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Cuatro madres logran el mejor de sus anhelos

Llegó para completar ese vínculo de amor junto a sus demás hermanos

Conoce la historia de Jezenia Santiago Concepción, quien luego de ser madre de dos, tuvo a su tercer hijo a través de tratamiento in vitro

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Jezenia Santiago Concepción junto a su pequeño Leonardo, el menor de la familia. (gerald.lopez@gfrmedia.com)
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*Nota de la editora: Este es un artículo de una serie en los que cuatro mujeres revelan cómo lograron ser madre a través de tratamientos de fertilidad y la adopción.

Cuando Jezenia Santiago Concepción se convirtió en madre a sus 17 años y luego tuvo un segundo retoño a sus 19, no planificó procrear más hijos. Estaba enfocada en superarse y dedicarse a ellos, por lo que decidió esterilizarse. Aunque lograr sus metas académicas y ser ejemplo para sus vástagos era su norte, sus planes tomaron otro rumbo. 

“Luego de estudiar un bachillerato conocí a mi esposo, quien ha caminado junto a mí en todas las metas que me propongo. Con los años logré terminar estudios doctorales en Consejería y después de muchas conversaciones tomamos la decisión de intentar tener un bebé juntos”, relata la madre de Nelson, Natalie y Ovi, primogénito de su esposo y a quien ama y considera  otro de sus hijos. 

Sin embargo, en esa ocasión concebir a otra criatura no sería un asunto sencillo. La única manera de lograrlo sería mediante tratamiento de fertilización in vitro. Con el apoyo emocional de sus tres hijos comenzaron el arduo procedimiento, que en un primer intento para 2013 no se logró, lo que describe como un “proceso muy triste porque deseábamos mucho tener un hijo o una hija juntos”. 

La posibilidad de intentarlo nuevamente llegó en 2015, pero esta vez cargados de temor por el resultado negativo de esa primera vez. A esto se le añadió que Jezenia ya se acercaba a  los 40 y tenía la preocupación de que a mayor edad se minimizan las probabilidades de lograr un embarazo.

“Fuimos a la evaluación inicial y me sometí a varios estudios para determinar las posibilidades de lograrlo. Todo resultó positivo y mi cuerpo estaba listo, pero necesitaba realizar algunos ajustes en mi entorno, por lo que realizamos un análisis financiero y decidí renunciar a mi empleo. Tomé los exámenes comprensivos del doctorado antes de iniciar el proceso in vitro para así disminuir posibles estresores en mi vida y crear el ambiente idóneo para comenzar un tratamiento que ya sabíamos que sería doloroso y difícil”, cuenta Jezenia, cuyo proceso incluyó inyecciones de hormonas diariamente en abdomen y glúteos, así como seguimientos semanales en un centro de fertilidad para lograr la estimulación de los ovarios por varias semanas. 

Luego de la aspiración de 7 óvulos, solo 4 pudieron ser fertilizados y, de esos, solo dos se desarrollaron adecuadamente. Se le procedió a realizar la transferencia de esos óvulos y la recomendación de reposo absoluto. “Recuerdo que eso fue un viernes, y al día siguiente comencé a sangrar un poco. Pensé que no había funcionado ‘otra vez’ y sentí mucha frustración. Llamé al doctor, quien me dijo que no me levantara de la cama y continuara inyectándome progesterona y que pasara el martes a primera hora por la oficina. Cuando llegué a la oficina, me esperaba la enfermera para sacarme sangre y dos horas después me dieron la gran noticia de que lo logramos. De los dos óvulos fertilizados, solo uno se desarrolló. ¡Estaba preñá!”, recuerda alegremente.

“A mis hijos siempre les digo lo mucho que los amo. Ellos realmente son mi motor, mi inspiración, mis retos, son mi alegría y mis maestros. Los cuatro han aportado a mi vida diferentes experiencias que me han hecho crecer y madurar. Antes pensaba que ellos debían ser mejores que yo, pero con los años entendí que simplemente deben ser lo que quieran ser, que luchen por sus sueños, que sean ellos mismos y mamá siempre estará aquí para ellos y apoyarlos” - Jezenia Santiago Concepción, madre de Leonardo Massanet Santiago, de 2 años, así como de Nelson, Ovi y Natalie.

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(gerald.lopez@gfrmedia.com)

Y es que hace dos años que Leonardo llegó para completar ese vínculo de amor junto a sus demás hermanos. Con sus hijos mayores, Jezenia se convirtió en madre adolescente y su vida cambió por completo. Señala que vivió muchas cosas y ya no tenía tiempo que perder, por lo que debía enfocarse en progresar para brindarle a sus hijos una vida adecuada. “Aunque tuve muchos tropiezos y me equivoqué en muchas cosas, pienso que lo logré. Ellos crecieron viendo a una madre estudiosa, luchadora, trabajadora y sin miedo. Por su parte, ellos son hijos muy buenos, talentosos, pero sobre todas las cosas, son amorosos y con un gran sentido de unidad familiar”.

Asimismo, indica que como madre después de los 40 también su vida ha vuelto a cambiar por completo, incluyendo el que decidió hacer una pausa desde el plano profesional para poder cuidar a Leonardo. “Soy madre lactante y su crianza es basada en la disciplina positiva. Leonardo se está desarrollando muy bien, es un niño alegre y sumamente inteligente”, manifiesta.

“A mis hijos siempre les digo lo mucho que los amo. Ellos realmente son mi motor, mi inspiración, mis retos, son mi alegría y mis maestros. Los cuatro han aportado a mi vida diferentes experiencias que me han hecho crecer y madurar. Antes pensaba que ellos debían ser mejores que yo, pero con los años entendí que simplemente deben ser lo que quieran ser, que luchen por sus sueños, que sean ellos mismos y mamá siempre estará aquí para ellos y apoyarlos” - Jezenia Santiago Concepción, madre de Leonardo Massanet Santiago, de 2 años, así como de Nelson, Ovi y Natalie 

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