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Manejo de las diferencias

El respeto comienza en casa

Reconocer y validar las emociones de cada miembro de la familia, evita que el hogar se convierta en un “campo de batalla"

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Porque cada ser humano es diferente, prevalece la libertad de expresión y el respeto a ese derecho.
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Cada persona es un mundo, así que imagina la cantidad de ideas diferentes que existen. Expresarte con libertad sobre tus ideas es algo  tan valioso que hasta las constituciones que nos aplican lo defienden: está en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos de América y en el Artículo II de la Constitución de Puerto Rico.

De acuerdo con Amnistía Internacional —un movimiento global que cree en el poder de la gente y en la fuerza de la unión para conseguir que los derechos humanos se respeten en todo el mundo— la libertad de expresión implica poder comunicarnos y expresarnos libremente: un hecho fundamental para vivir en una sociedad justa y abierta.

En la vida diaria, los desacuerdos en las ideas, acciones o necesidades pueden generan conflictos. Estos son parte de la condición humana y de las relaciones. Desde personales, sociales, económicos, familiares hasta políticos, las discrepancias están por todos lados y a todas horas.

La comunicación es la herramienta por excelencia para aplacar el conflicto. De hecho, gestionada de forma correcta, es una oportunidad para provocar una acción asertiva.
Cuando las emociones están a “flor de piel” y el ambiente cargado, los desacuerdos se exacerban. Para que la comunicación no se debilite, escuchar es necesario, respetar también.

El hogar — la institución más importante de la sociedad— no está ajena a las diferencias de criterio, aun cuando sus miembros comparten un proyecto de vida común. Tal grado de intimidad puede lacerarse, precisamente, cuando realizamos que las diferencias son marcadas y, aunque cada individuo tiene derecho a su propio criterio, reconocer que no comulgamos la misma idea, a veces, duele.

Por ello, la directora de la entidad sin fines de lucro Familias CAPACES, la doctora Aysha Concepción Lizardi, enfatizó que “la caridad comienza en casa”.
La también profesora en la Universidad Albizu dijo que “independientemente de las ideologías que guíen nuestras acciones, las condiciones en el país, los eventos y la crisis en Puerto Rico, pueden ser terreno fértil para conversar en familia sobre tópicos importantes”.

Porque en cada situación de dificultad, siempre hay motivo para la reflexión, la doctora Concepción Lizardi hizo las siguientes recomendaciones:

1. Técnicas para la solución de problemas. Conversemos con nuestros niños y jóvenes sobre las consecuencias que tienen nuestras decisiones. Toda decisión supone una elección, y esta supone que habrá consecuencias; sean favorables o no, hay que enfrentarlas.

2. Dar prominencia a la honestidad. Cuando decimos la verdad, y hablamos de nuestros errores a nuestros seres amados, les damos ejemplo de transparencia. Aceptemos nuestras imperfecciones y asumamos las dificultades. Llevemos a cabo acciones afirmativas para superar dichas dificultades y enmendar nuestros errores. Solo así mitigaremos el daño infligido y, quizá, nos ganemos la confianza o el perdón.

3. Reconocer y hablar con los jóvenes sobre las emociones de todos en la familia. Sentimientos de desesperanza, coraje, frustración, decepción, confusión y tristeza en un momento difícil o ante una pérdida, amenazan nuestro equilibrio y nos hacen vulnerables. Pero no solo es importante reconocer y aceptar las emociones propias, sino las ajenas. Es, precisamente, en ese proceso de reconocer y aceptar con empatía las emociones ajenas, que la aceptación y el respeto adquieren su máxima expresión.

4. Reconocer la diversidad de valores, religiones, orientación sexual, prácticas, raza, género, mediante la acción. No promovemos la diversidad ni la dignidad de un ser humano cuando compartimos, hablamos y “jangueamos” con personas diferentes de nosotros, pero nos mofamos de estos a sus espaldas.

5. Conversar con nuestros hijos sobre la vulnerabilidad en que nos pone la tecnología cuando asumimos que lo que “hablamos” mediante “chateos” o redes sociales, es privado. Hoy, más que nunca, debemos invitar a nuestros hijos a tener cautela con lo que publican o comparten. No solo por el daño que esto puede hacer a otros, sino a ellos mismos.

6. Conversar sobre la democracia. Aprovecha para conversar con los jóvenes sobre la democracia y el estatus de un país mediante el llamado al voto. A corto plazo, aquí y ahora, nuestros jóvenes quieren resultados inmediatos. Rebelarse, ciertamente, es un llamado al cambio, pero debemos también enfatizar en el poder del voto a largo plazo. Motivemos a votar en las próximas elecciones y que asuman corresponsabilidad en los progresos y condiciones del país.

7. Adultos mayores. Préstales atención especial y conversa con ellos. Si vive solo, es posible que esté al tanto de las noticias y piense que sus hijos o nietos puedan estar en peligro. Es importante que le informes que todos están bien y seguros —estén participando o no en las manifestaciones. Igualmente, el adulto mayor tiene su opinión y, en ocasiones, los hijos son poco tolerantes o pretenden que asuma la misma postura que ellos. Las personas mayores también tienen sus propias opiniones y aquí no se trata de que sean iguales, sino de, primero, reconocer y validar sus puntos de vistas y sentimientos, de reconocer que tienen su propia opinión, y no tratar de convencerlos.

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