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Mitos y prejuicios

Sexualidad sin barreras

Hay muchos mitos e ideas preconcebidas que limitan el disfrute sexual en personas con capacidades diferentes

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La discapacidad física no le quita el deseo sexual a una persona, pero obviamente dependiendo de la situación, así serán las adaptaciones que debe hacer. (Shutterstock)
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Hablar de sexualidad hoy día ya no es el tabú de hace 30 o 50 años. No obstante, todavía hay muchos mitos y prejuicios que impactan negativamente este aspecto natural en la vida de toda persona. En los casos de personas con diversidad funcional, la situación es mucho más difícil porque se “silencia y se considera peligrosa e innecesaria la educación sexual, por lo tanto, se evita y se reprime, limitando el pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos”.

Así lo señala la terapeuta ocupacional Annabelle Nieves Hernández, quien destaca que con frecuencia las personas con diversidad funcional tienden a tomar cierta actitud negativa hacia la sexualidad. En algunos casos se aíslan, rechazan su propia sexualidad o tienen temor a ser rechazados.

Diversidad funcional es un término que se utiliza desde hace unos años para sustituir otros que se consideran peyorativos o negativos, como “discapacidad”, “minusvalía” o “impedimento”.

“Las personas con diversidad funcional no tienen un mundo diferente. Las caricias y besos son las mismas para todos”, enfatiza Nieves, quien tiene una especialidad en el área de salud mental.

Este tema formó parte de la Conferencia y Asamblea Anual del Colegio de Terapia Ocupacional de Puerto Rico, en la que Nieves fue conferenciante.

“Uno de los mitos es pensar que las personas con diversidad funcional son asexuales, lo que no es cierto. Al igual que cualquier otra persona, tienen unas necesidades y un comportamiento sexual que no se puede ocultar”, señala la terapeuta.  “Por ejemplo, cuando ocurre un evento, sea físico o mental, en primer lugar, tendríamos que evaluar en qué consiste y si afecta en términos de su movilidad y sensación. Una vez se identifica cuál es su necesidad, se hace una intervención (para ayudar a la persona a trabajar con su sexualidad y la pueda disfrutar)”, explica Nieves, quien pone el ejemplo de una persona con daño al cordón espinal.

“Hay que ver qué es lo que le queda disponible a la persona para ejecutar; cuál es su actitud y en qué punto del proceso se encuentra. Si la persona conoce la secuela o lo que va a ocurrir en su proceso de salud y las adaptaciones que tiene que hacer en términos físicos y emocionales, se le puede ayudar”, dice la especialista, quien destaca que la sexualidad es parte vital de la reproducción humana.

Disfrutar la sexualidad
Además, enfatiza, produce bienestar y mejora la calidad de vida. “La discapacidad física no le quita el deseo sexual a una persona, pero obviamente dependiendo de la situación, así serán las adaptaciones que debe hacer. Hay que entender que quizás no será la misma que había previo al evento y entonces es que entra a buscar adaptaciones para una sexualidad placentera”.

Eso lo sabe de primera mano la consejera en rehabilitación María del Carmen Rodríguez Morales, quien también está certificada como terapista sexual de la Universidad Carlos Albizu, además de ser paciente de un tipo de distrofia muscular, una condición neuromuscular progresiva congénita. La consejera, recién casada, asegura que hay prejuicio hacia la sexualidad de las personas con diversidad funcional sigue vigente, además de que es un tema que no se habla mucho. “Una de las cosas que he identificado es que hablamos de vida independiente, de empleo, servicios de salud y equipos de asistencia, pero no se habla de la sexualidad, que es parte del ser humano, tanto para las personas que tienen diversidad funcional física sino también cognitiva e intelectual”, afirma Rodríguez, aunque acepta que hay áreas que han mejorado. Por ejemplo, dice que hoy día hay más profesionales que se han capacitado, además de que más personas con diversidad funcional aprovechan las redes sociales para compartir sus historias.

“Eso ha ayudado considerablemente en lo que tiene que ver con cambiar un poco la percepción. Pero sigue siendo tabú y hay complejos”, sostiene la consejera, y reitera que hay mucha invisibilidad respecto a los sentimientos y sexualidad de las personas con diversidad funcional.

Y como le puede pasar a cualquier persona que no tiene apoyo emocional, acepta eso puede afectar el estado de ánimo. Además, señala que también afecta cómo la familia lo ve o si la persona no tiene forma de socializar e interactuar con otros.
“La realidad es que, y lo digo por experiencia propia, la sociedad tiende a ver a las personas con diversidad funcional con pena, como ese eterno niño que lo único que importa es que lo cuiden y que tenga buena salud. Y llega un momento en que te crees eso y tienes que luchar para romper con esos esquemas de crianza que te han dado”, explica Rodríguez.

Precisamente, señala que también tiene mucho que ver con la autoestima, en cómo la persona se siente consigo misma, cómo se proyecta y si comprende su diversidad funcional. Esto es importante, enfatiza la consejera, para ser una influencia positiva y ayudar a que la gente rompa con ese paradigma del “ay bendito, hay que ayudarlo” y de que solo les interesa ser cuidados.

“Por eso siempre digo que es una responsabilidad compartida: yo como persona con diversidad funcional tengo una responsabilidad como cualquier otro ser humano de trabajar conmigo misma, de sentirme bien y eso es lo que proyectas para que la gente te vea desde otra perspectiva. A mí me pasa frecuentemente cuando me dicen: ‘es que tú no lo pareces’ (que tienes diversidad funcional). Y yo me pregunto cómo es que me tengo que ver para parecer que la tengo. Por eso, esa parte de la autoestima y de entender tu impedimento es muy importante”, asegura Rodríguez, quien utiliza una silla de ruedas.
Pero, de la misma forma, la consejera coincide en la importancia de que la persona con diversidad funcional conozca qué dificultades puede causar su impedimento físico o cognitivo.

“Por ejemplo, una persona con una lesión del cordón espinal que, en la literatura se hace referencia a que la funcionalidad física puede afectarse con respecto a la erección o la eyaculación (en el caso de los hombres), debe conocer cuáles son las posibles implicaciones. Por eso debe hablar con sus médicos y buscar orientación para crear otras expresiones sexuales”, recomienda la consejera.

Hablar sobre lo que afecta
Pero una de las dificultades, agrega Rodríguez, es que hasta ahora no ha conocido a “una persona que me diga que su médico le ha hablado sobre el aspecto sexual”. Por eso cree que son las personas con diversidad funcional las que deben tomar la iniciativa y preguntar. Aunque recomienda que no es solo a los profesionales de la salud, sino también a otras personas con las mismas situaciones.

“Conocer a personas con diversidad funcional nos provee unos conocimientos adicionales. De la misma manera, las redes sociales son importantes para establecer contactos y hablar con profesionales sobre el tema. A mí, por ejemplo, me contactan personas buscando orientación. Esto ayuda también porque a veces no pueden salir solos de su casa para, por ejemplo, ir a un psicólogo o a un sexólogo. Así que poder tener acceso a través de la internet y hacer sus preguntas es otro espacio que se debe utilizar”, sostiene.

Menciona que en Europa se habla mucho de lo que se conoce como asistente sexual, una persona con unos conocimientos sobre la sexualidad y cómo se afecta la población con diversidad sexual, que les brinda apoyo y orientación en el ámbito sexual.
“Ese asistente puede ayudar a la persona a masturbarse o con las posiciones sexuales según su diversidad funcional y sus necesidades. Pero en Puerto Rico este concepto no existe, más bien se tiende a asociar con la prostitución o con las trabajadoras sexuales”, indica Rodríguez, aunque cree que antes de ese concepto llegue a la isla “aquí tenemos que trabajar primero con otros aspectos”.

La consejera, de hecho, acepta que tuvo que trabajar con su situación para entender que era “una mujer como cualquier otra” y que también podía disfrutar de su sexualidad. Precisamente, cuenta que se casó en abril con una persona sin diversidad funcional, que la entiende y que supo desde un principio su condición.

“Yo era sumamente tímida, pensaba que nunca iba a tener pareja. Por eso, desde mi experiencia, creo que todo tiene que ver con ser claros desde el principio y explicar la condición que se tiene. Es ser claro sobre las posibles dificultades físicas que se pueden enfrentar y siempre tener buena comunicación, decirle a tu pareja dónde duele o qué posición es la que molesta, algo que es clave en cualquier relación”, aconseja Rodríguez. “Hay que ver más allá de la diversidad funcional, no verla como algo que nos define. Es parte del mensaje cuando hablamos de inclusión”.

En eso coincide la terapeuta Anabelle Nieves, quien enfatiza en la importancia de que la persona busque ayuda profesional para aprender las adaptaciones. Si no lo hace,el sentido de impotencia “y todo lo que es emocional se afecta”.

“Es ese sentido de que no puedo hacer la tarea y la situación se puede complicar con altos niveles de ansiedad. Y ese sentido de que sexualmente no me puedo conectar con mi pareja, puede causar problemas si no se busca ayuda”, advierte la terapeuta, quien resalta la importancia de la pareja en todo este proceso.

Según explica Nieves, el terapeuta ocupacional que atiende a esta persona en ese proceso físico es fundamental. “Parte de lo que se debe hacer es auscultar y verificar si este evento afectó la sexualidad de esta persona. Eso es parte de nuestra evaluación y, obviamente, se le dan las primeras intervenciones y si esto pasa a otro nivel, entonces se debe conectar a la persona con otros profesionales de la salud que le puedan dar seguimiento”.

Entre las adaptaciones que proponen los terapeutas sexuales está que, por ejemplo, una persona parapléjica aprenda a usar zonas de su cuerpo que lo pueden excitar, como las orejas o el cuello, además de manipular a su pareja para que esta también disfrute. De la misma forma se recomienda reforzar la autoestima para que la persona “se sienta bien consigo misma”.

Mitos y prejuicios 

  • Las personas con discapacidad son asexuales.
  • Dependen de los demás y son como niños(as), por lo que necesitan que se les proteja.
  • La discapacidad física genera impedimento sexual.
  • Deberían hacer su vida y casarse con personas como ellos.
  • Los padres de niños/as con discapacidad no desean darles una educación sexual.
  • La relación sexual que culmina con el orgasmo es esencial para el goce sexual.
  • Si una persona con discapacidad física padece un trastorno sexual, casi siempre se debe a su condición física.
  • Si una persona que no tiene discapacidad mantiene relaciones sexuales con una persona con discapacidad, ya sea hombre o mujer, es porque no puede atraer a individuos normales.
  • No pueden ovular, menstruar, concebir, ni dar a luz, tener orgasmos, erecciones, eyaculaciones ni fecundar.
    Fuente: María del C. Rodríguez Morales (www.sex-habilidad.webs.com)

Problemas mentales
Según la terapeuta ocupacional Annabelle Nieves Hernández, también hay diferentes situaciones y problemas emocionales que pueden afectar la sexualidad. Cabe resaltar, además, que el uso de medicamentos para el tratamiento de enfermedades mentales también puede afectar la actividad sexual, advierte la terapeuta. 

“Trabajo en un hospital y, generalmente, la persona que viene no habla de la sexualidad. Pero, si eres una persona con una condición como la bipolaridad, puede haber unos eventos en su conducta sexual. Por ejemplo, muchas veces se puede comportar de una manera hipersexual”, explica.

De la misma forma, las personas que padecen de esquizofrenia también pueden sentir que la actividad sexual se ve trastocada. Por ejemplo, dice que para ellos es muy difícil debido a que las “alucinaciones no les permiten ejecutar”. Pero coincide en que “lastimosamente, es un tema del que no se habla”.

Otra situación delicada, agrega, es la sexualidad de los adolescentes con problemas de conducta severos “que pueden entrar en unas conductas de riesgo”. “Tenemos que orientarlos sobre enfermedades de transmisión sexual. Esto de la sexualidad es mucho más amplio de lo que la gente piensa”, advierte la terapeuta.

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