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Qué hago para que se calle

Traigo mis mejores trucos que te ayudarán a que salgas fácil de los tan temidos “loros”

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(Pixabay)
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Todos conocemos a una persona que habla hasta por los codos y no sabemos cómo callarla educadamente. A veces es un familiar, amigo o compañero de trabajo que, lamentablemente, “te lo tienes que aguantar” cuando realmente lo que quisieras hacer es salir corriendo en dirección opuesta.

Hasta el día de hoy no existe una manera educada de decirle a otro “cállate la boca”. Por eso, traigo mis mejores trucos que te ayudarán a que salgas fácil de los tan temidos “loros”...

1. Planifica tus excusas
Cuando hables con uno de estos sujetos que no tienes opción de evadir, ten claro mentalmente cuánto es el tiempo máximo que soportarías escucharle sin desesperarte. ¡Y por favor aguanta un poquito más de lo usual para que desarrolles la virtud de la paciencia! Una vez se cumpla el tiempo límite, ve preparado con un par de excusas que justifiquen irte pronto. Por ejemplo, apenas comience la conversación miras tu reloj y dices: “Perdón me acabo de dar cuenta de que tengo que hacer una llamada en 10 minutos, pero sigue contándome”.

2. Carga un objeto que puedas dejar caer
Cuando ya no aguantes más, deja caer algo que tengas en la mano, preferiblemente que haga ruido. Un sonido inesperado impacta drásticamente la concentración. ¿Te has dado cuenta que cuando conversas con alguien y de repente hay un ruido inesperado, la conversación se paraliza automáticamente?

Mientras más fuerte el ruido, más se desvía la conversación. Obvio que no vas a llevar contigo explosivos o fuegos artificiales, pero qué tal si haces como yo, que tengo un llavero con cascabel que dejo caer en casos de emergencia cuando necesito cambiar de tema o huir.

3. La estrategia de mi ex
Mi exesposo Bill Marín, que en paz descanse, siempre que quería darle cierre a una conversación interminable de esas en las que el otro sigue repitiendo lo que ya se había hablado muchas veces, pero no se despide, tenía un truco. Bill, sin interrumpir, estiraba su mano y la otra persona instintivamente le estrechaba la mano y, como por arte de magia, concluía lo que estaba diciendo. En ese momento, Bill aprovechaba para despedirse. En mi caso cuando empleo esta táctica, en vez de estirar la mano, doy un fuerte abrazo y produce el mismo efecto.

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