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Incertidumbre por el coronavirus

Lidiar con sus emociones puede ayudar a los menores a ajustarse a las condiciones cambiantes

La ruptura abrupta de su cotidianidad y pasar a vivir en el encierro es un contexto que para ellos no es fácil

  • Por El Tiempo / GDA
  • 02 ABR. 2020 - 08:56 AM
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Los padres les transmiten a sus hijos seguridad ante la incertidumbre. (Shutterstock)
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En el último mes, la vida ha cambiado para todos. Niños y adolescentes se están enfrentando a un cambio brusco en sus rutinas, porque no pueden salir de casa y deben cumplir con una buena cantidad de compromisos escolares a diario.

"Es una ruptura abrupta de su cotidianidad y pasan a vivir en el encierro, un contexto que para ellos no es fácil. Aquí es donde pueden tener ciertas crisis, y recuerden que el miedo que perciben en nosotros los adultos, ellos lo representarán en un comportamiento disruptivo", dice la psicóloga Maribel Rendón, especialista en niños y adolescentes.

¿Qué emociones se pueden presentar?

"La primera es el miedo. Enfrentamos una situación que no conocíamos. El miedo en general nos ayuda a activarnos, a estar listos, atentos y preparados. Sin embargo, como estaremos un buen tiempo en casa para proteger nuestra salud, pueden desencadenarse otras emociones, como el estrés, que tiene repercusiones negativas como la ansiedad", explica Rafael Cendales, psicólogo.

En este contexto, es preciso entender que las emociones que surgen tienen sentido y cumplen una función, y lo primero que deben tener en cuenta padres y cuidadores es su validación, "porque están plenamente justificadas ya que permiten adaptarnos a situaciones cambiantes", apunta Cendales.

Es posible que se despierten emociones con las que no te había encontrado, "como preocupaciones económicas, el manejo del trabajo desde la casa, las nuevas rutinas y el temor a la pérdida de seres queridos, que tenemos todos y nos acompaña porque es inherente a los vínculos y que se puede exacerbar en estos momentos", explica Maribel Rendón.

Por eso, hace hincapié en que recuerden que "los hijos son un espejo de la propia emocionalidad. Si vemos niños asustados y expresando temores a la muerte, los adultos tenemos que reflexionar sobre nuestros miedos, incluso los que no verbalizamos. Los papás somos expertos en decir que todo está bien, pero estamos petrificados".

Es conveniente que, ante los temores de los más pequeños y de los adolescentes, los adultos se pregunten de qué manera ellos están lidiando con sus propios miedos y hacerse cargo. "Como padres también podemos admitirles a nuestros hijos que sentimos un poco de temor porque esta es una situación nueva que nos inquieta, pero que no se preocupen porque nosotros somos los adultos y nos hacemos cargo, tomando las medidas de prevención y cuidado", recomienda.

Cuando los adultos reconocen sus emociones y temores con asertividad, los niños se liberan y se relajan. Los padres son modelos para sus hijos y "se convertirán en la pauta por seguir, de acuerdo con la manera en la que actúen frente a cada reto en las relaciones en casa -explica Gisela Toro, fonoudióloga. Es necesario estar calmados y tener la mayor paciencia posible ya que los niños están a expensas de nuestras acciones, ellos seguirán ese camino".

Esto no quiere decir que no habrá momentos en que puedas expresar que estás cansado o abrumado. Pero [ermítele a tu hijo que exprese su emocionalidad. "Si se siente molesto o frustrado, anímalo a que lo manifieste no solo verbalmente, sino a través de gestos, actos y actitudes porque así pueden indicar la irritabilidad, miedo o angustia que están sintiendo", agrega Javier Mariño, psicólogo especialista en Desarrollo Humano con énfasis en Procesos Afectivos y Creatividad.

En los adolescentes, uno de los comportamientos típicos es expresar menos sus temores e incluso decir que los adultos están exagerando con el coronavirus. "Pueden presentar una tendencia a minimizar el asunto y tener respuestas más irresponsables", explica Rendón.

Todo depende de la personalidad de cada joven, y por eso también los hay más influenciables por la mirada adulta y que demuestran más temor y ansiedad frente a este cambio de dinámicas.

Es recomendable que los adultos revisen qué tipo de contenidos les comparten en casa, no permitir saturación de información de los noticieros y redes sociales, y verificar con ellos su contenido. Sé propositivo. Muéstrales también las oportunidades positivas de estar en casa.

"Foméntales la toma de conciencia de que lo que se está viviendo es una situación a nivel mundial, que no es para alarmarse, pero sí para tomar las precauciones necesarias, y estar en familia es una de ellas para mantenerse más seguros y protegidos", recomienda el psicólogo Javier Mariño.

Explícales que es una medida temporal para preservar la salud física, mental y emocional. Aprender sobre los cuidados colectivos, la solidaridad con los más vulnerables, especialmente como los abuelos, y entender cómo el comportamiento individual incide en sus familiares, amigos y vecinos es otra oportunidad que ofrece la actual coyuntura.

"Y este discurso que se les comparte a los más jóvenes de la casa no hay que hacerlo desde el miedo o la amenaza, sino desde la cooperación", dice Cendales, de Red Papaz. Cuando les explica que la medida más sensata que se ha encontrado en el país es permanecer en casa y seguir pautas higiénico-sanitarias, "ayuda a disminuirles de alguna manera la ansiedad. Se les está dando el mensaje de que 'no puedo controlar la pandemia, pero sí puedo controlar que disminuyan los factores de riesgo en mi casa'", dice Cendales.

Las conversaciones en familia fortalecen un vínculo seguro. "Si no se puede hacer presencialmente, hágalo a través de una llamada o una videollamada. No solo tienen que hablar del coronavirus, por supuesto el tema se toca para elaborarlo y no generar una atmósfera de tabú alrededor, pero hablen de otras cosas", aconseja María Alejandra Ladrón de Guevara, psicóloga.

¿Qué hacer ante la saturación de tareas escolares?

Los padres deben lograr acuerdos con los profesores. Las instituciones educativas también tienen afanes, pero se debe buscar la forma de mediar.

"Cuando se habla de la creación de rutinas es claro que se establecen en los horarios de los colegios, pero también deben contemplarse los espacios de ocio, y estos deben ser respetados. Los fines de semana deberían seguirse respetando y con esto también se les está enseñando a los niños y jóvenes pautas sobre el autocuidado y que descansar está bien y es necesario", dice Cendales.

En los encuentros virtuales de maestros y estudiantes es importante que se les haga acompañamiento emocional. Así mismo, niños y adolescentes deben tener un espacio para hacer actividad física y ejercicio o, por lo menos, abrir la ventana de la casa para tomar aire y recibir los rayos del sol.

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