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Mami, papi, ¡la tierra tiembla!

Cómo actuar con nuestros hijos antes, durante y después de un fenómeno de la naturaleza

Ante la nueva realidad que vive Puerto Rico, es necesario estar preparados, incluyendo a los niños

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Es importante crear un sentido de seguridad entre los niños. (Archivo)
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Por la posición de Puerto Rico dentro de la zona del trópico, los huracanes forman parte de nuestra historia. Igualmente, estamos ubicados en una región telúrica, por lo que estamos expuestos a que ocurran terremotos que, a su vez, pueden desencadenar tsunamis.

Ante esta realidad, lo que tenemos que hacer es estar preparados, incluyendo a los niños.

Antes de que ocurra…

La doctora Amarilis Ramos-Rivera, presidenta del Grupo de Servicios Especializados en Psicología e Integrativos (SEPI) indica que, desde hace tiempo, en Puerto Rico se está hablando sobre la importancia de tener un plan familiar ante una eventualidad de la naturaleza y una mochila de emergencia para cada miembro de la familia.

“Nos tenemos que sentar a discutir juntos, incluyendo los niños, sobre ese plan familiar. La opinión y sugerencias de todos son importantes. Esto le crea al niño una sensación de seguridad, de que, ante alguna eventualidad, cuenta con el apoyo de los adultos del hogar”, sostiene.

Además, dice que hay que hablar con el niño y explicarle, según su edad, sobre los diferentes fenómenos de la naturaleza.

“En internet hay libros y vídeos sobre estos fenómenos que podemos revisar para asegurarnos de que son cónsonos con la edad del niño. Estos sirven para que el menor conozca de qué trata cada uno y, a su vez, nos ayudan a desarrollar una conversación sobre el tema”, subraya.  

La interpretación que el niño le pueda dar a esa información es importante para saber cómo podría actuar de suceder el evento. “En estas conversaciones debemos darle un espacio para que él pueda preguntar y aclarar dudas”, agrega.

Qué hacer durante…

“La reacción del adulto será modelada por el menor. El adulto debe enviarle un mensaje de tranquilidad al niño, tanto verbal como en su forma de actuar”, aclara.

Ramos-Rivera explica que es normal que un niño, y los adultos también, sientan miedo y angustia cuando sucede un temblor. “En ese momento podemos validarle los sentimientos al niño ante sus temores e infundirle seguridad, diciéndole que va a estar bien, que todo pasará”, recalca. 

“Siempre le vamos a hablar de una manera pausada y tranquila y vamos a decirle que, como familia, vamos a seguir el plan de emergencia que tenemos”, añade.

La doctora recomienda que, en esos momentos de alta tensión, los padres o cuidadores abracen a su hijo o hijos. “Esa muestra de apoyo físico es importante. Le va a dar más seguridad”, afirma.

Y después…

“Ante cualquier escenario, si un niño tiene síntomas de ansiedad y miedo, no debemos pedirle que sea fuerte. Es un momento vulnerable para todos, es razonable sentirse mal y triste. Sentir temor es una reacción normal ante cualquier peligro que amenace la vida o el bienestar de las personas”, plantea.

El temor que siente el niño puede persistir algún tiempo, aunque no lo manifieste. “Debemos permitir que el menor se exprese cuando se sienta listo y de la manera que desee, ya sea a través de un dibujo o juego. Hay que dejar que el niño se sienta libre de hablar sobre sus temores”, abunda.

La sensación de apoyo y de sentirse miembro de una familia va a ayudar al menor a superar sus temores. “Por eso es bueno que el niño pueda sentir que ayuda. Si en el hogar hubo daños, hay que permitirle —velando por su seguridad— que ayude a recoger cosas caídas. Esto le va a dar un sentido de pertenencia”, aconseja.

Es importante evitar los accesos que el menor pueda tener a los medios de comunicación y redes sociales que hablen sobre el desastre que acaba de ocurrir. No debe sobreexponerse al niño a la temática del terremoto. 

La presidenta del Grupo SEPI aconseja que, según pasen los días, se continúe observando el comportamiento del menor para que, de persistir el trauma y requerir alguna intervención de un profesional, poder brindársela.

Como consecuencia de los sucesos recientes, es normal que el menor quiera dormir con los padres. “Es natural que el niño desee estar cerca de sus padres y viceversa. Por eso, es bueno flexibilizar ciertas reglas en esos momentos, de modo que el niño sienta que sus padres están cuidándolo. Poco a poco vamos a llevarlo a la normalidad y a preguntarle si está listo para ser más independiente”, precisa. 

Si hubo daños físicos al hogar o por alguna otra razón la familia se tuvo que transportar a un refugio, Ramos-Rivera sugiere realizar actividades para mantener la calma y la distracción del menor.

Hay un proceso que tenemos que procurar como padres o cuidadores, y es proveerle seguridad y bienestar al niño. No importa en qué circunstancia estemos, debemos buscar la manera de reestablecer una rutina para que el niño pueda volver a sentir tranquilidad”, abunda.

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