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Consejos prácticos

10 estrategias para evitar los conflictos familiares en las fiestas

Durante los períodos festivos es común que se susciten conflictos que, muchas veces, llevan tiempo sin resolverse

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(Gerd Altmann / Pixabay)
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En el mundo ideal, las fechas festivas son perfectas. Todos las esperan, todos son felices y, si hay diferencias, se resuelven de una manera constructiva, para seguir fortaleciendo las relaciones, sobre todo familiares.

Estos períodos, además de ser esperados por muchos, son de aquellos en los que casi todos los miembros de la familia se reencuentran en, al menos, una actividad. Y, en realidad, aunque los buenos deseos y la alegría permean en el ambiente, muchos hogares no están exentos del llamado “drama familiar” y con este, el inevitable conflicto.

Si bien los orígenes de los conflictos en la época festiva suelen ser tan variados como comunes, la doctora Maribel Matos Román, psicóloga clínica y catedrática asociada de la Universidad Carlos Albizu, aclara que, muchas de las diferencias que se dan en esta temporada, no nacieron ahora, sino que ya llevan tiempo.

“Muchas veces, estos conflictos se dan en familias que han tenido otros conflictos sin solución y que se complican más en las festividades”, destaca, para agregar que las tensiones que se experimentan a nivel familiar suelen ser más intensas, porque los afectos son más intensos también.

“Aún con todo lo que se ha estudiado, la fuerza de una familia es difícil de comprender, ya que nuestra vinculación afectiva es un proceso sumamente poderoso”, exalta la académica, a la vez que menciona que es común que muchas personas se olviden más fácilmente de un insulto o de una traición de alguien que no es parte de la familia, que de alguien más cercano. Esto se debe, según explica, a que con otras personas no nos sentimos necesariamente obligados.

“Recordemos que, a nivel de familia, hay otras expectativas, que, en ocasiones, no necesariamente se cumplen. Tenemos expectativas de que en la familia se provee cuidado y protección, pero eso no necesariamente se cumple”, señala Matos Román.

¿Cuáles son los conflictos más comunes entre las familias en esta época del año y qué podemos hacer para evitarlos o, al menos, manejarlos adecuadamente? La doctora Matos Román menciona los siete conflictos más comunes y sus sugerencias para sobrellevar la situación con cero dramas.

Conflicto #1: ¿Con quién vamos a celebrar las festividades?

Según comenta la doctora Matos Román, durante esta temporada uno de los conflictos que más se genera es con cuál familia se van a celebrar las festividades. “Este un conflicto que afecta a la pareja, pues, en muchas ocasiones, decidir dónde se va a pasar, por ejemplo, el fin de año, no es necesariamente es un proceso sencillo”, explica la psicóloga clínica, al enfatizar que este proceso se puede ver afectado por las particularidades de la pareja y, por supuesto, las características de cada familia.

Solución: para la psicóloga clínica, en este caso, como en el resto de los ejemplos que trae a colación, la comunicación es siempre la clave. En esta situación en particular recomienda alternar visitas en la medida de lo posible.

“No tenemos que ir todo el tiempo a la misma festividad en una familia, sino que, dependiendo de la festividad, la podemos alternar durante el período festivo o en cada año”, explica.

 Conflicto #2: ¿Con quién se quedan los niños?

Este suele ser un conflicto que, según la catedrática asociada de la Carlos Albizu, suele generar bastantes dolores de cabeza cuando los padres están separados o divorciados.

Solución: Ciertamente, la solución de este conflicto dependerá de las características particulares de esa familia y hasta de los acuerdos que se hayan llegado al momento de la separación. También estará matizada por elementos como si están todos en la isla o no, o si una de las partes desea llevarse a los niños de viaje, por ejemplo.

“Aquí se debe anticipar la situación y no dejarse para la ultima hora”, destaca la doctora Matos Román, al enfatizar que este tipo de situación requiere planificación y discusión. Además, subraya que si esta no es la primera Navidad y ya ha habido otras navidades o festividades donde haya habido conflictos, hay una alta probabilidad de que estos se repitan.

“Vamos a ver de qué manera podemos anticipar el conflicto e identificar alternativas antes de que llegue la temporada. Los adultos deben tener claro que cualquier decisión que se tome debe ser pensando en el bienestar de ese niño o niña y no en la conveniencia o los estados de ánimo de los adultos”.

La psicóloga clínica explica que, aunque hay parejas que logran llegar a unos acuerdos de manera exitosa, hay otras que tienen que decidirlo por otras vías, como puede ser la legal o con la ayuda de un profesional.

“Si no se llega a un acuerdo se debe decidir por la vía legal”, dice Matos Román, al destacar que este recurso permite planificar todo el año, minimizando los conflictos, porque los acuerdos se establecen ante una autoridad legal.

La catedrática asociada también explica que se puede buscar ayuda de un profesional, como puede ser un psicólogo o consejero familiar, que permita mantener abiertos los canales de comunicación entre los padres.

 Conflicto #3: No quiero ver a Sutano o a Mengano

La mayor parte de las personas se acercan a las festividades con mucho entusiasmo y con deseos de compartir y de reencontrarse con las personas más significativas en sus vidas, pero, igualmente, es muy probable encontrarse con personas a las que, simplemente, no quieren ver. Uno de estos casos, explica Matos Román, es cuando una de las partes tiene una nueva pareja, tras un divorcio o separación altamente conflictiva, o cuando estará presente algún miembro de la familia que te lastimó a lo largo de tu vida.

Solución: para la psicóloga clínica, en estas situaciones, la persona tiene que hacerse varias preguntas que van desde cuál es la motivación de la actividad y por qué quiere estar allí, hasta qué es lo que quiere celebrar.

“¿La presencia de esa otra persona va a ser tan poderosa que no me va a permitir concentrarme en celebrar la Navidad o puedo hacer un esfuerzo de separar mis sentimientos de la situación?”, se pregunta, al resaltar que se requiere de mucha madurez para sobrellevar una situación que puede ser incómoda y tensa, pero que no necesariamente tiene que redundar en privarse de ir a la actividad. 

“Cada cual tiene que autoevaluarse y conocer cuáles son sus vulnerabilidades y necesidades, pero, igualmente, se puede preparar para ir a la actividad. Esta preparación incluye: desde cómo manejo mis niveles de tensión, hasta de qué personas me voy a rodear en esa actividad, quiénes van a ser mis fuentes de apoyo y si otra persona puede acompañarle en ese proceso”, subraya.

Y, aunque acepta que no existe una solución perfecta, cada persona tiene que poner la situación en la balanza, porque si la presencia de esa otra persona va a ser parte de su realidad, debe aprender a manejarla de una manera más efectiva y entender que, igualmente, se va a encontrar con otras personas queridas.

“Entonces, ahí conviene evaluar de qué te puedes estar privando que puede ser fuente de bienestar”, señala para explicar que todo esto también dependerá hasta del tiempo en que han ocurrido estas situaciones.

“Sabemos que cuando el dolor está muy reciente, tenemos que ser compasivos con nosotros mismos. Pero, si el cambio que se dio en la unidad familiar o las diferencias con esa persona ya llevan tiempo, valdría la pena hacer el esfuerzo de manejarlo desde una perspectiva más positiva, que propenda más al desarrollo de todas las partes involucradas”, asegura la doctora Matos Román.

Conflicto #4: Visitas en los períodos festivos

Para la catedrática asociada de la UCA, otra de las situaciones que puede crear conflictos en la unidad familiar tiene que ver los cambios repentinos que puede haber en la convivencia familiar.

“Muchas familias reciben visitas durante las festividades y aunque suele verse como un gran momento, hay que prepararse, dependiendo de cuáles sean las circunstancias en las que cada uno vive y cómo se tomó esa decisión de que se vinieran a quedar en la casa”, explica Matos Román, al señalar que los miembros del núcleo familiar deben participar de este intercambio.

Para la psicóloga clínica se deben evaluar aspectos como si hay suficiente espacio para acomodar a estas personas, o si aceptar la visita implica que alguno de los miembros de la familia tiene que ceder su cuarto para acomodar a los visitantes.

 Solución: la psicóloga clínica resalta que, en este caso, es importante disfrutar de la visita de las personas llegan a acompañarnos, que son queridas, que son familia, pero que hay que establecer unos límites para poder prepararse.

“Vamos a saber de antemano cuántos días vienen, cómo se van a manejar si nosotros no vamos a estar disponibles todo el tiempo para ellos y no dar por sentado que llegaron y que todo va a estar bien”, expresa, al recordar que ha visto que se crea n bastantes conflictos cuando la visita se extiende más de lo esperado. Agrega que se debe prestar especial atención a los niños y a los adolescentes para que no se sientan incómodos.

En el caso de los adolescentes, revela que estos están en su proceso de vida, definiendo sus espacios, así que es importante que participen de la decisión y que se preparen, manteniendo los canales de comunicación abiertos para que expresen sus sentimientos, evitando conflictos que emanen de la tensión de tener a otras personas en el hogar.

 Conflicto #5: ¿Qué le regalarles a los niños?

“Otra fuente de conflicto que veo a nivel familiar está relacionada con los regalos de los niños, ya que esta temporada incluye regalos para ellos y se vive con mucha ilusión”, aduce, a la vez que añade que, no obstante, hay ocasiones en las que los niños reciben algunos regalos que algunas de las partes no están de acuerdo o que van por encima de lo que fue una regla a nivel familiar

“Esta es una situación que se debe manejar con delicadeza y sensibilidad porque el niño está recibiendo un regalo y no podemos culparlo por una decisión errónea de un adulto.

 Solución: la doctora Matos Román explica que, igual que hacemos una lista para un Baby Shower o una boda, se debe hacer a hacer una lista de regalos sugeridos para Navidad y los regalos que no son aceptables, de manera que cada familia los tenga definidos y se respeten.

Conflicto #6: "No quiero ir a esa actividad"

“A veces los niños no quieren ir a algunas actividades que los adultos han planificado o que entendemos que es el deber de todos en la familia asistir”, expone la psicóloga clínica, al poner como ejemplo que esto suele suceder cuando hay algún familiar en un centro de cuidado. En estos casos, recomienda explicarles a los niños la importancia de cuidar a los adultos mayores, y aunque puede que el niño no entienda eso, la comunicación es importante.

“Hay que explicarles por qué es importante que compartan, que esa persona que se va a visitar es parte de la familia y debemos demostrar que la estamos cuidando. Luego se les puede decir que se planificará más adelante para que puedan realizar la actividad que desean.

El conflicto es inherente al ser humano

Según la doctora Matos Román, se debe reconocer que, como todo en la vida, el conflicto es algo que va a ocurrir, ya que es inherente a la experiencia humana. 

“Si estamos mucho tiempo compartiendo y hablando, vamos a tener algún nivel de conflicto, alguna diferencia que puede escalar. Pero, la responsabilidad nuestra es identificar aquellas vulnerabilidades, aquello que hace que nos sintamos más incomodos, para entonces tomar las acciones que sean más favorables para resolver el conflicto”, enfatiza, al resaltar que, si el conflicto no se puede resolver, debe evitarse escalarlo y llevarlo al nivel de ser intolerable y de dañar la relación.

“Cuando la familia tiene los recursos para manejar los conflictos, claramente hay menos riesgo de que estos conflictos sigan en escalada y tengan un impacto adicional más negativo en la vida, pero si estamos en un momento donde no tenemos los recursos o no tenemos las destrezas para manejar los conflictos, podemos ver que las relaciones se deterioran aún más y dejan de ser fuente de apoyo, y lo que se provoca es un mayor distanciamiento”, dice la psicóloga clínica.

Además, estas situaciones pueden afectar el sentido de bienestar de las personas, lo que puede manifestarse de diferentes maneras, que incluyen desde cambios en el estado de ánimo y los niveles de tensión, hasta presentar emociones negativas más frecuentemente.

¿Cuándo se deben resolver los conflictos?

Típicamente, las festividades no son el mejor momento de dilucidar los conflictos porque en ese momento, el enfoque debe ser la motivación de las fiestas, resalta la doctora Matos Román, ya que, usualmente, los conflictos que surgen en el interior de la familia son conflictos con una historia prolongada que tampoco se van a resolver en ese momento.

“Los conflictos claramente tienen que tener su espacio y, dependiendo de la naturaleza del conflicto y cuán intenso sea, se pueden organizar otras reuniones para dilucidarlo”, subraya la psicóloga clínica, al mencionar que, de la misma manera, dependiendo de las personas involucradas, tengamos que buscar ayuda, ya sea solicitando los servicios de un profesional como un consejero familiar, un psicólogo, un ministro o un sacerdote. 

Recomendaciones prácticas

  1. Para resolver un conflicto ayuda identificar claramente cuál es el conflicto, porque teniendo más claro el problema, podemos identificar alternativas para solucionarlo. A nivel familiar se debe discutir cómo cada una de las partes ve el conflicto, qué fue lo que pasó y cómo les afectó esta situación. No ayuda que se estén echando culpas ni los reclamos.
  2. Si las partes están de acuerdo y se define bien el conflicto que se está trabajando, se pueden discutir cuáles son las diferentes alternativas para solucionarlo y establecer un plan de acción, que dependerá de la naturaleza del conflicto.
  3. En la buena discusión, es posible que se puedan establecer algunas iniciativas de solución de problemas, pero también puede ser que necesiten a alguien más, que puede ser desde un consejero familiar, un psicólogo, un ministro o un sacerdote, hasta un familiar que haya mostrado la capacidad de mediador en otras ocasiones.
  4. Para resolver el conflicto, siempre busca la solución que propenda en el bienestar de todas las partes involucradas.
  5. Hay momentos que uno se puede dar el permiso de decir que no. “Hay momentos en decir que no es importante, porque a veces los conflictos surgen porque, muchas veces se ha dicho que sí a situaciones en que realmente se hubiera querido decir que no”. No se trata de huir o escapar al conflicto, sino más bien tomar decisiones que sean producto del análisis y no de una decisión impulsiva.
  6. Durante las festividades, sabemos que hacer muchas cosas cuesta. Por eso, se debe establecer un presupuesto realista para evitar que se generen conflictos cuya base sea financiera.
  7. Evita hacer del conflicto tu centro de atención. Se le puede dedicar tempo y atención al conflicto, pero también se le puede dedicar atención a otras actividades, a los niños, a la pareja y al trabajo. Hay que reconocer que el conflicto no lo es todo y dedicarle todas nuestras energías no va a resolverlo.
  8. El descanso es vital. En las festividades, a veces hay tanta tensión en el ambiente, que ni siquiera hay suficiente tiempo para descansar. Si el descanso se afecta, se desregula el organismo y se dispara la tensión. No es lo mismo enfrentar el conflicto en un momento en que el estado de ánimo es positivo, a hacerlo desde la vulnerabilidad.
  9. Los niños y los adolescentes también deben descansar bien para evitar rabietas y estados de irritabilidad que puedan generar conflictos en la unidad familiar.
  10. Trata de observar todo en su justa perspectiva. Recuerda que algunas personas que hoy provocan un conflicto pudieron haber enriquecido tu vida en otro momento. Hay que tratar de ver el panorama completo. Si te enfocas solo en el conflicto, dejas de ver las otras cosas y personas que enriquecen tu vida.
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