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Las razones para estar en la clase son muchas y diversas

Taconeo, entrega y felicidad

Mujeres entre las edades de 39 a 85 años se encuentran semanalmente para tomar clases de flamenco junto a la bailarina Edna Pesquera

  • Por Mariela Fullana Acosta
  • 31 MAR. 2019 - 05:00 AM
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Hace 18 años, la bailarina puertorriqueña Edna Pesquera comenzó a ofrecer clases de flamenco a un grupo de mujeres adultas que añoraba tomar clases de baile. (teresa.canino@gfrmedia.com)
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Luz Estrella González llega sonriente a su clase de flamenco con la maestra Edna Pesquera, en Guaynabo. Ataviada con un vestido de volantes de color negro y rojo, una estola en combinación y una flor en la cabeza, se hace su lugar en el salón. “¡Qué guapa estás!”, le comentan sus colegas de clase tan pronto la ven llegar. Ellas también lucen guapísimas con sus faldas de lunares, peinetas, mantones y flores. Todas se elogian y comparten saludos en forma de abrazo, mientras esperan por la música y las indicaciones de la maestra.

“Bueno, vamos a comenzar. Las quiero derechitas”, les dice con dulzura Edna Pesquera, toda vez que se van alistando. “Recuerden, ¡sonrisas!”, agrega. Entonces, arranca la música y todas suben y bajan sus brazos, concentradas, felices. En el salón suena una versión flamenca de “Los peces en el río”, la cual bailan mientras van tarareando la letra. “Pero, ¡qué guapas están!”, las anima la instructora, a lo que ellas responden taconeando con gusto.

Hace 18 años, la bailarina puertorriqueña Edna Pesquera comenzó a ofrecer clases de flamenco a un grupo de mujeres adultas que añoraba tomar clases de baile, pero que, por diversas circunstancias, no habían tenido tiempo de hacerlo en su juventud. Algunas llegaron por referencia y otras porque eran amigas. Con el tiempo el grupo fue creciendo hasta que, en la actualidad, son más de 40 las que lo conforman. 

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“Hay algunas que llevan 15 años conmigo, otras que llevan cuatro. Muchas de ellas son mujeres que en esta etapa de sus vidas pueden venir a coger los bailes y como ellas dicen, se lo disfrutan más porque ya no tienen los nenes chiquitos, ahora tienen nietos, pero esos son prestados. Entonces, se disfrutan el baile. Aquí tengo estudiantes desde 39 hasta los 83 años”, explica la maestra sobre esta particular clase.

Una de las “superadultas” del grupo es precisamente Luz Estrella González, quien con 82 años da pasos como un trompo. Supo de la clase porque su nieto tenía oficina médica en el mismo edificio donde está la academia de baile y un día vio a dos mujeres vestidas de flamenco y le preguntó. “Yo siempre quise ser sevillana o flamenquera, así que les pregunté, y ellas me agarraron por el brazo y me llevaron a donde Edna. De eso hace dos años y medio”, comparte la mujer, natural de Utuado y retirada. 

Para ella esta clase, más que un entretenimiento ha sido una terapia que le ha dado seguridad, memoria, y le ha brindado la oportunidad de hacer nuevas amistades. “Aquí hay un grupo de mujeres excepcionales con una sensibilidad exquisita que tú no la encontrarías en ningún sitio”, asegura. Luz Estrella, como muchas de las mujeres del grupo, nunca había cogido clases de baile, y dice que por eso se le hace un poco difícil “empatar los pasos”. “Pero lo intento”, comenta con una amplia sonrisa de satisfacción, toda vez que afirma que bailar le da una alegría diferente. “Es que tú sientes la música que no te deja, que camina contigo”, precisa casi en forma de poesía. 

Las razones para estar en la clase son muchas y diversas, como explica Edna Pesquera. “Muchas vienen porque ahora es que tienen el tiempo, otras porque el médico les ha dicho que tienen que hacer ejercicios, porque es saludable, y otras simplemente porque quieren hacer algo distinto”, dice la maestra. 

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Carmela Landa, de 81, empezó a tomar las clases hace cuatro años como una forma de terapia física y emocional, tras la pérdida de su hija, la reconocida bailarina y coreógrafa puertorriqueña María Julia Landa, quien murió de cáncer en el 2011. “Estas clases han sido una bendición”, afirma. “Han sido una manera de mantenerme activa porque ya soy mayor y también porque quería estar en este ambiente de baile igual que mi hija, como recuerdo para ella”, agrega emocionada, pero con gran fortaleza. 

No duda en decir que el curso ha sido una “terapia absoluta” que le ha brindado cariño, amistades, seguridad, agilidad y memoria, mucha memoria. “El baile español parece fácil, pero no es fácil, es bien difícil”, aclara Carmela, toda vez que cataloga la experiencia como todo un reto para su edad. “Hay veces que me digo, ‘¡Díos mío qué atrevida!’, pero no. Me siento segura de mí misma y de que sí, que lo puedo hacer. Es una alegría decirles a mis nietos, ‘mírenme, lo puedo hacer’. Por eso se lo recomiendo a todos los de mi edad y a los jóvenes, también. Esto es una maravilla es como ¡volver a vivir, sentirse joven!”.

Edna Pesquera señala que mientras más joven uno comience a realizar una actividad física, mejor para la salud, pero enfatiza en que no hay edad para comenzar a bailar. Su reto como maestra es precisamente lograr que mujeres que jamás bailaron, puedan salir dando pasos de felicidad. “Hay algunas que, como digo, llegan con tres pies izquierdos, pero con el tiempo ves cómo van mejorando y están más coordinadas. Hoy en día, la coordinación se tiene mucho más en cuenta, pero para esta generación de nosotras es más difícil. Por eso, lo cojo más suave, les explico mejor y al final todas llegan, que es lo que queremos”, precisa la maestra, quien tiene 66 años.

Esa paciencia y amor con el que enseña es clave para las estudiantes, que solo tienen palabras de admiración y agradecimiento para ella. “La maestra es increíble, es lo mejor de todo”, resume Carmela Landa.  Si alguien del grupo conoce bien esa personalidad bondadosa de Edna Pesquera es Rosario Pacheco, de 65 años y abogada retirada, quien estudió y bailó con ella cuando ambas formaban parte de Ballet Folklórico Nacional de Puerto Rico (Areyto). 

Luego de años de compartir escenario, cada cual se casó y tomaron caminos separados. No obstante, hace alrededor de 12 años -ya ambas divorciadas- se reencontraron y Edna la invitó a la clase. “Te puedo decir que ha sido una experiencia maravillosa porque algunas teníamos la experiencia de que estábamos divorciadas en ese momento y esto fue un bálsamo bien bueno para hacer nuevas amistades y apoyarnos”. 

Y es que además de compartir durante las clases, este grupo de bailarinas lleva a cabo diversas actividades, como su propia versión de la Feria de Sevilla, que la celebran en mayo en la finca de una de las alumnas. Ese día, como hoy, se visten con sus mejores galas y solas o acompañadas comen, ríen, pero sobre todo, bailan.

“Lo bonito de esto es ver ese compartir y verlas llenas de alegría. A veces le digo a las de ochenta y pico ‘yo quiero ser como tú cuando sea grande’ porque tienen un espíritu increíble y una energía que ni yo”, comenta Edna. Con ella coincide Natalia Marrero, que con 39 años es la más jovencita del grupo. Aunque comenzó hace solo unos meses, afirma que el recibimiento del grupo ha sido único y le han abierto las puertas como en pocos lugares. “Me he dado con un grupo bien chévere, he hecho amistades de todas las edades y rápido que empecé pude participar del recital y he tenido montones de experiencia. Ha sido excelente y por eso se lo recomiendo a todo el mundo no importa la edad”, afirma, mientras en el salón suenan las castañuelas y el taconeo  de estas mujeres que decidieron sacar un tiempo para ellas, para bailar, para disfrutar, para reír, en fin, para vivir. 

¿Dónde? 
Edna Pesquera ofrece sus clases de flamenco todos los martes y jueves en la academia School for the Performing Arts, ubicada en Guaynabo. Para más información, puede llamar al 787-274-8976.

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