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Estados fisiológicos

Científicos quieren entender por qué el hambre cambia el humor de las personas

Un nuevo estudio revela que si bien factores como el descenso de la glucosa y el aumento del cortisol pueden provocar irritabilidad, la respuesta no es igual para todos

  • Por El Mercurio / GDA
  • 24 JUL. 2018 - 10:43 AM
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Parece que una combinación de nuestra biología, nuestra personalidad y el contexto en el que estamos, son los que generan el sentimiento de mal humor provocado por la falta de comida. (Shutterstock)
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Es difícil separar el momento de comer del placer. Pero todo lo contrario ocurre con el hambre: la sensación del estómago vacío puede motivar una serie de emociones negativas que alteran el comportamiento de las personas.

"Todos hemos sentido hambre; hemos reconocido lo desagradable que se siente, pero luego hemos comido un sándwich y nos hemos sentido mejor", dice a "El Mercurio" Jennifer MacCormack, socióloga y estudiante de doctorado en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la U. de Carolina del Norte, en Chapel Hill (EE.UU.).

Interesada en el tema, MacCormack lideró un equipo de investigación cuyo trabajo fue publicado en la revista de la Asociación Americana de Psicología. "Está aceptado de forma general que el hambre puede influir en el humor e incluso en comportamientos como la hostilidad y la impulsividad, pero aún no se sabe mucho de los mecanismos psicológicos que transforman el hambre en mal humor", precisa.

En inglés ya se usa el término hangry para referirse a esa mezcla de rabia o mal humor (angry) ocasionada por la sensación de hambre (hungry).

Algo de biología
Y según los hallazgos realizados por MacCormack y su equipo, parece que una combinación de nuestra biología, nuestra personalidad y el contexto en el que estamos, son los que generan el sentimiento de mal humor provocado por la falta de comida.

Junto al descenso de los niveles de glucosa en la sangre, el hambre hace que la gente sea más irascible ante los distintos tipos de estrés de su entorno. Cuando alguien tiene hambre, dice la investigadora, hay dos aspectos clave que determinan si eso contribuirá a que surjan emociones negativas: contexto y autoconciencia.

"No es simplemente tener hambre y comenzar a despotricar contra el universo. El mal humor causado por el hambre sucede cuando sientes las molestias provocadas por el hambre, pero las interpretas como emociones fuertes debidas a otras personas o a la situación en la que estás", dice la doctora Kristen Lindquist, coautora del estudio, para el cual realizaron dos experimentos en los que participaron más de 400 personas.

En ambos se les pedía a los participantes, divididos en grupos de gente que había ayunado y otros que sí habían comido, que manifestaran sus emociones frente a una serie de imágenes o acciones positivas, negativas o neutrales.

Los investigadores encontraron que los participantes más hambrientos eran más propensos a aplicar calificativos desagradables, pero solo en situaciones en las que no estaban totalmente a gusto. Es decir, el hambre no siempre provoca emociones negativas en las personas, sino que depende de las circunstancias.

Para Joaquín Celis, psicólogo clínico y director de Estudios de la Escuela de Psicología de la U. de los Andes, este trabajo aporta una mirada particular al tema sobre cómo los estados fisiológicos (como el hambre) tienen repercusión en lo emocional.

"Existen teorías biológicas que dan respuestas, pero lo que aquí plantean es una explicación psicológica. No es que el hambre produzca rabia o que sea imposible controlar las emociones, sino que cuando una persona tiene hambre, y está afectada por un contexto negativo (el estrés del trabajo, por ejemplo), se atribuyen emociones negativas, como la rabia, a ese estado fisiológico".

El punto, agrega Celis, es que no se pueden separar los fenómenos biológicos de los psicológicos para explicar estos hechos. "Hay procesos biológicos asociados al hambre que repercuten a nivel psicológico, y viceversa".

Se sabe que el hambre provoca el aumento o descenso de ciertas hormonas o sustancias, como el cortisol -asociado al estrés-, que influye en la respuesta emocional de cada persona.

MacCormack coincide con esa apreciación. "Esto significa que es importante cuidar nuestros cuerpos, prestarles atención a esas señales corporales y no descartarlas, porque no importan solo para nuestra salud mental a largo plazo, sino también para la calidad cotidiana de nuestra capacidad psicológica, experiencias, relaciones sociales y desempeño laboral".

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