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Reportaje especial

Peligran las mentes más brillantes de Puerto Rico

Profundamente incomprendidos en un sistema educativo que no logra ayudarlos, los niños y jóvenes con una inteligencia sobresaliente se enfrentan al rechazo constante y están en riesgo

Con una inteligencia sobresaliente, este talentoso niño se enfrenta diariamente al reto de ser incomprendido. Ahora cuenta su historia.
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¿Cómo se mide la inteligencia y qué ocurre cuando sobresales por tus habilidades cognitivas? ¿Cómo es la vida de los “genios”? ¿El éxito está garantizado por ser superdotado?

Para los niños y jóvenes superdotados de Puerto Rico, como en otras partes del mundo, ser brillante equivale a ser incomprendido. Frecuentemente rechazados dentro y fuera de las aulas del sistema público de educación, estos menores se exponen a riesgos tanto emocionales como físicos. Y peligra el desarrollo de las mentes más geniales de nuestra sociedad.

“Me hacen cosas porque piensan que soy tonto y, cuando pasa eso, me molesto y me pongo triste. Me amenazan. Me golpean, pero son menos que los que me dicen cosas. A cada rato, me dicen cosas que dicen los adultos”, contó Danny Jabdiel Vega Santiago, de 9 años. Tiene 131 de cociente intelectual. La media de las personas alcanza un 100, aunque este número varía por región y país.

Danny practica el béisbol. Saltó el segundo grado y cursa actualmente el quinto en la Escuela Elisa Dávila Vázquez, de Vega Alta, el mismo pueblo que el dramaturgo Lin-Manuel Miranda visitaba cada verano mientras estudiaba en un colegio para alumnos dotados en Manhattan. “Yo no me podía creer que soy superdotado. Me quedé en shock. El corazón se me paró”, recordó el niño sobre el momento en que descubrió tener un cociente intelectual (IQ, en inglés) de 131.

La superdotación intelectual suele identificarse por medio de pruebas psicométricas, que miden las habilidades cognitivas bajo la supervisión y evaluación de un psicólogo. Es como si fuera un tipo de radiografía, basada en una serie de tareas, que refleja cómo la persona percibe el mundo, transforma la información y responde. El resultado en estas evaluaciones es un número conocido como IQ.

En la isla, el estudiante dotado está definido por ley como aquel niño o joven que, entre otros factores, tiene un IQ de 130 o más y posee capacidades sociales por encima de su edad cronológica. La estrategia más conocida para el desarrollo de estos alumnos consiste en la aceleración de grados. No obstante, en el proceso, muchas veces enfrentan la resistencia de sus pares en el salón de clases.

“Cuando estaba haciendo suma o resta, yo veía que los demás se quedaban callados. Y si los demás no van a responder, pues entonces yo tengo que dar la respuesta. Ahí fue que llegó el bullying. Pensé que iba a estar muy bien. Cosas (malas) se me dieron en el camino, pero sigo con mi vida. Yo quise seguir y me dije en la mente: entre más rápido termine la escuela, más rápido tendré mi vida”, recapituló Danny.

Se estima que el 2.27% de la población en Puerto Rico es superdotada, según el Instituto de Investigación y Desarrollo para Estudiantes Dotados (IIDED). En los últimos seis años, esta entidad sin fin de lucro ha identificado a 860 alumnos con superdotación intelectual y el 12% logró saltar de grado.

“Estamos hablando del potencial intelectual más grande que tiene el país en el área académica, social y emocional. Su aportación puede ser enorme porque son seres humanos con grandes ideas y un nivel de creatividad enorme”, sostuvo el director del IIDED, Héctor Rivera Maldonado.

La contradicción de una ayuda que no llega

Sin embargo, el Departamento de Educación no está capacitado para atender a este sector. Cuando en julio de 2018 se aprobó la Ley 144 para atender las necesidades de los estudiantes dotados y proveerles servicios sin dilación, quedó en evidencia que el DE carecía de personal adiestrado en la agencia para tratar con estas personas.

Bajo el estatuto, se le asignó $300 mil al IIDED, del presupuesto de Educación, de forma recurrente, por tres años fiscales hasta el 2020-21. El objetivo es que la organización identifique a los alumnos dotados, los guíe, apoye a sus familias, imparta talleres y capacite a las escuelas, entre otras funciones. Casi siete meses después, el instituto aún espera por los fondos que requiere para poder cumplir con todo su compromiso.

Además, pese a que la misma ley obliga a que se actualice el registro de los estudiantes dotados en el sistema público, Educación no ha podido proveer a Por Dentro datos precisos acerca de esta población académica. Durante el transcurso de un mes, este medio le solicitó información y entrevistas sobre dichos alumnos, pero los intentos con la agencia fueron infructuosos. 

Por un lado, la reforma educativa impulsada por el gobernador Ricardo Rosselló prioriza el desarrollo de estos estudiantes a través de las escuelas chárter. Por otro lado, educadores y padres señalan las serias deficiencias y limitaciones a la hora de trabajar con este sector.

“Lo que pasa es que muchas veces no tenemos el conocimiento ni el adiestramiento, y las escuelas tienden a evitar. Hay unas leyes que se nos exigen, pero es un reto… Se supone que el Departamento nos dé unos mecanismos“, denunció Mayi Agosto Hernández, quien dirige el plantel donde estudia Danny.

Con recelo y una facultad inexperta en la materia, la directora acogió hace dos años la aceleración académica de Danny. El niño mantiene un promedio de excelencia, pero combatir el acoso que sufre continúa siendo un desafío, admitió Agosto Hernández.

“El mejor acercamiento es que el grupo no se sienta amenazado por el estudiante superdotado. Es importante que entiendan que todos son importantes porque son diferentes, que trabajen juntos y que todos los compañeros tengan oportunidad”, exhortó el maestro Juan Otero Marrero, quien se enfrentó a una dinámica atípica cuando Danny llegó a su salón en tercer grado.

A romper mitos: no lo saben todo

Pese a que algunos educadores en el país se esfuerzan para integrarlos, muchos crecen bajo un manto de marginación. Las raíces de ese rechazo son los mitos que ciñen su cotidianidad, explicó la psicóloga clínica Frances Crespo Bonilla, que por cinco años ha identificado y orientado a menores superdotados a través del IIDED.

“Muchos piensan que los estudiantes dotados tienen que saberlo todo. Nos falta llevar información. Seguramente, la razón por la que estamos ubicando a ese alumno en otro salón es para que haga preguntas, para que tenga dudas, desarrolle hábitos de estudio, escuche otros puntos de vista y entienda que hay cosas que debe practicar”, expuso la especialista.

“Mucha gente no comprende. Piensan que sobresalimos en todo y que siempre vamos a sacar buenas notas. Pero reaccionamos de diferentes maneras y nos destacamos en distintas materias. De niña, yo terminaba las tareas antes que mis compañeros y me quedaba buscando qué hacer. Me aburría en las clases”, aclaró Sabrina Rodríguez Rodríguez, de 20 años, al narrar su experiencia.

Violinista desde la infancia y aficionada de la historia, esta joven bayamonesa logró esquivar el décimo grado al arrojar un IQ elevado. “Mis padres buscaron opciones para mí en un colegio privado”, recordó. Ingresó a la Universidad de Puerto Rico con un año académico aprobado y en esta primavera se gradúa de ciencias políticas con miras a convertirse en embajadora de Naciones Unidas.

Para Danny, leer y escribir ha sido un reto, pero despunta en las disciplinas de ciencia, deporte y matemáticas. Tenía 3 años cuando comenzó a contar por encima del 100. Siempre fue un niño inquieto, insatisfecho, indagador, relató su madre Emmie Santiago Mercado. “Hacer las preguntas me fascina. Yo me pregunto por qué tal cosa es así y qué pasa si lo haces de otra forma. Busco información de todo lo que me interesa”, expresó el pequeño que sueña con ser ingeniero y pelotero de Grandes Ligas.

Bajo un manto de errores peligrosos

Esa profunda curiosidad y el gusto excesivo por el aprendizaje, producto de un desarrollo cognitivo precoz, se malinterpretan con frecuencia en las escuelas y los hogares. Ser superdotado es una identificación; no una condición. Sin embargo, la dotación intelectual suele confundirse con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

“La mayoría llega a nuestro instituto por problemas de conducta, porque hablan mucho, interrumpen, hacen rápido el trabajo y luego tratan de entretenerse. Dentro del salón de clases, eso se convierte en un conflicto. Se confunde con el ADD. Pero en el dotado es por aburrimiento. Parece distraído y que no te está escuchado. Le haces una pregunta y te contesta de manera elaborada. Parece hiperactivo, cuando en realidad está buscando cómo retarse”, indicó Crespo Bonilla al lamentar que escasean los psicólogos experimentados en el tema.

“Tienen muchas edades a la misma vez”

Además de estar expuestos a diagnósticos erróneos, los niños superdotados viven bajo el riesgo de quedar relegados por sus altos niveles de imaginación o al poseer un vocabulario acelerado, según la psicóloga. Tampoco es inusual que manifiesten prematuramente cuestionamientos existenciales y preocupaciones sobre asuntos como la muerte y el universo.

“Ya para séptimo grado, buscaba mucha información de religiones y las comparaba”, recordó Sabrina.

“Esto puede detonar en una crisis si no se maneja adecuadamente”, advirtió Crespo Bonilla. “Solemos ver desfases. Cuando trabajamos con estudiantes dotados, uno de los mayores retos -y la parte fascinante- es que estos niños tienen muchas edades a la misma vez”, añadió la psicóloga.

Tienden a desarrollar una preferencia por socializar con personas mayores, afirmó la evaluadora clínica. Sin embargo, los adultos no siempre cuentan con las herramientas para brindarles el apoyo que precisan.

La madre de Danny no tiene respuestas para muchas de las interrogantes de su hijo. “Vete a Google porque mamá no sabe”, admitió que le ha dicho en varias ocasiones. “Quiere contestaciones para todo y se me hace bien difícil. Ser superdotado es una bendición, pero es un reto bien fuerte, tanto en lo emocional como lo académico. Trato de bregar para cubrir sus necesidades porque, si no, se enzorra o vienen los malos pensamientos”, detalló.

¿Son genios?

Habitualmente, la oficina del IIDED maneja los diversos niveles de perfeccionismo que presentan muchos de estos alumnos. Sobre todo, se busca reforzar su crecimiento sin abrumarlos.

“No utilizamos el concepto genio para minimizar el riesgo de expectativas irreales, que luego generan mayor frustración y ansiedad en ellos y sus familias. En vez de llevar a un ritmo más rápido, vamos al ritmo del estudiante. Estamos quitando el freno y observando”, recalcó Crespo Bonilla.

“Hay que hacerles entender que todos nos equivocamos”, aprendió la madre del menor en el proceso.

Cada caso es distinto. Sabrina no percibe el retarse a sí misma como una mala conducta ni como limitación en sus destrezas de socialización. “Yo soy overachiever; siempre lo fui. Buscaba sobresalir y llenar esa urgencia de aprender más y más. Me llegué a enfogonar (cuando no lograba ciertas metas), pero era conmigo misma. Nunca fue un problema. Nunca me porté mal”, dijo la joven dotada.

“Uno de los grandes mitos cuando hablamos de la población superdotada es pensar que siempre, a nivel socioemocional, son inadaptados. Pero vemos lo mismo que en la población general: va a depender del estilo de interacción. Vamos a tener niños muy introvertidos que prefieren tiempo a solas o niños que tienen un estilo más extrovertido y disfrutan estar rodeados de personas”, aclaró Crespo Bonilla.

Empatía en medio de la adversidad

De hecho, la empatía -esa capacidad de ponerse en los zapatos del otro- es una cualidad distintiva de muchos menores superdotados. En la crianza, esta afinidad emocional puede ser chocante.

“Soy un niño feliz, amigable. No le quiero hacer daño a nadie. Me preocupo mucho por los demás, aunque me molesten. Algunas veces me molesto tanto que exploto, pero algunas veces trato de explicarles que eso está mal, que ese no es el camino correcto, que en vez de hacer lo malo, haces lo bueno. Soy una persona tratando de alegrar a las personas, siempre”, contó Danny al describirse en su día a día en la escuela. 

Cariñoso y afable, Danny comparte sus meriendas, opina de manera abierta, pero también escucha y hasta ofrece “abrazos sanadores”. Así lo describen varios educadores en su escuela. “Él tiene reflexión sobre lo que dialoga contigo. Se preocupa por ti cuando te ve pensativo. No repite una noticia, sino que analiza cómo te puede afectar. Si alguien dice algo negativo, busca el punto positivo. Su calidad humana es una de sus mejores armas”, admiró su exmaestro Juan Otero Marrero.

“Yo siempre fui una niña sensible. Siempre trataba de ayudar a los compañeros y me sentía mal cuando otros no salían bien en una clase. De séptimo a noveno grado, sufrí de cyberbullying. Hablaban mal de mí todo el tiempo, en las redes sociales. Pero decía: ‘Vamos a darle otra oportunidad porque tienen que estar pasando cosas malas en sus casas’. Buscaba justificación”, repasó, por su parte, Sabrina.

En ocasiones, sacar la cara por los compañeros se convierte en un arma de doble filo.

"Estos niños son muy idealistas; tienen expectativas muy altas del mundo. Son estudiantes altamente sensibles, con un sentido de justicia muy alto y una preocupación por las personas que quizás no pueden defenderse. Se pueden meter en problemas por esa razón. Tratan de ser agentes de paz y eso tal vez no sea visto de manera adecuada por los pares”, explicó Crespo Bonilla.

“No ayudarlos es un daño social”

La desinformación, el estigma y la seria limitación de recursos fertilizan un terreno alarmante para los estudiantes superdotados, alertó la psicóloga del IIDED.

“Hemos atendido a niños que han dejado de sobresalir para que no los molesten”, informó.

También advirtió que hay casos extremos en y fuera de Puerto Rico: personas superdotadas que, sin las herramientas adecuadas, se enfrentan a un peligroso escenario de ansiedad, deserción escolar, adicciones y depresión.

“No ayudarlos es un daño social. Esta población es considerada de alto riesgo a nivel mundial. Tendríamos a las mentes más privilegiadas, en vez de sirviéndole al país, haciéndole daño al país. Demasiadas veces han sido rechazados por el mismo sistema”, arguyó Héctor Rivera Maldonado, director del IIDED.

“Podemos ayudar mucho para el futuro, pero somos esponjas sin agua. El sistema de educación no está preparado. Podemos lograr más educando a las escuelas y a los maestros”, alentó Sabrina.

La solución comienza por evaluaciones exhaustivas y responsables que no se limiten al IQ, sino que también consideren el contexto particular de cada alumno y su individualidad. “Cuando se alinean los entornos del estudiante a sus necesidades, lo que vemos es un impacto positivo a nivel académico, social y emocional”, aseveró Crespo Bonilla, al destacar que las pruebas psicométricas miden factores como la comprensión verbal, el razonamiento perceptual y la capacidad para resolver problemas, pero en su trabajo aborda igualmente rasgos como la autoestima, el esfuerzo y la motivación.

Se debate que existen distintos tipos de inteligencia. ¿Tiene que ver con la capacidad de almacenar información o la forma en que se aplica el conocimiento? Dentro de esa discusión, algo queda claro: ser inteligente no garantiza el éxito

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