Loader
La práctica es más común de lo que debería ser

Pegar a los niños no los disciplina y es perjudicial

Academia Americana de Pediatría advierte que la práctica perpetúa el ciclo de violencia

  • Por La Prensa Gráfica / GDA
  • 30 NOV. 2018 - 12:41 PM
Photo
Sabemos que los niños crecen y se desarrollan mejor con modelos positivos y poniendo límites saludables. (Michał Parzuchowski / Unsplash)
  • Compartir esta nota:

Los 67,000 pediatras que conforman la Academia Americana de Pediatría (AAP) advierten que el castigo físico perpetúa el ciclo de violencia y solo hace que los niños actúen violentamente por su cuenta con otros compañeros o hacia sí mismos. De modo que abogan por formas saludables de disciplina como establecer límites o expectativas claras y por adelantado o premiar el comportamiento positivo.

La institución actualiza así un informe de 1998 donde ya recomendaba a los cuidadores que eligieran otros métodos que no fuesen los golpes. En la edición actual, que se publica en el número de diciembre del diario Pediatrics, vuelve a insistir en esta recomendación, pero de forma más rotunda y apoyándose en las numerosas investigaciones que prueban la inefectividad del castigo corporal.

La AAP va más allá del castigo físico y también se refiere a otras formas de dolor como insultos o humillaciones.

"La buena noticia es que hay menos padres que apoyan el uso de los azotes", dijo Robert Sege, autor de la directiva inicial (de 1998) y pediatra del Tufts Medican Center, en Boston.

"Sin embargo, los castigos físicos todavía son legales en muchos estados, a pesar de que hay pruebas de que son perjudiciales para los niños, no solo física y mentalmente, también en los resultados en el colegio y en su interacción con otros niños".

Los estudios muestran que golpear a un niño, gritarle o humillarlo puede elevar las hormonas del estrés y provocar cambios en la arquitectura del cerebro. El abuso verbal también se vincula con problemas mentales en preadolescentes y adolescentes.

Los castigos físicos pueden hacer que el niño sienta temor a corto plazo, pero no contribuyen a la mejora de su comportamiento en el largo plazo y pueden dar pie a comportamientos agresivos, según la AAP.

En un estudio, los niños pequeños que recibieron castigos físicos más de dos veces al mes a los 3 años se mostraron más agresivos cuando alcanzaron los 5. Cuando estos pequeños cumplieron 9 años todavía mostraban comportamientos negativos y menos vocabulario, de acuerdo con la AAP, que también se opone al castigo corporal en las escuelas.

"No hay ningún beneficio. Sabemos que los niños crecen y se desarrollan mejor con modelos positivos y poniendo límites saludables", dijo Sege.

El análisis más completo sobre el asunto, elaborado por la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Michigan, que tuvo en cuenta cinco décadas de investigaciones con 160,000 niños da la razón a quienes creen que no hay un buen azote a tiempo. Este estudio, difundido en 2016, concluye que pegar a los niños cuando se portan mal tiene efectos similares al abuso físico. Cuantos más azotes reciben, más probabilidades hay de que desafíen a sus padres y experimenten comportamiento antisocial, agresión, problemas de salud mental y dificultades cognitivas.

"Nuestro análisis se centra en lo que la mayoría de los estadounidenses reconocería como un azote y no un comportamiento potencialmente abusivo", señaló Elizabeth Gershoff, profesora de la Universidad de Texas y coautora del estudio.

"Encontramos que el azote está asociado a resultados perjudiciales no intencionados y no con obediencia, que es lo que pretenden los padres que disciplinan a sus hijos".

La práctica es bastante más común de lo que debería ser: una encuesta de 2013 encontró que el 81% de estadounidenses creen que "dar un azote a los niños a veces es apropiado". Estados Unidos, además, no cuenta con leyes que prohíban los castigos corporales: 31 estados tienen leyes que lo prohíben en los colegios, pero continúa siendo legal en 19 estados, entre ellos Florida, Texas, Arizona, Nuevo México y Mississippi, donde en el curso 2006-2007 se castigó con tablas de madera a más de 38,000 niños, o 7.5% de los estudiantes del estado.

Los resultados del estudio de 2016 (que, además, indica que los castigos recaen con mayor frecuencia en niños con discapacidad y de raza negra), coinciden con los de un informe difundido por los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) para pedir campañas educativas y más legislación para reducir los castigos corporales.

"Un azote nunca es la manera de corregir a nadie, a un niño tampoco", dice la pediatra española Lucía Galán. "Después de pegar a nuestro hijo acabamos con cualquier otro recurso de educación, negociación y aprendizaje. ¿Qué hay después de eso? Nada. Y, además, de nada sirve. Lo único que conseguiremos es que o bien genere miedo (nefasto para un niño) o que él, por imitación, nos pegue o abuse de la fuerza con otros niños y en otras circunstancias (“Como mi mamá me pega, yo pego”)", escribe la pediatra en su blog.

  • Compartir esta nota:
Volver Arriba