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Decisión de familia

¿Colecho o no colecho?

Este debate no se trata de dormir exclusivamente en la cama con los padres, sino que el bebé duerma en otra cama o cuna en la misma habitación

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Al colechar las interacciones de los padres con el bebé tienden a ser más profundas. (Aditya Romansa / Unsplash)
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Luego del nacimiento de un bebé cambian las responsabilidades, las rutinas, las horas de sueño y descanso de los progenitores. Por esto, colechar, tener al nuevo retoño en la misma habitación les ayuda a compartir el sueño a la vez les permite estar más alerta a sus necesidades. 

Colecho no se trata de dormir exclusivamente en la cama con los padres, sino que el bebé duerma en otra cama o cuna en la misma habitación. Aunque este ha sido un tema que tiende a generar debate con relación a las ventajas versus los riesgos, a la larga son los padres quienes, basados en sus situaciones particulares, finalmente deciden.

“Al colechar las interacciones de los padres con el bebé tienden a ser más profundas, que cuando el bebé está en otro cuarto, y pueden estar más alerta a sus necesidades. Para las madres lactantes es mucho mejor por la cercanía e incluso le ayuda en la producción de leche materna. Aparte de que los papás descansan mucho mejor, son de gran importancia los vínculos de apego que se crean, porque el colecho es una de las bases de lo que es la crianza, es un apego”, explica Fermina Liza Román, psicóloga perinatal.

Si bien menciona que las investigaciones indican que colechar reduce el riesgo de muerte súbita en un 50 % porque los padres están más alertas, la especialista aclara que no es para todo el mundo. “Un colecho seguro, si el bebé va a dormir en la misma cama, no debe haber almohadas ni frisas; los padres no deben estar obesos ni consumir alcohol o medicamentos. Todas esas cosas son riesgosas para un bebé que duerme en la misma cama. Sin embargo, hay opciones como las cunas colecho, que van pegadas a la cama”, subraya Román.

Por otro lado,  Gerardo J. Tosca Claudio, pasado presidente inmediato de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría (SPP), enfatiza que “la Academia Americana de Pediatría habla de que podrías compartir la habitación, pero manteniendo al bebé en una cuna o cama aparte y no en la cama de los papás porque hay riesgos que pueden proceder. Podríamos quedarnos dormidos y asfixiar al bebé con nuestro propio cuerpo o con sábanas sin darnos cuenta”. Asimismo, señala que siempre los niños se deben acostar a dormir boca arriba hasta cumplir el año, para así evitar riesgos de muerte súbita.

“Preferimos que el bebé esté en su cuna, especialmente en un matre firme, no uno blando. Ellos tienen que estar más flats en algo más firme. Tampoco se deben acostar en camas de agua, pues son muy blandas”, añade Tosca Claudio, quien además es miembro del Comité Ejecutivo del Capítulo de Puerto Rico de la Academia Americana de Pediatría.

De otro lado, la educadora en lactancia Tania L. Meléndez indica que dormir con el bebé no solo es una opción, sino que es la mejor forma de tener paz y descanso para una madre en su posparto, entre otros beneficios. 

“El colecho te da la oportunidad de disfrutar de tu bebé, acariciarlo, olerlo, besarlo, fortalecer hasta su sistema inmune y regular su respiración. Hacer colecho y el tiempo que deseas hacerlo es una decisión personal de cada madre y padre. No hay tiempo ni hay prisa; es cuestión de tener la oportunidad de disfrutar esa cercanía y contacto por un tiempo regalado de la vida, que no vuelve. El colecho es un acto humanizado y completamente normal, con opciones seguras”, expresa Meléndez, portavoz de Lactancia y Crianza con Apego en Puerto Rico. 

¿Hasta cuándo?
De acuerdo con la psicóloga perinatal, se trata de una decisión de familia. “Ambos padres deben estar en la misma página, así evitamos lacerar la relación en términos de problemas matrimoniales. Muchas veces papá no está de acuerdo con que tengamos al bebé en la cama. Deberíamos buscar ese happy medium y sopesar los beneficios, que son muchos. Una vez los papás deciden practicar el colecho, realmente hasta cuándo dejar de hacerlo también es una decisión de ellos. Algunas investigaciones sugieren que lo ideal es hasta los cinco años, cuando están en esa transición de ir a las escuelas, mientras que otras dicen que a los tres años. O sea, que desde los tres a los cinco años, de acuerdo con las investigaciones, es que tal vez se pueda hacer la transición”, concluye Román. 

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