esfuerzo de ciudadanos con compromiso social, que saben que la bola hay que ayudarla para que gire, y que tienen el compromiso de crear un mejor país”, concluyó.

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