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Manejo de las emociones

30 consejos para ser positivo (¡aun en la adversidad!)

Esta actitud es esencial para tu resiliencia —una característica que te empodera para sortear los momentos difíciles

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El ser humano tiene la capacidad de enfrentar cada reto y desafío de la vida. (Shutterstock)
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Aunque vocalizarlo resulta enrevesado, ponerlo en función es posible y, sobre todo, necesario. Me refiero al concepto resiliencia.

La Real Academia Española, que el pasado jueves 25 de julio elevó a la máxima potencia el sentimiento boricua cuando eligió el gentilicio puertorriqueño/ña como la palabra del día, la define como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límites y sobreponerse a ellas.

En psicología se amplía un poco más el concepto, informa la Asociación de Psicología de Puerto Rico, al establecer que “es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarla (Chávez y Yturralde, 1960). Es un proceso dinámico que tiene por resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad (Luthar, 2000)”. 

Qué necesitas para ser resiliente
“Ser resiliente no quiere decir que no experimentemos angustias o dificultades emocionales. De hecho, la tristeza y la ansiedad son comunes en las personas que atraviesan y, eventualmente, sobrepasan las adversidades. Todos tenemos la capacidad de desarrollarla, ya que esta característica está compuesta por pensamientos, conductas y acciones que podemos aprender y desarrollar”, asegura la doctora Ingrid Casas Dolz, psiquiatra general y psiquiatra de niños y adolescentes.

Por su parte, la Asociación de Psicología cita a estudiosos del tema para sostener que “muchas investigaciones sobre resiliencia afirman la importancia de las características individuales de las personas para lograrla. Sin embargo, es igualmente importante señalar que no es un proceso que se crea en un vacío, ni solamente la logran personas con rasgos particulares, sino que se obtiene mediante el acceso que la gente pueda tener a las herramientas, recursos y destrezas necesarias para poder adaptarse y manejar las distintas situaciones (Ruther, 2013). Como cualquier otra característica humana no es completamente innata, ni completamente adquirida. Es un constructo afectivo y cognitivo que se exhibe en la conducta de las personas y es influenciada por factores ambientales, sociales, culturales, entre otros que se producen en el contexto de la persona (Fletcher y Sarkar, 2016). Para ser resilientes se necesita contar con buenas destrezas de afrontamiento ante las situaciones y los cambios, capacidad para ser flexibles, para identificar las necesidades y buscar ayuda, entre otras. Depende de las actitudes y creencias ante la vida y los sucesos que protagonizamos, pero también depende, en gran medida, de los recursos externos disponibles con los que cuentan las personas”.

La organización argumenta, además, que “muchas veces esos recursos externos se traducen a un mentor que nos guía y nos da la mano para salir adelante, relaciones familiares saludables, la comunidad en la que se vive, los recursos económicos, sociales o instrumentales con los que se cuenta, y la facilidad o no para accesar a dichos recursos, entre otras’’.

En el caso de los menores de edad, sostiene el gremio, esos mentores vienen siendo los padres, madres, encargados y maestros/as. Ellos serán los responsables de fomentar y desarrollar destrezas tales como: relaciones sociales, empatía, autoestima, oportunidades de autodescubrimiento, entre otras. Es importante reconocer que la niñez no es sinónimo de ausencia de dificultades. Por el contrario, los más pequeños también pueden presentar retos a nivel emocional, físico, social y familiares. Fomentar la resiliencia desde edades tempranas ayuda a promover un mejor manejo del estrés y de sentimientos de incertidumbre ante situaciones desconocidas y, a su vez, fomenta un manejo adecuado de las emociones ante momentos de crisis.

Resiliencia con el sello boricua
Hay consenso entre los expertos en salud mental en que “el mejor ejemplo de resiliencia que podemos tener es ver un país que ha estado sufriendo adversidades y ha podido continuar caminando después del huracán María. Muchos puertorriqueños se han ido, mucha gente murió, pero los que quedamos hemos visto la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros para que el futuro sea esperanzador. Ahora mismo, otro gran ejemplo es cómo el pueblo se ha unido para combatir los asuntos de corrupción y política que no nos dejan ver claro un futuro. Estamos atravesando situaciones difíciles y el mayor acto de resiliencia colectiva ha sido la unión total de un pueblo que ha estado separado por años por asuntos ideológicos’’, dice el psicólogo de la Corporación SANOS, de Caguas, Jesús Sálamo.

Asimismo, la organización que reúne a los psicólogos en la isla resalta que después del huracán María, “hemos aprendido que la resiliencia es autogestión, empoderamiento y trabajo en equipo para levantar las comunidades, a pesar de la incompetencia y corrupción gubernamental (Lugo, 2019). La vulnerabilidad y la resiliencia cohabitan en cada uno de nosotros/as y es importante dialogar sobre ambas de manera que podamos desarrollar hábitos que nos preparen para enfrentarnos a las situaciones difíciles de manera efectiva’’.

Si piensas que no eres resiliente…
“Contrario a lo que se pudiera pensar, las investigaciones indican que la mayoría de las personas que han experimentado algún evento traumático o adversidad mayor superan la situación, se recuperan adecuadamente y hasta desarrollan más fortalezas”, dice la doctora Casas Dolz al añadir que el estrés siempre estará presente en nuestras vidas, por lo que “es necesario comprender que lo importante es cómo manejamos nuestras emociones en respuesta a ese estrés. La manera en la que percibimos el estrés y las adversidades y lo que decidimos hacer al respecto afecta el resultado ante un evento estresante”.

A continuación los expertos en salud mental te brindan sus mejores consejos para fomentar la resiliencia:

La doctora Ingrid Casas Dolz dice:

1. Establece buenas relaciones interpersonales dentro y fuera de la familia. El factor más importante para desarrollar la resiliencia es tener vínculos de apoyo y afecto con personas que sean modelos a seguir y que te ofrezcan amor, ánimo y seguridad.

2. No veas las crisis como obstáculos que no puedas superar. Aun dentro de la adversidad, trata de mirar el futuro con optimismo.

3. Acepta que hay circunstancias que no puedes cambiar. Lo que sí puedes cambiar es la manera en cómo te enfrentas al reto o a la situación difícil.

4. No ignores los problemas. No basta con desear que los problemas desaparezcan, debes tomar acción ante los mismos.

5. Busca maneras de fortalecer tu autoestima y confía en tu capacidad para resolver problemas.

6. Mantén una actitud positiva ante la adversidad y no pierdas la esperanza. Visualiza las metas en vez de enfocarte en el miedo o la ansiedad.

7. Cuídate. Practica el ejercicio, la meditación y otras actividades placenteras y relajantes. 

En el caso de los niños y adolescentes, “debes educarlos para que sean capaces de adaptarse y superar las adversidades en la vida proporcionándoles herramientas para que puedan responder a los retos de las diferentes etapas de desarrollo y puedan desenvolverse exitosamente como adultos”, argumenta Casas Dolz.

Para desarrollar la resiliencia en los hijos, recomienda lo siguiente:

8. Enfócate en sus fortalezas en lugar de sus errores. Reconoce sus logros y felicítalos cuando hayan hecho algo bien.

9. Evita las comparaciones entre hermanos.

10. Permite la expresión de las emociones para que se sientan cómodos en los momentos difíciles.

11. Fomenta el proceso de toma de decisiones y explícales que cada acción tiene su consecuencia.

12. Sé un modelo de buenos valores y de estrategias positivas para solucionar conflictos.

13. Hazle saber que crees en ellos y los amas incondicionalmente.

Por su parte, el psicólogo Jesús Sálamo afirma para ser resiliente tras la crisis, debemos desarrollar como individuos y como sociedad los siguientes hábitos positivos:

14. Cultiva tu autoestima: La autoestima es uno de los factores determinantes para desarrollar al máximo la resiliencia. Saber que eres capaz de superar la crisis y sacar lo mejor de ti.

15. Identifica los problemas: Tu capacidad de ser resiliente está enmarcada en la identificación certera de los problemas que podrían estar afectando tu entorno y amenazando el futuro.

16. Busca apoyo: Es importante estar consciente en todo momento de lo que pasa a tu alrededor, así como la comunicación con otros, deja el individualismo a un lado para juntos encontrar soluciones.

17. Toma acción a nivel individual pero también junto a otros. A nivel colectivo se trabaja la resiliencia a través de la autogestión y de la independencia que adquieren las comunidades para resolver sus problemas y necesidades. 

18. Mantén la esperanza: Debes ser capaz de ver el futuro de forma prometedora. Esto es clave para que la capacidad de resiliencia se desarrolle al máximo.

Asimismo, un grupo de miembros de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, compuesto por la doctora Kalitza Baerga, psicóloga clínica; la psicóloga escolar licenciada Nery-Jo Fernández; la doctora Kevia Calderón, psicóloga clínica; y el doctor Eduardo Lugo, psicólogo clínico comunitario, indica que algunos hábitos que pueden ayudarte a fortalecer la resiliencia tanto individual como colectiva son:

19. Rodéate de personas optimistas, personas que en vez de enfocarse continuamente en el problema se enfocan en la solución.

20. Aprende a reconocer tus sentimientos y emociones ante los sucesos que te afectan y trabaja activamente con ellos para sanar y trascender.

21. Reflexiona sobre tus valores y comprométete a actuar de acuerdo con ellos.

22. Cultiva el buen humor.

23. Aprende a reconocer tus talentos y posibilidades y trabaja para continuar desarrollándolos.

24. Verifica e investiga sobre los recursos que hay en tu comunidad que puedan ayudarte a desarrollar tus metas.

25. Practica el ser flexible, aprende a fluir. Enfrentar los cambios sin resistirte de más ayuda a que puedas tener una mayor apertura a las situaciones nuevas y enfocarte en afrontar mejor y manejar los nuevos escenarios o situaciones de vida.

26. Busca y pide ayuda cuando es necesario. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, al contrario, es una muestra de inteligencia y buen juicio.

27. Fortalece tu red de apoyo: acércate a tus amistades y familiares.

28. Practica la solidaridad: involúcrate en actividades para ayudar a otros/as.

29. Organiza a las comunidades para promover mejor calidad de vida y atender las necesidades de las mismas.

30. Sé asertivo y aprende a luchar y exigir tus derechos sin incurrir en violentar o dañar a otros.

 

 

 

 

 

 

 



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