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Día de las Madres

Reflexiones al parir en medio de la pandemia

La escritora y periodista Ana Teresa Toro comparte su experiencia con la llegada de su hijo Nicanor

  • Por Ana Teresa Toro / Especial para Por Dentro
  • 10 MAY. 2020 - 01:00 AM
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Nicanor, en brazos de su madre Ana Teresa Toro, nació el 23 de marzo de 2020. (gerard.lopez@gfrmedia.com)
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Nota de las editoras: Este es uno de cuatro madres que, con motivo de la celebración del Día de las Madres, comparten lo que ha sido parir en medio de la pandemia.

Lo primero que se aprende durante un embarazo es a rendirse. Hay que entregarse al proceso y abandonar cualquier idea preconcebida acerca de cómo deben suceder las cosas. Puede una pasarse nueve meses leyendo artículos, libros, tomando clases, escuchando consejos y aún así no hay manera de predecir cómo sucederán las cosas el día en que tu bebé llegue al mundo.

Ellos y ellas deciden cuándo y cómo llegar y aceptar eso desde temprano es muy liberador. No hicimos un plan de parto pero aún así, teníamos una especie de lista de deseos acerca de cómo nos gustaría que sucediera el nacimiento de nuestro hijo Nicanor. Pero entre todas las opciones contempladas jamás imaginamos traerlo al mundo en medio de una pandemia que ha provocado una crisis de proporciones globales.

De hecho, probablemente lo que estamos viviendo pasará a ser el evento colectivo más dramático de nuestros tiempos, superando incluso los traumas recientes que como país hemos vivido tras el paso de huracanes, crisis políticas y terremotos. No porque estos no hayan sido gravísimos, sino por el carácter internacional de la amenaza que nos tiene a todos y todas paralizados.

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Nicanor en brazos de sus padres Modesto Lacén y Ana Teresa Toro. (gerard.lopez@gfrmedia.com)

Nuestro hijo nació el 23 de marzo de 2020, semanas después de que se estableciera el toque de queda y comenzaran a cambiar los protocolos en los hospitales. Ninguna de las personas que queríamos en la sala de parto pudo estar allí y a las 39 semanas y 5 días nos sentimos aliviados de iniciar el proceso de parto porque, probablemente, si ocurría una semana después, mi esposo no iba a poder estar allí como ya estaba sucediendo en ciudades donde los contagios se habían disparado. Días antes le pregunté a mi doctora, ¿mi hijo está más seguro adentro o afuera?

Mi primera decisión como mamá fue asegurarme de que llegara bien a este mundo y rápidamente llevárnoslo a casa y encerrarnos con él aquí hasta nuevo aviso. Sus tíos no lo han conocido, tampoco sus primos y sus abuelos lo han visto, pero no lo han sostenido en brazos. Es tan extraño vivir esta alegría, esta bendición, esta euforia que invade todo el cuerpo ante la presencia de una nueva vida y no poder compartirla con la gente que se ama y que esperaban a Nicanor con genuina ilusión.

A su vez, todo el mundo entiende y nos apoya y nos felicita por mantenerlo resguardado y seguro. Nadie habla del miedo que esta situación nos provoca, pero todos lo sentimos.

Y aún así no puedo más que tener esperanza ante la certeza de que nada será como antes, porque después de todo las cosas como eran no le servían bien a la mayoría de la gente.

Ojalá cuando podamos volvernos a abrazar lo hagamos en un mundo más justo, en el que florezca una nueva conciencia y una nueva escala de valores universales, en el que hacer y tener sea secundario al divino proceso de ser.

Mi niño es hijo de la transición a un tiempo nuevo y nosotros sus padres, lo acompañaremos y nos dejaremos guiar por él para entender la que seguro será una nueva forma de habitar esta Tierra. Esa es mi esperanza en mi primer día de las madres.

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