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Los 4 estilos de crianza: ¿cuál de todos es el tuyo?

Nuestro estilo de crianza determina en gran medida cómo van a crecer y desarrollarse nuestros hijos

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(Shutterstock)
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Todos aquellos que somos padres tenemos un estilo particular de criar a nuestros hijos. Esto es, en gran medida, resultado de una combinación de factores: nuestra personalidad, nuestras experiencias y la forma en la que nuestros padres nos criaron. A pesar de nuestras particularidades y preferencias, desde los años 1960s, los estudiosos de la conducta humana han categorizado los estilos de crianza en 4 grupos principales. A continuación comparto una descripción de cada uno, con sus ventajas y desventajas, de forma tal que puedas identificar el tuyo y hacer ajustes según lo entiendas conveniente.

Estilo autoritario:

  • Este estilo es quizás el más tradicional de todos y el que muchos de nosotros expirimentamos con nuestros padres.  Los padres son muy estrictos y siempre tienen la última palabra, por lo que el niño no tiene participación en la toma de decisiones o en las actividades diarias.  El oder recae sobre los adultos, el ambiente es rígido y el niño está sujeto a la obediencia absoluta.

Ventajas

  • Los niños son altamente disciplinados.
  • El niño reconoce sus límites y las reglas son claras. 
  • La niña sabe lo que se espera de ella y sigue instrucciones.

Desventajas

  • La comunicación y espontaneidad del niño hacia sus padres se puede limitar. 
  • Eventualmente, el niño se puede rebelar por la sensación de represión.   
  • Pueden surgir problemas de autoestima, dependencia emocional, depresión y agresividad en el niño.

Estilo permisivo:

  • Este estilo es el opuesto al autoritario.  Los padres tienden a ser muy flexibles, tolerantes y hay poca estructura y disciplina.  Este estilo fomenta la apertura y promueve que el niño se exprese libremente y que se trate como un adulto.  Se aspira a lograr consenso en la toma de decisiones e igualdad entre todos los miembros de la familia.

Ventajas

  • El vínculo entre los padres y la niña es muy estrecho y sólido.
  • El niño rara vez se queja y demuestra mucho afecto hacia sus padres.

     Desventajas     

  • Muchos de los niños criados bajo este estilo se tornan irresponsables y engreídos.
  • Pueden tener problemas de adaptabilidad y disciplina cuando alcanzan la adultez.

Estilo desinvolucrado:

  • Estos padres se involucran poco en la crianza de sus hijos y mantienen una actitud de desapego. En algunos casos, los padres seleccionan conscientemente este tipo de crianza con la intención de que sus hijos aprendan a valerse por sí mismos. Se limitan a cubrir las necesidades básicas del niño y no están activamente presentes en la vida de sus hijos.

    Ventajas

  •       Esta forma de crianza desarrolla un alto grado de independencia en la niña y fortalece su autoconfianza.
  •       El niño va a aprender a defenderse, por sí solo, desde muy temprano en su vida.

    Desventajas

  •       Al haber pocas guías, el niño puede sentirse perdido y confundido.
  •       El vínculo emocional entre padres e hijos es débil.
  •       Puede traer problemas sicológicos al niño por no sentirse suficientemente amado o valorado por sus padres.

Estilo imperativo:

  • Este estilo es parecido al autoritario pero con la diferencia que permite flexibilidad y da participación al niño.  Los padres establecen límites pero explican a su niña las razones. Este método de crianza es más democrático y deja un espacio para que el niño exprese sus puntos de vista.  Se validan las emociones del niño y se le brinda refuerzo positivo pero de igual forma se penaliza cuando rebasa los límites establecidos. Se considera el mejor de los cuatro estilos de crianza.

Ventajas

  •       Los niños se muestran más seguros y felices.
  •       En general, crecen como niños responsables, estructurados y juiciosos.
  •       A pesar de que imparte disciplina, el niño siente que hay apertura para comunicarse con sus padres.

Desventajas

  •       Es un estilo que requiere una gran inversión de tiempo y esfuerzo de los padres.
  •       Tratar de mantener un balance resulta complejo. 

Nuestro estilo de crianza determina en gran medida cómo van a crecer y desarrollarse nuestros hijos.  No hay que aferrarse a uno en particular, sino ser conscientes de nuestras preferencias y ajustarnos según sea necesario para mantener un balance. Sobre todo, se trata de conocer bien a nuestros hijos, reafirmar nuestro compromiso y mantenernos presentes en sus vidas. 

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