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Para el 2040, 3 de cada 10 personas, tendrá 65 años o más

Más mujeres al límite de la pobreza son cuidadoras informales

Investigación revela el perfil del cuidador informal de la isla y los datos

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El cuidador informal es, por lo general, un familiar o una persona cercana, que atiende, se encarga o le toca el cuidado de un adulto mayor. (Shutterstock)
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Datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) revelan que, para el año 2050, la cifra de adultos mayores de 60 años o más a nivel mundial duplique la actual y que alcance la cifra de 2,000 millones. La ONU explica que este segmento poblacional hoy alcanza el 12.3%, y se prevé que llegue al 16.5% para el año 2030 y al 21.5 % para el 2050. Es un hecho que la población mundial sigue envejeciendo.

De hecho, de acuerdo con el informe Perfil Demográfico de las Personas de Edad Avanzada de Puerto Rico, publicado por la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada en el 2017, esta tendencia se repite en muchos países y Puerto Rico no es la excepción. Datos señalan que se estima que para el 2040, 3 de cada 10 personas, o el 30%, en la isla estarán en la edad de retiro laboral, con 65 años o más.

Las razones para que se suscite este fenómeno tienen que ver con múltiples factores que van desde cambios en los patrones de natalidad y la mortalidad, y migración, hasta el incremento de adelantos médicos que han mejorado la calidad de vida y, como resultado, la esperanza de vida de los puertorriqueños. Este fenómeno globalizado tiene grandes impactos sociales, algunos de los cuales ya se están observando en la isla y que se agudizan por la situación socioeconómica del país. Uno de estos renglones es, precisamente la necesidad del cuidado del creciente grupo de adultos mayores.

Precisamente, para arrojar luz sobre el asunto del envejecimiento poblacional y cómo afecta a sus cuidadores, el Colegio de Estudios Graduados en Ciencias de la Conducta y Asuntos de la Comunidad de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), presentó recientemente el primer perfil detallado de cuidadores informales de adultos mayores hecho en Puerto Rico. Este estudio muestra la complejidad de las necesidades de este creciente grupo y, a su vez, llama la atención a la necesidad de tomar acción ante el panorama de la próxima década, que, como confirma este estudio, continúa proyectando a la isla como un país de viejos pobres, sin personas que los atiendan.

Según explicó el doctor Hernán Vera Rodríguez, decano del Colegio de Estudios Graduados en Ciencias de la Conducta y Asuntos de la Comunidad de la PUCPR, este estudio tomó unos dos años en realizarse y contó con una muestra de 300 cuidadores informales de 45 municipios de la isla, quienes, voluntariamente, participaron en un extenso proceso de recolección de datos e información. Los reveladores datos fueron presentados en una conferencia de prensa por el grupo de investigadores compuesto por el doctor Vera Rodríguez, el doctor Ángel Muñoz Alicea, coordinador de la Escuela para Cuidadores de Adultos Mayores de la PUCPR; y Marlene Cabán Huertas, asistente de investigación y estudiante doctoral de Psicología Clínica de la institución.

“Este perfil está orientado por la investigación que hicimos sobre la situación de los adultos mayores en Puerto Rico en el 2014 y que lleva a la universidad a crear la Escuela de Cuidadores de Adultos Mayores”, resaltó el doctor Vera Rodríguez, al mencionar que la institución académica ha realizado varias investigaciones que muestran la situación no solo de grupos poblacionales como los adultos mayores y los jóvenes en el país, sino también sobre cómo inciden la pobreza y la prestación de servicios de salud en estas.

Este es el primer estudio de campo que se hace en Puerto Rico con una muestra tan amplia y diversa, en donde nuestros investigadores visitaron grupos de apoyo, iglesias, centros de cuidado, comunidades, hogares y diferentes lugares donde se encontrarán cuidadores informales de adultos mayores”, dijo el doctor Muñoz Alicea, quien agregó que, ante el envejecimiento acelerado del país, este estudio brinda una idea de quiénes son los cuidadores informales, cuáles son sus necesidades más urgentes y cuáles los efectos en su salud física y emocional ante la responsabilidad.

¿Qué es un cuidador informal?

Según detalló, por su parte, la investigadora Cabán Huertas, “el cuidador informal es, por lo general, un familiar o una persona cercana, que atiende, se encarga o le toca el cuidado de un adulto mayor” y realiza tareas como asistir a la persona en el aseo, la alimentación, llevarle a las citas médicas y el manejo de los medicamentos, entre otras.

Debido a que cualquier persona que tenga un familiar que necesite asistencia puede ser un cuidador informal, los investigadores resaltaron la importancia de educarse sobre los aspectos relevantes en el cuidado de este grupo, para poder hacer las previsiones necesarias para el futuro.

Reveladores hallazgos

Los hallazgos presentados por los investigadores evidenciaron que el perfil del cuidador informal en la isla es mayoritariamente femenino, toda vez que, de los 300 cuidadores entrevistados, 232 (77.3%) fueron mujeres y 68 (22.7%) hombres.

Otro dato revelador, que engrana con el fenómeno de envejecimiento poblacional que se está dando en la isla tiene que ver con la edad promedio de la muestra, que fue de 51 años. Esto es importante porque, cada vez más, personas de mayor edad están cuidando a sus ancianos y están desprovistas de ayuda económica y de apoyo emocional y en la realización de las tareas.

Preocupante para los académicos fue el hecho de que casi la mitad de la muestra, un 44.7 %, vivía bajo el nivel de pobreza, generando menos de $10,000 al año y que el 48% recibe sus ingresos de ayudas del gobierno, como pensiones y Seguro Social. El 56% de los encuestados no tenía un empleo asalariado y más alarmante aún es que el 96.6 % no recibía ninguna aportación económica de familiares para colaborar con el cuidado del adulto mayor.

“El 44% de estos cuidadores está bajo el índice de pobreza y el 20%, aunque está por encima de ese índice de pobreza, es muy poco, así que con los gastos relacionados con el cuidado, deben estar bastante cerca del índice (de pobreza)”, enfatizó, el doctor Muñoz Alicea, al mencionar que otro dato que captó la atención del grupo de investigadores fue que el 78.2 % de los entrevistados posee estudios universitarios que van desde cursos técnicos hasta doctorados. Según comentó el doctor Muñoz Alicea, este dato en particular contrasta con la situación en otros países de América Latina, en donde la mayoría de los cuidadores no posee ni siquiera el grado de escuela superior.

El perfil también detalló que un 65% de los encuestados cuidaban a los adultos mayores en el hogar del adulto mayor, lo que complica el panorama para los cuidadores.

“Ellos están cuidando a adultos mayores en casas que tienen 40, 50 o 60 años, con unas barreras arquitectónicas que pueden dificultar la tarea de cuidar. Además, estos cuidadores que viven con el adulto mayor, una vez dejan de cuidar, se ven desprovistos de hogar”, sostuvo.

Este perfil también reveló las principales preocupaciones de los cuidadores y el impacto de esta tarea en su salud física y emocional, ya que un 66.3% entendió que su salud física se puede ver afectada por sus tareas como cuidador, mientras que el 70.3 % entendió que su salud emocional se podía ver afectada.

Estas son claras manifestaciones de lo que se conoce como el síndrome del cuidador quemado o "burnout", que, como establece AARP, consiste en el desgaste físico y emocional que experimenta la persona que convive y cuida a un enfermo crónico, en este caso, a un adulto mayor, con las condiciones y necesidades que implica esta etapa.

Por lo regular, los cuidadores se entregan de lleno al cuidado de los adultos mayores, dejando a un lado elementos importantes de su propio autocuidado y que inciden en su vida profesional, social, familiar y amorosa. Según describe AARP, cuando el cuidador se enfoca mucho en las necesidades de otros, sin tener prácticas saludables de autocuidado para balancear el dar y recibir se da, también, la llamada fatiga por compasión, debido al estrés continuo que experimentan por la situación de salud del adulto mayor.

Este sentimiento, a veces de impotencia, generó, en la muestra analizada, que el 60.5% de los encuestados asegurara que su vida social pudiera verse afectada por sus funciones como cuidadores informales, mientras que el 50.4% previó efectos negativos en su vida familiar. El 36% también aseguró que su vida de pareja pudiera enfrentar dificultades.

Al sentir que su vida gira en torno al cuidado de los adultos mayores, los cuidadores informales tienden, igualmente, a perder su independencia, ya que todo su tiempo gira en torno al cuidado del adulto mayor, que, al volverse más dependiente, aumenta su cansancio físico y mental, deteriorando no solo su calidad de vida, sino también sus relaciones interpersonales.

Sobre este particular, en la presentación de sus hallazgos, los investigadores revelaron que el 49.8 % de los cuidadores dijo tener menos energía que antes, y que el 38% ha visto cambios en sus patrones de sueño. Por su parte, el 42.8 % se cansa o fatiga más que de costumbre, pero solo el 2% aseguró que ha perdido la capacidad total para concentrarse. El 41.7 % de los cuidadores experimentó falta de interés en el sexo en algún nivel, el 22.9 % sintió menos interés en el sexo y el 11.3 % perdió todo interés en la intimidad con su pareja.

El cuadro es poco alentador para los cuidadores informales, cuyos problemas de salud física y emocional, muchas veces, se ven desatendidos por la falta de tiempo para sí mismos.

Según destacó Muñoz Alicea, cerca de la mitad de los cuidadores entrevistados dijo tener algún nivel de ansiedad entre leve y severo (49.7%).

”Entre los síntomas más destacados de la ansiedad están la incapacidad para relajarse y presentar nerviosismo. Sobre la depresión, un 26.4% de los participantes mostró algún nivel de este mal, entre leve y severo”, dijo el investigador, al recalcar que, según el estudio, un 73.7% de los entrevistados presentó un grado mínimo de depresión, mientras que el 5% presentó un grado severo. Se destacan entre la muestra sentimientos como la falta de placer, la agitación y la indecisión, explicó Muñoz Alicea. El estudio cita que el 45.2% de los cuidadores dijo no disfrutar de las cosas como antes, mientras que el 42.8% expresó sentirse más inquieto o tenso que de costumbre.

“Basado en nuestro estudio, podemos decir que el perfil del cuidador informal en Puerto Rico es el siguiente: son féminas, de 51 años, no casadas, que no tienen un empleo asalariado, que no reciben ayuda económica de sus familiares, con un ingreso que las mantiene en el umbral de la pobreza, siendo el mismo de pensiones de gobierno, ayudas gubernamentales o el Seguro Social, cuidan a al menos un adulto mayor, en el hogar del mismo, durante un promedio de 1 a 5 años, preocupándole mucho no poder cuidar de manera efectiva a este adulto mayor, aún y cuando tienen experiencia previa por haber cuidado a otro familiar”, resumió Muñoz Alicea.

Necesario tomar acción ante inminente colapso social

Para los investigadores, los hallazgos del estudio revelan una crisis en proceso acelerado que, de no tomarse acción con medidas puntuales de política pública y acciones colaborativas concertadas, complicarían aún más el panorama socioeconómico no solo de los adultos mayores, sino también de sus cuidadores.

¿Qué encontramos dentro de la experiencia? Hermanos cuidando a hermanos, porque tienen condiciones de salud mental severas y son adultos mayores a su vez, pero también a adultos mayores, cuidando a adultos mayores. (También) vimos a adultos mayores que están desatendiendo sus condiciones de salud por entregarse en el cuidado, porque no tienen quién los releve para que se vayan a atender su salud”, señaló Muñoz Alicea, al mencionar que algunos encuestados manifestaban abiertamente sus preocupaciones, tenían desconocimiento e incertidumbre de qué esperar.

Si se ignora el efecto en la salud física y emocional que viven los cuidadores informales durante la próxima década, Puerto Rico proyecta un complicado y sombrío panorama. Si no se establecen planes de política pública para los próximos 10 o 15 años, el escenario va a ser más complicado y vamos a tener adultos mayores sin cuidadores, por lo que el gobierno va a tener que asumir la responsabilidad de esta creciente población. Vamos a tener un país viejo, pobre y sin cuidadores informales”, alertó el doctor Muñoz Alicea.

“Hoy, casi un tercio de la población es mayor de los 60 años y eso está aumentando dramáticamente. Próximamente, los ‘baby boomers’ se estarán retirando y los ‘millenials’ tendrán que asumir el cargo de cuidadores. Ya estamos viendo las repercusiones de estos cambios demográficos con vecinos cuidando adultos mayores que no tienen a nadie. Es vital que, de la misma forma en que se les enseña maternidad y la paternidad responsable a los jóvenes, se les enseñe cómo cuidar a un adulto mayor con sensibilidad, dignidad y respeto”, destacó el académico, al enumerar las recomendaciones que se desprenden de este estudio de campo:

  • Resaltar la necesidad de desarrollar censos específicos que aporten datos relevantes para realizar propuestas que alleguen fondos para estos grupos poblacionales
  • Establecer programas educativos en alianza con el Departamento de Educación que empiecen en la escuela elemental para sensibilizar, adiestrar y concientizar a las poblaciones escolares acerca del cuidado de los adultos mayores.
  • Ofrecer, dentro de la academia, programas de capacitación a distancia para los cuidadores informales y adiestrarlos en el uso de la tecnología para que, por ejemplo, aprendan a pagar sus cuentas o a hacer las compras por la Internet, así como realizar otras gestiones.
  • Ofrecer, dentro de la academia, certificaciones profesionales de corta y mediana duración para personas que deseen especializarse en el cuidado de los adultos mayores.
  • Aumentar las partidas de presupuesto para las entidades gubernamentales relacionadas al cuidado del adulto mayor.
  • Establecer alianzas con los sectores bancarios y las organizaciones sin fines de lucro para crear herramientas financieras para esta población, que no es asalariada, no recibe beneficios, no está cotizando para el Seguro Social, no está aportando para el retiro y que no tendrá quién le cuide en su adultez mayor.
  • Generar política pública y propuestas dirigidas al bienestar del cuidador.
  • Desarrollar programas que brinden apoyo emocional en las comunidades o que vaya a las casas de estos cuidadores.
  • Estudiar las tareas específicas que hace cada tipo de cuidador.
  • Explorar la relación entre la depresión y aquellos cuidadores que asumen la responsabilidad voluntariamente y aquellos que la asumen porque les tocó.
  • Realizar investigación sobre la relación entre la depresión, la sobrecarga del cuidador, el grado de dependencia del adulto mayor y las barreras arquitectónicas que pueda tener.

Los investigadores recalcaron la labor que realiza la Escuela de Cuidadores de Adultos Mayores de la PUCPR y su disponibilidad para para colaborar con el Departamento de Educación en la tarea de desarrollar las guías para la creación de currículos que promuevan la concientización del rol del cuidador entre los más jóvenes. Además, hicieron patente su interés de apoyar la creación de política pública de apoyo a cuidadores informales y a la creciente población de adultos mayores.

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