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Cuatro madres logran el mejor de sus anhelos

"No podía creer que era mío"

Conoce la historia de Graciela Hernández Mercado, quien logró ser madre a través de la fertilización in vitro

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Graciela Hernández y su pequeño de dos años, Javier Alberto.
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*Nota de la editora: Este es un artículo de una serie en los que cuatro mujeres revelan cómo lograron ser madre a través de tratamientos de fertilidad y la adopción.

A Graciela Hernández Mercado no le cabe duda de que Javier Alberto llegó en el momento perfecto. Aunque toda su vida soñó con ser madre, jamás imaginó que su proceso sería tan difícil, a tal punto de que cada vez veía más lejos poder cumplir ese anhelo.

Aun cuando a ella y su esposo les dejaron saber que necesitarían algún método de reproducción asistida, sus deseos estaban claros y decidieron comenzar el proceso, que incluyó inyecciones de hormonas, vitaminas y suplementos para preparar su cuerpo. 

“Es un proceso emocionalmente fuerte y físicamente agotador, pero uno lleno de mucha ilusión, ya que el mismo me ayudaría a ser madre. Luego de varias semanas de preparación, llegó el gran día del in vitro, donde colocarían en mi útero varios óvulos fecundados”, relata mientras recordaba que fueron 14 días de espera por los resultados, unos cargados de emociones y a la vez con temor de que el resultado no fuera el esperado. 

“El resultado llegó y ese fue el primer gran dolor; la prueba dio negativa. Fue un día lleno de lágrimas, frustración, coraje, culpa y decepción. En general, una mezcla de emociones difíciles de manejar junto con un dolor gigante en nuestros corazones”, manifiesta la joven maestra, quien al próximo mes acudió a su segundo intento, que más adelante tampoco logró los resultados esperados porque el embrión no se desarrolló lo suficiente.

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(gerald.lopez@gfrmedia.com)

El cansancio físico y emocional estaba latente, así que como pareja optaron por darse un tiempo para volverlo a intentar. “Fue alrededor de un año, justo lo que necesitábamos para reencontrarnos como pareja, soltar la presión que teníamos y pensar en otras opciones para ser madre, entre ellas la adopción. Era necesario volvernos a preparar emocional y físicamente para intentar una vez más. Estábamos claros que sería nuestro tercer y último intento”. 

Después de un tercer intento más unidos, fortalecidos, llenos de ilusión, esperanza y fe, ¡arrojó positivo a la prueba de embarazo! No solo latía un corazón, sino que para su sorpresa, latían dos. Al poco tiempo, uno de ellos dejó de latir y aunque el temor les llegó a invadir, todo su periodo de embarazo siguió normal hasta llegar a las 40 semanas. 

Luego de 20 horas de parto, por fin pudo tener a Javier Alberto por primera vez en sus brazos. “No podía creer que fuera mío, no me cansaba de mirarlo y de agradecer su vida. Es indescriptible lo que mi corazón sintió en ese momento. Fue como si estuviera en un sueño”, relata Graciela, quien asegura que la vida de madre es hermosa, aunque en muchos momentos resulta extenuante. 

“Me disfruto cada momento con mi hijo, me sufro cada enfermedad y me río de cada ocurrencia. Ser madre es sin lugar a dudas una responsabilidad gigante, es saber que una parte de tu corazón vive en el cuerpo de otra persona. En todo lo que hago y vivo pienso en mi hijo. Mi hijo llegó a inyectarle energía y alegría a mi vida en todo momento”. 

"Querido Javier Alberto, gracias por escogerme para ser tu mamá. No hay duda de que llegaste en el momento indicado. Mamá estará aquí para amarte siempre, para disfrutar todas tus alegrías y celebrar tus triunfos y logros, pero estaré aún más presente cuando necesites un abrazo, un beso, un consuelo. Ahí estaré para secarte las lágrimas, darte ánimo a seguir adelante y dejarte saber que mamá estará contigo siempre no importa lo que pase. Te amo hoy, mañana y siempre” - Graciela Hernández Mercado, madre de Javier Alberto Rivera Hernández, de dos años 

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