Loader
No son indiferentes a los episodios de violencia

¿Por qué una mujer golpeada por su pareja termina defendiéndola?

La baja autoestima, los apegos y la dependencia económica y emocional influyen en que las víctimas no puedan romper los círculos de la violencia intrafamiliar

  • Por El Tiempo / GDA
  • 25 ENE. 2019 - 06:00 AM
Photo
Es completamente falso decir que las mujeres maltratadas permanecen al lado de este tipo de parejas "porque les gusta". (Volkan Olmez / Unsplash)
  • Compartir esta nota:

"Él es buena persona y me ha prometido que cambiará". Tal vez, esta frase identifica a muchas mujeres inmersas en círculos de violencia intrafamiliar, con una escena recurrente: la pareja las agrede de manera física y verbal, pero luego se arrepiente, ruega y hasta se victimiza para lograr recuperar su confianza. La premisa reza siempre que será la última vez, que fue un evento excepcional, que no volverá a ocurrir.

Pero, lo cierto, según explica el psiquiatra Rodrigo Córdoba, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, este proceso se repite de manera periódica, sin que los cambios positivos prometidos sucedan. Lo primero que hay que dejar claro, insiste el psiquiatra, es que es completamente falso decir que las mujeres maltratadas permanecen al lado de este tipo de parejas "porque les gusta" o porque son indiferentes a los episodios de violencia.

"Nadie con la estructura emocional suficiente siente gusto por el ultraje, la humillación o los golpes y menos por situaciones que atenten contra su integridad". Córdoba insiste en que ese punto hay que dejarlo claro porque ese tipo de conceptos equivocados son el primer paso para revictimizar a las personas y obstaculizar que busquen una salida del problema.

Sandra Herrera, quien tiene una maestría en psicología clínica de la Universidad de Salamanca, manifiesta que este tipo de conductas no son voluntarias porque existen muchos factores por los cuales una mujer decide mantener una relación a pesar de la violencia. Y, aunque la gente tiende a creer que no pueden existir motivos racionales para tolerar una relación dañina, esto es otro error porque se han identificado muchos condicionantes que actúan en contra de la voluntad individual cuando existen estos entornos.

Para empezar, dice que algunas de estas conductas están ligadas a la educación recibida por las mujeres en un ambiente que las considera secundarias, lo que en psicología puede llamarse una "indefensión aprendida", que no es más que una alteración en la función cognitiva de la mujer que genera "una conducta pasiva ante hechos que puede percibir como incontrolables".

Aquí, la función cognitiva de la mujer está centrada principalmente en permanecer con vida, lo que deja en segundo plano la búsqueda de formas para poner fin a sus relaciones violentas, apunta Herrera. En otras palabras, considera la psiquiatra Olga Albornoz, es como aprender a no defenderse porque se ha estructurado inconscientemente la creencia de que luchar contra el abuso no logrará detener las agresiones del otro.

"La mujer crea inconscientemente estrategias para vivir de manera segura dentro de una situación de maltrato, como intentar no indisponer al otro. Su comportamiento se basa en tratar de disminuir el dolor y no en frenar las agresiones, porque piensa que no puede hacer nada más", asegura Albornoz.

De igual forma, las víctimas de la violencia intrafamiliar perciben como incontrolables las situaciones que la rodean, lo que afecta más su autoestima.

"La persona se subvalora tanto que empieza a buscar justificaciones", agrega. Promesas incumplidas Por esa misma vía se desliza una creencia casi ciega de que el agresor algún día cambiará y que las víctimas serán protagonistas de ese cambio, según Herrera, lo que las lleva a perdonar y a creer en su pareja maltratadora. Por eso, el perdón se otorga con la esperanza de que no habrá más golpes.

De igual forma, de acuerdo con Rodrigo Córdoba, hay que entender que la autoestima de las mujeres en esta condición tiende a ser más baja de lo normal, y ello les induce pensamientos encaminados al fracaso e inseguridades que las impulsan a aferrarse a las relaciones que tienen, así sean violentas.

"Muchas mujeres, al ser golpeadas, tienen el impulso de dejar la relación violenta de una vez por todas, al punto de llegar incluso a las denuncias y a las instancias judiciales, pero, ante la mínima amenaza de la pareja, terminan echándose para atrás, precisamente por la baja autoestima", explica Córdoba.

Pero, hay más

También juega un papel importante la dependencia económica, porque las mujeres que están sólidamente ligadas a sus parejas maltratadoras -en términos de supervivencia, sin que tengan otras redes de apoyo- tienden a atarse a estas relaciones.

"Si a esto se le suman la falta de preparación académica, la carencia de trabajo o de oportunidades o las presiones familiares o sociales, el círculo se hace aún más dañino", insiste Herrera.

Por otro lado, Albornoz dice que las personas maltratadas son vulnerables a la presión psicológica, y es frecuente encontrar frases con las que se amenaza con represalias hacia ellas, la familia o el entorno, lo que termina frenando la acción de la mujer maltratada.

"Si usted me deja o me demanda, soy capaz de acabar con usted y con mi familia", pone de ejemplo la psiquiatra.

Apegos

"No hay que desconocer que algunas mujeres se relacionan emocionalmente con hombres maltratadores y los aceptan porque están casi convencidas de que no encontrarán algo mejor. Y que ya en ese círculo, no son lo suficientemente atractivas o importantes para empezar una relación mejor", manifiesta Herrera sobre esta peligrosa forma de apego emocional.

En muchos casos, cuando hay hijos, estos se convierten en un elemento de chantaje y factor para permanecer en relaciones violentas, con el único objetivo de que la sociedad vea que los pequeños tienen un padre.

"Esto deja de lado de manera grave que los hijos criados en entornos así van a tener problemas emocionales en el futuro", indica Albornoz. Hay otros elementos culturales y religiosos que se suman, dado que algunas mujeres -incluso en esta época- no rompen sus uniones por considerar que hay que preservar el concepto de familia a toda costa y que ‘lo que Dios unió no lo puede separar el hombre’.

Otros efectos

Aunque la manifestación pareciera ser solo una indefensión ante la agresión, el psiquiatra Rodrigo Córdoba dice que, además, en las víctimas se configuran estados emocionales caracterizados por altos niveles de ansiedad, depresión, frustración, aislamiento social y una pérdida significativa de confianza en sus habilidades. Estos elementos -insiste- se pueden encontrar en distintos grados y formas.

  • Compartir esta nota:
Volver Arriba