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Padres empáticos y comprensivos

¿Cómo explicarles la separación a los niños?

La separación de los padres constituye una etapa muy dolorosa para todos en la familia. Por ello, no resulta fácil elegir las palabras apropiadas para transmitir a los hijos lo que se siente y lo que significa

  • Por El Mercurio / GDA
  • 11 MAR. 2020 - 10:33 AM
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Los cuidados de la primera etapa son fundamentales, por lo tanto, la crisis de la separación demanda que los niños sean tratados con sumo cuidado y ternura. (Unsplash)
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La separación de los padres constituye una etapa muy dolorosa para todos en la familia. Por ello, no resulta fácil elegir las palabras apropiadas para transmitir a los hijos lo que se siente y lo que significa.

Por otra parte, los padres deben prestar atención a las respuestas que los niños tendrán y cómo contenerlos luego de haber recibido la noticia.

Los años que siguen a la separación conllevan un proceso complejo de reorganización familiar y personal. En consecuencia, los padres deben ser empáticos y comprensivos con los sentimientos y necesidades que surgen en los hijos a partir de los cambios provocados por la separación en su familia.

Como ocurriría ante cualquier mala noticia, una de las respuestas espontáneas de los niños puede ser quedarse inmovilizados y confundidos, sin dimensionar lo que implica la separación de sus padres.

Es posible que los hijos se cuestionen por qué les ha ocurrido esto a ellos y sientan miedo del futuro, inseguridad sobre el cuidado que recibirán y temor a perder el cariño de sus padres. Incluso en casos en que han existido peleas y conflictos previos a la separación, los niños preferirían que sus padres permanecieran unidos y se quisieran.

Esta fantasía de reconciliación suele acompañar a los hijos de padres separados durante un tiempo considerable.

Es muy importante respetar los tiempos de asimilación de los niños. Los padres llegan a la situación de divorcio o separación después de que se ha producido el divorcio emocional en la pareja. En consecuencia, al menos uno de los padres ya ha labrado la idea de la separación y se imagina una vida solo con los hijos.

En este proceso de anticipación de escenarios posibles, los adultos barajan alternativas que sirven de guía en la toma de decisiones respecto del cuidado y protección de los hijos durante el proceso de separación.

Cuando la decisión está tomada y la separación es inminente, es mejor decir la verdad en forma inmediata, buscando escoger fechas que no tengan un alto significado emocional, como la Navidad o el cumpleaños de algún miembro de la familia, para evitar que quede anclada la fecha con la mala noticia de la separación.

Los niños son extraordinariamente sensibles a las claves emocionales de la relación de sus padres, y mantenerlos en la incertidumbre les resta confiabilidad hacia ellos. Lo más importante es ser reiterativos y consistentes en decirles a los niños que el amor que les tienen no está en juego.

Comunicar una separación no es una buena noticia, y por lo tanto no hay que tratar de convertir un hecho que es doloroso y difícil en algo trivial. El tono emocional debe ser coherente, evitando utilizar mecanismos de minimización y negación. Si hay algún compañero o primo que haya pasado por la experiencia, puede ser positivo hacer referencia a ello. Al niño le duele sentirse diferente y ello le permitirá sentir que no es el único en esta situación, y le abre una puerta para compartir sus sentimientos con alguien de su edad.

Emilio, de diez años, comentaba que su prima Gloria, cuyos padres también están separados, lo alentaba diciendo: "Al comienzo fue muy difícil, pero ahora la casa está más en paz y encuentro que tengo más papá que antes, porque cuando está con nosotros, está con nosotros. Verás cómo te acostumbras".

No se trata de ocultar los sentimientos, pero sí de autorregularse y moderar las expresiones.

La mayoría de los padres se pregunta "cómo lo digo", y parece lo más difícil de hacer. Sin embargo, una de las claves para expresar la noticia a los niños más pequeños está en el contacto corporal.

Los bebés menores de un año, a no ser que existan razones fundadas como algún trastorno psiquiátrico grave para que no tenga contacto con uno de sus padres, deben tener continuidad en el contacto físico con sus figuras parentales.

Por razones de edad, los niños pequeños necesitan de contextos seguros para desarrollarse, y por eso es bueno que permanezcan en un ambiente conocido y familiar, sobre todo durante la noche. El dormir en una casa diferente, sin la presencia de su figura de apego principal, habitualmente la madre, puede intensificar la ansiedad de separación.

A continuación, citamos el párrafo de un libro donde se expresa en parte esta idea, aludiendo más bien a las diferencias en la relación entre padre y madre respecto de los hijos, dada la distancia física y emocional que experimentan desde el desarrollo prenatal.

"Existe una distancia con el padre que no se da con la madre. Al comienzo de nuestra vida, los padres están necesariamente un paso por detrás de la madre. Con nuestros padres no tenemos una vida intrauterina, no salimos de su cuerpo al nacer, no nos alimentamos de su pecho. Aunque olvidamos la mayor parte de nuestra tierna infancia, en nuestro interior permanece la importancia de esos días, los primeros intercambios entre la madre y el bebé, el vaivén que te acuna, la sensación de ser mecido en unos brazos, de ser observados, arrullados. Por el contrario, el padre entra en escena desde un lugar diferente. Como dice la psicoanalista Jessica Benjamín, el padre es alguien apasionante, su papel suele ser diferente al de la madre y más excitante para el niño".

A los dos años los cuidados de la primera etapa son fundamentales, por lo tanto, la crisis de la separación demanda que los niños sean tratados con sumo cuidado y ternura. Tómelo en brazos y dígale algo como lo siguiente: "Tú sabes bien que el papá y la mamá te quieren mucho, ¿cierto?". Dele un beso. Espere un rato y continúe: "...pero el papá y la mamá a veces se pelean mucho y quieren vivir en casas distintas, pero te seguimos queriendo igual".

En los días siguientes, cuide mucho el ser muy expresivo emocionalmente, tanto desde las palabras como desde los gestos. Serán días difíciles para él y para usted. El padre que no vive con el niño debe tener la precaución de mantener mucho contacto con el niño para no interrumpir el proceso de apego. Abrácelo y dígale: "Yo estaré siempre junto a ti, eres lo que yo más quiero en el mundo".

Ha de aclararle que su papá seguirá queriéndolo y vendrá a visitarlo. También, la mamá puede pasarle al niño un oso de peluche que el papá le había traído de un viaje y que al niño le gustaba mucho. En esta etapa los peluches son objetos transicionales de apego, que ayudan a restablecer la seguridad y confianza en momentos de estrés para el niño.

Las palabras y los gestos que el niño recibe en situaciones de crisis quedan grabados en su memoria emocional y son muy significativos para elaborar la crisis.

A los tres años son válidas las mismas indicaciones que para los niños menores, pero es probable que el niño haga más preguntas. Es importante reiterarle, el día que se le da la noticia y los posteriores, que ambos padres lo seguirán queriendo y seguirán con él siempre que lo necesite. El niño reaccionará probablemente con un: "!No quiero, no me gusta¡", "!Es que yo no quería¡". A pesar de la pena del niño, no aliente falsas esperanzas si no las hay. Es importante que los adultos, a pesar de sus conflictos personales, estén en esta etapa atentos a las necesidades de los niños. No descarguen sus emociones negativas de adultos con los hijos, y reitérenles con frecuencia cuánto y cómo los quieren.

Carolina, de tres años, estaba muy enojada con todo el mundo: sus papás, su nana y los niños del jardín. Traspasar la barrera emocional que la niña ponía para expresar el afecto fue una tarea difícil. Aquí se instruyó a la madre para legitimar las emociones de la niña diciéndole: "Entiendo que estés muy enojada, sé que estás triste, ¿quieres conversar de eso o quieres llamar a tu papá?". El contacto por celular con el papá ayudó a que la niña se sintiera comprendida, confirmando lo que sus padres le habían dicho: "Seguiremos siendo tus papás y estaremos contigo porque te queremos mucho".

En la etapa de los cuatro años también es importante indicar con claridad cuáles serán los cambios más inminentes luego de la separación. Dónde vivirán y con quién, con qué frecuencia tendrán visitas con el otro padre. Es necesario confirmarles que cuentan con ambos padres para comunicarse y responder a sus preguntas y necesidades, aun cuando uno de los padres ya no viva con ellos. Es importante que los adultos, a pesar de sus conflictos personales, puedan expresar su afecto y contención incondicional hacia sus hijos.

A los cinco años se sugiere comenzar preguntando a los hijos si han notado que han ocurrido peleas entre sus padres, y desde ahí plantear que, aunque los papás los quieren mucho, a veces es mejor dejar de vivir juntos y así lograr mayor tranquilidad en la casa. Es importante que ambos padres sean muy afectuosos y cercanos a los niños en esta etapa, y estén atentos a percibir y clarificar los sentimientos que puedan sentir los niños. Se debe poner especial atención a los sentimientos de culpa y de frustración.

Una niña de cinco años le decía a su madre: "¿Se separarán igual que mi tía Claudia?". "Sí, pero en nuestro caso el papá no se irá al extranjero y nosotros tampoco. Todos seguiremos viviendo en este mismo país y podremos vernos muy seguido", fue la respuesta.

A los seis años lo que se les dice a los hijos puede ser lo mismo que las etapas anteriores. Algunos padres prefieren dar la noticia en forma conjunta, pero a veces se tiene más libertad emocional si se hace de uno a uno. Lo importante es que la versión que den ambos padres sea semejante. Expréseles su afecto incondicional y esté dispuesto a responder las preguntas que los niños puedan tener.

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