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Educación y crianza

Un vistazo al método Montessori y su impacto en Puerto Rico

Es una filosofía pedagógica que responde, con éxito, al ritmo natural de aprendizaje de cada estudiante

Mitos y realidades del método Montessori: aclara algunas ideas erróneas que se tiene sobre este tipo de educación.
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La dinámica en los salones Montessori puede asombrar a muchos porque, en varios aspectos, es muy distinta a la de un aula tradicional. La maestra no está parada frente a los alumnos sentados en sus pupitres, los chicos, evidentemente, no están en la misma etapa de desarrollo y ni siquiera hacen lo mismo durante el periodo de clases.

Es por esto que, a veces, se promueven mitos acerca de cómo funciona esta manera de enseñar creada por la italiana María Montessori a finales del siglo XIX, que se ha expandido alrededor del mundo.

Adamaris Zambrana Rodríguez, directora de la Escuela Juan Ponce de León en Guaynabo, resume que la base del método es la observación del niño con base científica, para proveerle una manera estructurada de aprender por sí mismo a su ritmo. Además, las escuelas Montessori no tienen grados sino niveles. En cada uno comparten niños agrupados cada tercer año de edad (0 a 3, 4 a 6 y así sucesivamente). 

Esta filosofía atiende las inteligencias múltiples, la manera de aprender de cada niño. Hay una educación diferenciada, a su ritmo. La ventaja de la diferencia de edades es que el proceso de aprender se da entre pares”, indicó.

Esto no significa que la guía —como se le llama a la maestra— es una observadora pasiva o que los alumnos hacen lo que quieren sin que se les exija cumplir con responsabilidades. Zambrana aclaró que este es uno de los mitos más comunes, pero la realidad es que “existe un orden y ellos lo saben”. Incluso, no está permitido utilizar materiales del salón sin que la guía se los presente antes al niño, o sea, le explique su propósito y modo de uso antes de que comience a explorar.

Zambrana contó que, antes de ser directora, fue maestra durante 23 años. Su entrenamiento en la metodología Montessori fue una iniciativa que tuvo cuando se dio cuenta de que “lo que estaba haciendo no era lo que el niño necesitaba” y quiso probar otra estrategia para enseñar.  A principios de los 90 fue parte del equipo que junto a otro grupo de educadoras, encabezado por Ana María García Blanco, estableció la primera casa del niño Montessori en el sistema público del país.

A lo largo de los años la directora ha sido testigo de la independencia y la capacidad de diálogo y análisis de los niños montessorianos.

“Veo jóvenes que pueden pararse a decir lo que sienten, cuestionándose su entorno y queriendo aportar”, dijo satisfecha.

El establecimiento de la primera escuela Montessori y el interés que generó en la comunidad hizo que en 2014 se formara la Secretaría Auxiliar de Educación Montessori (SAEM). Esta oficina dentro del Departamento de Educación que se encarga de manejar todo lo relacionado a la operación de las 45 escuelas públicas y cinco proyectos comunitarios con esta metodología poco a poco han ido naciendo en Puerto Rico y sirven a una matrícula de aproximadamente 12,000 alumnos.  

Estos planteles se han convertido en una alternativa atesorada, especialmente por miles de familias que de otro modo no podrían costear este tipo de educación para sus hijos.

Pienso que esta metodología explota el potencial que tiene cada niño. Que cada niño tiene una curiosidad innata y en este entorno él se mantiene motivado, contento, le fascina aprender y siempre está contento con su escuela”, explicó Adrielys Rodríguez, madre de Jeremy, un niño elocuente y simpático, de 12 años, que estudia en la Escuela Juan Ponce de León, en Guaynabo.

Lo más que le gusta a Jeremy de su espacio escolar es que puede ver concretamente los conceptos, gracias a los diversos materiales que utiliza para explorar las distintas materias. Pero, eso no es todo.

“Es que son muchas cosas... la tranquilidad, que puedo ver y transmitir. Me siento cómodo con mis maestros. Abarcamos muchas cosas”, señaló.

Por su parte, Rosa Elena Suárez Sierra, madre de Emiliano González Suárez, destacó que el método promueve la vida independiente y esta característica ha beneficiado mucho a su hijo, quien estudia en la Escuela Montessori Luis Lloréns Torres, ubicada en el residencial del mismo nombre.

“Las guías les presentan los materiales y cuando dominan un material pasan al otro. Ha sido muy bueno para mi niño estar entre mayores que le estimulan a aprender más y, con los pequeños, él practica la empatía, los ayuda y demuestra un gran sentido de solidaridad”, precisó la madre del pequeño de 6 años.

Deborah Aponte y Karmen Lebrón, contaron que sus hijos se han beneficiado de estar en escuelas Montessori porque han logrado alcanzar sus metas en la escuela a un ritmo que considera sus fortalezas y retos.

“Si mi hijo hubiera estado en la escuela tradicional quizás no le hubieran dado de alta, ya de sus terapias del habla, porque en Montessori no lo dejan en los dictados de 10 palabritas, sino que van más allá”, comentó la mamá.

Mientras, Aponte, madre de un estudiante de 11 años en la Escuela Montessori El Pasto, en Aibonito, dijo que el menor estuvo en un plantel privado hasta tercer grado y al comparar la educación que recibido en los últimos años está convencida de que prefiere el modelo montessoriano.

“He visto cómo el método le ha permitido a mi hijo tomarse un poco más de tiempo en escribir en cursivo, pero, al mismo tiempo, empezar a multiplicar fracciones. Tiene libertad con límites para aprender”, apuntó.

Los padres se expresaron a favor del Proyecto de Ley 479 establecería la eleva el programa Montessori a nivel de una secretaría en el Departamento de Educación. La pieza espera por la firma del gobernador para convertirse en ley.

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