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Cinco recomendaciones

Cuando el divorcio llega tras 20 años de matrimonio

Una vida juntos y de pronto son dos extraños en la misma casa. ¿Puede esto prevenirse? Conoce los argumentos de una experta en parejas

  • 21 SEP. 2019 - 07:00 AM
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Unas de las causas que podrían llevar al divorcio incluyen conflictos por diferentes razones, como disconformidad sexual, diferencias en la crianza y metas de vida que ya no son compatibles. (Shutterstock)
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Carlos Javier y Verónica eran un matrimonio ejemplar. Siempre juntos, cómplices en la vida, en lo bueno, en las dificultades, en la salud y en la enfermedad, una pareja que empezó su historia de amor cuando ella tenía 22 años y él 25.

Procrearon dos hijos y pese a los altibajos siempre se notaba el amor. No ese tipo “amor” de abrazos y palabrerías bonitas cuando están entre amigos; sino ese que se nota en la mirada, cuando uno termina la frase del otro, cuando comparten la comida, cuando conocen los gestos. Para ellos, su secreto era la comunicación.

Ese tipo de amor genuino que parece extraído de un cuento existe y es real, pero también termina. A pesar de su buena comunicación, cuando se encontraron en un hogar solos, Carlos Javier sentía un hambre inmensa por conocer el mundo y Verónica apostaba por descansar de tanto ajetreo. Prefirieron transformar su amor y separarse.

Para Marilyn Rodríguez, psicóloga clínica con consulta en Santurce, existen diferentes causas que pueden llevar a una pareja de dos décadas o más a tomar la decisión de divorciarse, pero, hablando en general, por su experiencia en la terapia clínica, afirma que la comunicación suele ser la pieza que se fragmenta para ocasionar la mayoría de las rupturas.

“Llega un punto en el que las personas se acostumbran a la rutina y no se enfocan en comunicar sus emociones, sino en lo que tienen que hacer en el día a día”, señala Rodríguez, para agregar que, en esta dinámica se va perdiendo la comunicación, mientras crece la incompatibilidad.

“Escogemos a nuestra pareja para que nos acompañe durante la vida, no es solo por el ejercicio de unirnos”, precisa la psicóloga clínica, quien menciona que la falta de emociones compartidas y de hablar de lo que siente y de lo que es cada uno como persona provoca que el amor vaya disminuyendo.

“La comunicación es clave, pues no solo comunicas amor, sino también otras emociones. Si eso se pierde con el tiempo, ¿qué te queda con la persona? Solo la rutina”, analiza Rodríguez, quien menciona otras causas comunes para las rupturas entre parejas que llevan muchos años casadas, aunque, ciertamente, no son privativas de quienes llevan más años de relación.

Si el dinero mata el amor
El factor económico, alega Rodríguez, es uno de los elementos que podría afectar la estabilidad de la pareja, sobre todo si pierden el enfoque de cómo manejar la comunicación ante una situación que involucre dinero.

Por ello, si estás en competencia con tu pareja por ver quién gana más, si te molesta que tu pareja gane más que tú, si atraviesan estrechez económica y eso los lleva a discutir, o si enfrentan cualquier otra situación relacionada el ingreso del hogar pueden aflorar sentimientos de vergüenza, miedo y resentimiento que laceran la relación irremediablemente.

En este caso, aunque la causa de las diferencias parece ser solo de índole económica, Rodríguez recalca que la comunicación es la base de todo. Por esto es indispensable conversar. De esta manera, mediante la comunicación abierta y franca, pueden establecer un plan en el que ambos tengan participación.

Otras causas que podrían llevar al divorcio, según la experta, incluyen conflictos por diferentes razones, como disconformidad sexual; diferencias en la crianza y metas de vida que ya no son compatibles. Según la psicóloga clínica, cuando un miembro de la pareja quiere lograr más, mientras el otro se estaciona en el conformismo, aunque ambos estén bien, una vez más, se afecta el flujo de la comunicación. Si a esto se añade la diferencia de edad que puede ocurrir en ciertos casos, se abren brechas que requerirán voluntad y mucha comunicación entre la pareja.

Ese fue el caso de Diana y Alberto, quienes, luego de 23 años de matrimonio, se separaron. La decisión la tomó ella. Cuenta que, cuando se casaron, ella solo tenía 20 años y él le llevaba 16.

“Cuando lo conocí, me pareció interesante y, siendo joven e inexperta, no pasó mucho tiempo para que me enamorara”, comparte la madre de dos varones, Carlos Alberto, de 22; y José Alberto de 20. Sin embargo, según pasaron los años, las cosas en común fueron disminuyendo, mientras que las diferencias aumentaron. Acepta que, aunque trató de mantener la relación por sus hijos y hasta llegó a conformarse con la falta de muestras amorosas y de conversación con Alberto, el hastío y el desamor colmaron su copa.

“Dejé de hablarle y vivíamos como dos extraños en la misma casa”, recuerda. Si bien trató de convencer a Alberto para tomar terapia de pareja, él no quiso. En su caso, sintió impotencia, tristeza, rabia y, por último, logró la determinación para dar el paso definitivo: el divorcio.

Pero, como indica la doctora, no existe una regla de cómo se van dando las etapas que llevan al rompimiento en cada relación.
“Muchas veces, las partes comienzan a darse cuenta de que algo no va bien, se sienten ansiosos, se van irritando. Unos se quedan en silencio y no dicen nada, mientras que otros van rechazando la dinámica que se da”, explica y añade que luego llega un punto donde la tensión se torna insostenible.

En estos casos, abunda, los individuos intentan encontrar una salida de escape a sus sentimientos de frustración, por lo que algunos deciden trabajar más para no estar en la casa o salir más a menudo con los amigos, mientras que otros se entregan al ejercicio físico en el gimnasio, por ejemplo.

“Aunque algunos lo confrontan, otros buscan evitar el tema para no tener que dialogar”, comenta, a la vez que expone que, en su práctica, muchas personas buscan ayuda del psicólogo para aminorar los daños y tratar de que el ambiente en el hogar mejore. El objetivo, es claro. “Queremos que la relación perdure, pero si la situación que estamos viviendo es demasiado tensa, es necesario buscar ayuda profesional”, expone.

Los cambios son difíciles
“Sin importar la edad, cuando las personas se casan, tienen expectativas de que la relación dure, pero cuando hay una separación después de tanto tiempo, el efecto es bastante amplio, ya que no solo afecta a los dos individuos, sino también a los hijos, si los tienen; a la familia y a los amigos”, dice la doctora, mientras resalta que, en muchos casos, el rompimiento de una relación larga también implica el rompimiento con esa familia y hasta con las amistades que se crearon en común.

“Estamos hablando de que estas personas compartieron su vida y sus gustos, así como cosas negativas y positivas. Independientemente de la razón de la separación, es difícil porque se necesita madurez emocional para manejar los cambios y las emociones que traen estos cambios”, subraya.

Buscar ayuda es de sabios
Sin embargo, para Rodríguez, hay que discernir si se necesita ayuda para replantear hacia dónde van como pareja y como individuos, y cuáles son sus metas.

Cuando el divorcio es un hecho, es común que surjan interrogantes en cuanto a si tendrán parejas nuevamente, después de tanto tiempo, y cómo manejar las emociones.

No obstante, la psicóloga clínica recomienda permitir que las cosas fluyan sin antagonismos y buscar ayuda profesional.
“Independientemente de cómo se maneje emocionalmente la situación y de cómo se acepten los cambios, el proceso dependerá de cuán emocionalmente madura esté la persona”, expone Rodríguez, al afirmar que las crisis traen cambios y cada quien decide hacia dónde va con ese cambio.

“Sentarnos a analizar cuáles fueron las fallas, que no siempre podemos controlar, no es un proceso saludable. Pensar en ‘qué hice mal’ está bien por un tiempo, pero tenemos que movernos hacia qué vamos a hacer ahora con esta situación”, asevera.

“Debes entender que la falla no está en ti, sino la dinámica entre la pareja; entender que no todo lo podemos controlar y plantearnos qué aprendimos de esta experiencia y hacia dónde vamos con nuestras nuevas metas, desde lo que sabemos de nuestras emociones y desde lo que podemos manejar nosotros mismos, pues somos los que más nos debemos amar”, asegura.

“Necesitamos amor propio, pues sería injusto acusarnos a nosotros mismos por la ruptura”, plantea Rodríguez, para decir que, en esta dinámica, se debe evitar ver la terapia de pareja como la panacea que sirve solo para salvar relaciones, sino también como una herramienta que trabaja la separación saludable, si se llega a ese punto donde la ruptura es inevitable.

Cinco recomendaciones

  1. Comenzar a enfocarse en sí mismo. Muchas veces, se está tan enfocado en la relación, en el trabajo o en los hijos y se pierde de perspectiva que también hay que autocuidarse, alimentándose bien, distrayéndose, haciendo ejercicios y reconectándose con amigos y familiares.
  2. Buscar ese nuevo yo, asumiéndolo y aceptándolo.
  3. Establecer una estrategia de manejo emocional.
  4. Si la persona entiende que no puede manejar la situación, considerar la ayuda psicológica como un elemento importante para aminorar el daño y tomar la decisión más saludable para ambos.
  5. Aunque, en parte, el sufrimiento resulta ser inevitable, el proceso puede ser aleccionador si se realiza con madurez emocional, salvaguardando la integridad física y emocional de las partes.
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