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“Al sol hay que tenerle respeto”

El testimonio de Andrés revela por qué hay que protegerse del sol y la importancia del autochequeo de la piel

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De la experiencia relatada por Andrés, este aprendió que el sol es maravilloso, pero que hay que tenerle un respeto increíble. (Shutterstock)
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A sus 40 años, Andrés aparenta menos edad de la que tiene. Su sentido del humor y su espontaneidad salen a relucir a lo largo de la conversación y denotan su carácter afable y amigable. La niñez y la adolescencia del mayor de tres hermanos transcurrió entre parques de pelota, el juego sin límite en el patio escolar y la playa, actividades en las que el sol era el denominador común, pero que, sin duda alguna, disfrutaba.

“En mi familia, los tres somos bastante ‘jinchos’ y siempre, de chiquitos, estuvimos en los parques de pelota, jugando”, dice sobre él y sus hermanos. “Básicamente, lo pasábamos entre el sol del parque y el sol del recreo de la escuela, porque, para esos tiempos, uno no se ponía protector solar. El protector solar era para cuando íbamos a la playa”, cuenta, a la vez que parece analizar en retrospectiva él por qué de esta peculiar y común situación. “Parece que el resto del tiempo, el sol no quemaba”, dice entre risas divertidas, pero con absoluta convicción de que la simple acción de protegerse del sol hubiera podido haber hecho una diferencia más adelante en su vida.

Sin embargo, a su temprana edad, menciona que la protección solar no era una preocupación, aunque recuerda que, según iba creciendo y tenía más madurez, su madre le peleaba si no la usaba. Así, mientras estuvo en la universidad y el pasatiempo de moda era ir a la playa a hacer morey boogie, sí se aplicaba protección solar abundante. No obstante, durante el resto del tiempo, una gorra, cuando la usaba, y gafas, eran suficientes.

En el 2007, la aparición de un “barrito” que no se iba en el labio superior del profesor de Fotografía y Diseño en la Universidad del Sagrado Corazón y la Universidad Interamericana, Recinto de Bayamón, llamó su atención, pero se tornó en un signo de alarma cuando, al secarse la cara cuando se la lavaba, sangraba. Su esposa Diana y él sabían que algo no andaba bien y, sin dudarlo, visitaron a un dermatólogo, quien hizo la biopsia de rigor.

Pasaron nueves días antes de conocer los resultados, los que cataloga como los más “extraños de mi vida”. Le pidió a su esposa que lo acompañara a conocer los resultados de la biopsia, porque si el diagnóstico era positivo, él sabía que no iba a ser capaz de hacer las preguntas necesarias para aclarar sus dudas y delinear los pasos a seguir. El diagnóstico fue inequívoco: carcinoma basocelular.

“De hecho, después que el médico dijo que la biopsia era positiva a cáncer, yo no me acuerdo de mucho. Diana fue la que hizo las preguntas. Fueron días bien difíciles”, acepta el fotógrafo y artista gráfico, quien añade que, en ese momento, a pesar del pánico que sentía, su esposa tomó el control y decidieron buscar la opinión del dermatólogo y cirujano David Latoni, quien practica la cirugía de Mohs. Este procedimiento fue la elección idónea en su caso debido a que la lesión cancerosa estaba en un lugar visible en su cara y a que, por su potencial desfigurante, la cirugía tradicional no era una opción para él.

“Eso fue lo mejor que pude haber hecho”, admite, al mencionar que fue tanto el tejido que el cirujano tuvo que sacar, que tuvo que reconstruir la parte superior del labio. La recuperación fue dolorosa. “Los primeros días fueron de mucho dolor y tenía el labio super- hinchado” por algunas semanas. Pero, a pesar de todo, Andrés da gracias de que el tipo de cáncer que le afectó “es el menos agresivo, y como lo cogí superrápido, fue más fácil tratarlo”, con la cirugía. Además, está claro de que la rapidez con la que buscó ayuda fue determinante para que el proceso desde que se hizo el diagnóstico hasta que se realizó la cirugía tomara menos de dos meses. Eso lo hace sentir agraciado. 

“Movernos rápido, ayudó”, precisa, al decir que, en su caso, no requirió radioterapia y que requiere chequeos preventivos completos, que ahora realiza anualmente, aunque aclara que si nota alguna marca en su piel “arranca” y va al médico para asegurarse de que no supone una nueva lesión. Eso sí, advierte que “si, por casualidad, estoy hablando contigo y no te estoy mirando, es que estoy haciéndote un scanning en la cara para enviarte rápido al médico si tienes algo que es sospechoso”, dice Andrés, quien asegura que desde que fue diagnosticado tiene esa costumbre. 

De esta experiencia aprendió que el sol es maravilloso, pero que hay que tenerle un respeto increíble, y que el autochequeo de la piel es la herramienta de prevención más importante que tienen las personas para prevenir el cáncer de la piel.

Asegura que sigue siendo él mismo, pero, desde su diagnóstico, su vida ha cobrado un nuevo propósito, pues, aunque reconoce que nadie escarmienta en cabeza ajena, trata de educar a las personas sobre el daño que puede ocasionar la exposición excesiva al sol. 

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