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Recomendaciones para evitar ciertos comportamientos

Deja que tus hijos luchen por sus metas

Controlarlos y hacerles la vida más fácil para que no sufran puede hacerles creer que son infalibles y que el mundo debe girar alrededor de ellos

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El proceso de admisión a una universidad es de muchas presiones, además de ser una transición importante en la vida de los jóvenes que causa estrés e inseguridades. (Shutterstock)
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Es posible que en más de una ocasión hayas escuchado o conocido a padres que se desviven por hacerles la vida más fácil a sus hijos “para que no sufran lo que yo sufrí”. Esto incluye prepararles las asignaciones, lograr que lleguen a su escuela con el proyecto más vistoso y que sean los primeros en sus asignaturas o los mejores deportistas. 

Y es que, al parecer, la presión social por lograr el éxito —que muchas veces se ve como sinónimo de ganar mucho dinero—, la competitividad y la ambición por una mejor posición social, hace que algunos padres hagan lo indecible para que sus hijos sean o parezcan exitosos, aunque no tengan los méritos para ello.

Es, posiblemente, el caso reciente de dos conocidas actrices norteamericanas, Lori Loughlin y Felicity Hoffman, quienes pagaron enormes sumas de dinero para que sus hijas fueran admitidas en prestigiosas universidades. De hecho, junto a ellas, más de medio centenar de millonarios y famosos en Estados Unidos fueron acusados de sobornar a empleados de reconocidas universidades, como Georgetown, Yale o Stanford, entre otras.  

El “modus operandi” se basaba en modificar las pruebas académicas de admisión de aquellos hijos cuyos padres habían pagado o se creaban perfiles falsos de adolescentes atletas que, en realidad, no tenían ninguna habilidad deportiva. 

Por ejemplo, se dice que Felicity Hoffman abonó uno 15,000 dólares para que se modificara el examen de su hija mayor. Mientras que Lori Loughlin y su esposo, el diseñador de moda Mossimo Giannulli, también acusado por la fiscalía, habrían acordado pagar medio millón de dólares para que sus dos hijas fueran incluidas en el equipo de remo de la Universidad del Sur de California, aunque ninguna de ellas era remadora. Sin embargo, ambas fueron aceptadas en esa universidad.

En Puerto Rico, hasta ahora, no se ha destapado un entramado de fraude de ese tipo. Aunque, según algunos, aquí se da más la costumbre de recurrir a una “pala” o padrino dentro de la institución que ayude a que los hijos sean admitidos. Pero, generalmente, estos estudiantes cuentan con las credenciales necesarias.

“Siento que todo esto es a causa de la presión social que existe, ya sea por parte de los padres, los estudiantes y las mismas universidades. Se le ha dado demasiada cobertura a través de los medios sociales al proceso de ser admitido en una universidad”, expone Nicole Colón, consultora independiente de universidades, quien ayuda a encaminar a los estudiantes desde tan temprano como noveno grado para que trabajen en todo lo que necesitan para ser admitidos en universidades, principalmente, en Estados Unidos. 

Según Colón, cuando los padres comparan sus experiencias para entrar a la universidad con la de sus hijos, se dan cuenta que ahora es mucho más competitivo y que todo ha cambiado. Una situación que, en algunos casos, podría tentarlos a buscar opciones ilegales como las que ocurrieron en Estados Unidos.

“Ahora los estudiantes necesitan más credenciales, tienen que escribir ensayos, enviar un resumé y crear un perfil completo de todo lo que ha hecho desde noveno hasta cuarto año. Y cuando (los padres) ven que sus hijos no lo tienen, hay desesperación y llegan a hacer este tipo de soborno. Es terrible que esté sucediendo, pero no es nuevo, esto lleva pasando tras bastidores desde hace mucho tiempo”, sostiene Colón, tras poner el ejemplo de Asia, donde dice que hay agentes profesionales que se dedican a eso, con unos costos muy altos. 

La consultora también aclara que en Puerto Rico el proceso de admisión en una universidad es muy diferente al de Estados Unidos. Aquí, por ejemplo, hay un sistema en el que se calcula el promedio académico con las notas de los exámenes estandarizados que deben tomar los estudiantes. 

“En mi práctica profesional nunca he escuchado a un padre hablando de que tiene una oferta para que el hijo entre a una universidad en Estados Unidos, pero las presiones existen y creo que hay unos factores que podrían motivarlos a hacer lo que sea para que esos hijos cumplan el sueño de ellos o de sus padres”, opina Colón, quien cree que el riesgo de fraude siempre está latente.

“Aquí podría pasar porque, lamentablemente, la corrupción se da en todas las profesiones, aunque nunca he escuchado que haya pasado algo parecido a ese nivel en que se pagaron millones de dólares”, agrega Colón.

El ejemplo en casa
Se trata de una situación muy lamentable, opina por su parte la doctora en consejería profesional, Monsita Nazario Lugo, quien destaca que, siendo los padres los primeros educadores de sus hijos “deben fomentar en ellos actitudes positivas, enseñarles a ser resilientes y a luchar por sus metas de una manera justa, responsable y comprometida”. 

“He tenido la experiencia de encontrar padres que justifican comportamientos totalmente inaceptables de sus hijos y he visto también padres que discuten y manifiestan conductas retantes cuando sus hijos no tienen las notas que ellos quieren o no logran los primeros lugares en las graduaciones y /o cualquier premio o reconocimiento en diversos escenarios incluyendo los deportes”, subraya la especialista del Centro de Calidad de Vida. 

También tiene que ver, agrega Colón, el hecho de que muchos padres tienen falsas expectativas, ya sea del proceso de entrar a una universidad o querer que el estudiante sea algo que no es. Sin embargo, destaca que eso no quiere decir que los padres no se involucren en el proceso de admisión de sus hijos. “Los padres no se deben alejar del proceso, pero les deben dar espacio para que encuentren sus intereses”, recomienda, mientras destaca que le gusta trabajar de acuerdo con los méritos de los estudiantes. 

“Si no se hace así, esto puede manchar el perfil de ese estudiante para toda la vida, además de que no les estamos enseñando a ganar o a llegar a una meta por sus propios méritos”, advierte la consultora, mientras subraya que los padres deben preguntarse si vale la pena arriesgarse de esa manera.  
“Las consecuencias pueden ser cárcel, además de manchar toda la vida personal y profesional, tanto del estudiante como de los padres”, indica Colón, al recordar que en los próximos días se van a comenzar a radicar cargos criminales a todas las personas que se involucraron en esos actos de soborno en Estados Unidos.

Otras consecuencias
Cabe destacar que más allá del escarnio público y las posibles penas de cárcel o multas, estas acciones también tienen unos resultados nefastos en las vidas de los estudiantes. 

Según la consejera Nazario, también incide en su futuro y en su forma de ser porque “crecen sintiendo que pueden aspirar a la perfección, que son infalibles y que el mundo debe girar alrededor de ellos”. 

“Desafortunadamente no aprenden a ser personas luchadoras y resilientes. Se frustran con facilidad ante los obstáculos pues no saben enfrentarlos y reinventarse. No se conocen a sí mismos, no pueden identificar sus fortalezas y debilidades. Por lo tanto, su autoconcepto y su autoestima son deficientes”, explica Nazario, quien resalta que cuando esto pasa no logran desarrollar seguridad en ellos mismos y llegan a sentirse culpables por cualquier cosa. 

Además, pueden crear una dependencia de sus padres y, eventualmente, de su pareja o de otras personas ya que nunca aprendieron a valerse por ellos mismos. Esto, dice la consejera, les predispone a tener un estilo de vida disfuncional como profesionales, servidores públicos y/o sencillamente padres o madres de familia. 

“Aprenden a vivir aplicando el viejo refrán de que ‘el fin justifica los medios’, que se distancia mucho de lo que es una vida dirigida por los valores de respeto, responsabilidad, confiabilidad, justicia, bondad y civismo. Se exponen a caer en vicios o en conductas inapropiadas para lograr lo que quieren o por la frustración de no haberlo logrado”, advierte Nazario. 

De hecho, la consejera enfatiza que querer que tus hijos tengan las oportunidades que no tuviste, no debe llevarte a vivir la vida por ellos y tratar de evitarle pasar por experiencias de vida que son necesarias para crecer y madurar. 

“Lo que necesita es que camines a su lado, aconsejarlos, darles dirección para que aprendan a canalizar sus situaciones difíciles. Enseñarles cómo comunicarse de manera asertiva para que puedan lograr un buen manejo del conflicto en todos los escenarios de su vida. Darle un buen modelaje, enseñarles autocontrol y la importancia de buscar ayuda profesional cuando identifican que no pueden manejar alguna situación”, recomienda Nazario.

Otra consecuencia negativa, agrega Colón, es que esos jóvenes crecen pensando “que se lo merecen todo, que pueden comprar lo que deseen y que no importa lo que hagan, sus padres están ahí para sacarlos de cualquier apuro”.

La consultora también recuerda que el proceso de admisión a una universidad es de muchas presiones, además de ser una transición importante en la vida de los jóvenes que causa estrés e inseguridades. 

“Pero lo más que busco de mis estudiantes es que entiendan y se gocen el proceso porque van a estar expuestos a unas oportunidades.  Al final, busco que los estudiantes estén contentos con sus propios méritos y orgullosos de sus admisiones (en las universidades a las que aplicaron)”, añade Colón.

Evita ser un “padre o madre helicóptero”
Se trata de un estilo de crianza que en Estados Unidos se conoce como “helicopter parent” debido a que se pasan “levitando” o revoloteando alrededor de sus hijos, pendientes a protegerlos y resolverles cualquier problema que le surja.

Aquí algunas recomendaciones para evitar este comportamiento:

  • Los padres deben buscar ayuda para aprender herramientas que les permitan criar a sus hijos con amor, pero con disciplina y valores.
  • No dejarse llevar por el mensaje trillado de que no viene un manual para ser padres. Hoy  día existen miles de oportunidades para educarse y desempeñar el rol de padres de manera efectiva.
  • Invierte tiempo en tus hijos. Siéntente a propósito para tener conversaciones donde se hagan preguntas abiertas (aquellas que no se responden con sí o no), sino que promueven el diálogo.
  • Muchos progenitores caen en esa modalidad de padres helicópteros sin mala intención. No obstante, si pueden reconocer que la están llevando a cabo sería bueno que se orienten para que sepan de qué se trata y las consecuencias negativas que esto puede tener en sus hijos a largo plazo si se exceden de los límites. Una cosa es proteger a tus hijos, cuidarlos y guiarlos y otra promover que alcancen sus metas tomando ventaja de otros y justificando actitudes negativas, injustas e irresponsables. 

Fuente: Dra. Monsita Nazario Lugo

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