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Consejos útiles

Cómo manejar la ansiedad ante los temblores

Ante los temblores que han estado afectando a la isla, la ansiedad puede ser un factor común entre los ciudadanos. A continuación algunas recomendaciones prácticas para manejarla

  • Por Redacción de Por Dentro
  • 06 ENE. 2020 - 10:37 AM
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Taquicardia, respiración corta, falta de concentración, manos temblorosas, irritabilidad y problemas al dormir son algunos de los síntomas que se pueden experimentar. (Med Ahabchane / Pixabay)
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Desde el 28 de diciembre, en Puerto Rico se han estado sintiendo una serie de sismos, que, según ha comentado el director de la Red Sísmica, Víctor Huérfano, no tiene precedentes. Precisamente, hoy, Día de Reyes, a las 6:32 a.m., se sintió un terremoto de intensidad 5.8, que ha aumentado los niveles de alerta de los ciudadanos y generado, según se puede constatar a través de los mensajes circulados en las redes sociales, un alto nivel de ansiedad.

Si bien es cierto que la ansiedad puede ser parte natural de la vida, situaciones como eventos como los que se han registrado hasta el momento, pueden alertar al cerebro de que algo no anda bien, generando una serie de señales para protegernos, entre los que se incluyen: taquicardia, respiración corta, falta de concentración, manos temblorosas, irritabilidad y problemas al dormir son algunos de los síntomas que se pueden experimentar. Quienes se afectan emocionalmente ante este tipo de eventos, suelen sentir mucha angustia, quejarse de dolor de pecho, dolores de cabeza, problemas digestivos y hasta pérdida del apetito.

El Instituto Nacional de Salud Mental, adscrito a los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), explican que los síntomas pueden mejorar o empeorar en diferentes momentos, y a menudo son peores durante los momentos de estrés, como los que vive el país, con una enfermedad física.

Por su parte, el libro titulado “Guía práctica de salud mental en situaciones de desastres”, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), según sea la magnitud del evento, “se estima que entre la tercera parte y la mitad de la población expuesta sufre alguna manifestación psicológica; aunque no todas pueden calificarse como patológicas, la mayoría deben entenderse como reacciones normales ante situaciones de gran significación o impacto”.

¿Cómo pueden manejarse para evitar las complicaciones?

Lo importante que es practicar estrategias para disminuir los niveles de ansiedad, como la respiración lenta y profundamente por un periodo largo, hasta que baje la ansiedad. Esto es vital para desactivar el sistema que te lleva a sentir taquicardia y sudoración, entre otras reacciones físicas y biológicas.

La OPS recomienda lo siguiente:

  • Valora cuidadosamente las reacciones de las personas afectadas e identifica con criterios claros a las que requieren una atención psicológica más urgente y ofrecerles un apoyo personalizado.
  • Asegúrate de que la primera ayuda psicológica no interfiera ni complique los primeros auxilios médicos.
  • Elimina o reduce la hiperactividad. La persona, generalmente, realiza numerosas actividades sin terminar ninguna; puede ser muy crítico o conflictivo y poco paciente. Se le deben asignar algunas actividades de poca complejidad.
  • Evita la inmovilidad. La persona que no puede moverse debe ser ayudada cuando existe la seguridad de que no hay ninguna razón física que lo justifique. Se debe hablarle, sentarla en un lugar seguro y asegurarse de que esté abrigada.
  • Elimina la posibilidad de pánico. El pánico no es la conducta esperada o típica de la población. Sin embargo, la persona en estado de pánico debe ser tratada con firmeza, pero siempre con respeto, sin gritarle. Si hay más personas presentes, deben ser apartadas. Hay que evitar que el sujeto en pánico corra, abrazándolo fuertemente, no dejarlo solo y traer sus pensamientos a asuntos cotidianos.
  • Aparte a la persona apática. La persona apática no molesta, pero debe ser situada en un lugar seguro.
  • La persona que está en estado de choque o conmoción debe ser alejada del ambiente traumático. Hay que hacerle sentir que está acompañada, sostenerle la mano, abrazarla, acariciarla, hablarle con tono afectuoso y sereno, llamándola por su nombre.
  • Si la persona expresa sus sentimientos de dolor o frustración con un comportamiento agresivo, por ejemplo, golpeando objetos, acompáñela calmadamente, sin tratar de detenerla inmediatamente, a menos que la seguridad de ella misma o de otros corra peligro.
  • Si la persona afectada está confusa o no tiene una impresión clara de lo que le está sucediendo, el personal de primera respuesta debe contestar las preguntas comunicando claramente que está actuando solidariamente para resolver sus problemas.
  • Evita los relatos con detalles horripilantes, pero tampoco tratar de minimizar lo sucedido como “si aquí no hubiera pasado nada”.
  • Estimula y favorece que las personas afectadas se incorporen a las tareas de ayuda mutua entre sí, tan pronto como sea posible.
  • El contacto físico facilita las cosas y crea una sensación inmediata de seguridad, por ejemplo, si se le coloca la mano en su hombro mientras se le escucha. No obstante, se debe proceder con cautela en la proximidad a una persona afectada, ya que hay personas o culturas a las que puede resultarles incómodo un contacto excesivo.
  • Actuar con calma tiene un efecto tranquilizador sobre las personas afectadas. La calma es casi tan contagiosa como el nerviosismo; es necesario hablar sosegadamente y en tono normal.
  • La soledad crea sentimientos opresivos. Siempre que sea posible, se debe permanecer junto a la persona afectada y decirle que dispone del tiempo suficiente para ayudarla; no deje a la víctima sola o, al menos, asegúrese de que alguien esté con ella. Evite correr de un lugar a otro.
  • Evita comentarios inadecuados, por ejemplo, decir que la ambulancia tarda demasiado o que hay que apresurarse en llegar al hospital.
  • Facilita que la persona afectada se desahogue; el llanto puede ser un buen ejemplo, es un poderoso alivio para los sentimientos y evita sentirse extremadamente opresivo. Se debe proteger la intimidad de la persona que desee llorar.
  • Evita los curiosos. Las personas afectadas, por lo general, están incomodas por la posibilidad de que otros lo contemplen en la expresión de sus sentimientos; la ayuda debe consistir en apartar a la persona afectada y llevarla a un lugar con cierta privacidad.
  • Si la víctima demanda información sobre su situación personal es necesario explicar lo que se le está haciendo de forma que lo entienda, evitando palabras técnicas y de alto contenido emocional. También se pueden usar los siguientes mensajes: “Esto duele un poco, o esto no duele”, “Te vamos a poner un vendaje”, “Vamos a subirte a la ambulancia”, “Luego te llevaremos al hospital” “Si te pongo esto, estarás más cómodo”.
  • Si la víctima solicita información sobre otras personas afectadas por el desastre y existe la certeza de que la situación no es muy grave, se debe adoptar una actitud tranquilizadora. Se puede decir: “Están siendo atendidos”, “Mis compañeros están con ellos”, “Cuando sepa algo, ya se lo diré”.
  • Evita comentarios como “Puedo imaginarme por lo que has pasado”. Es mejor “Debe haber sido terrible” o “Debe ser muy duro superarlo”.

Igualmente, es importante educarse sobre el manejo de los desastres de la naturaleza y crear un plan de emergencia para enfrentar cualquier adversidad.

A continuación, algunas recomendaciones para ofrecer auxilio emocional a grupos especiales, como niños y envejecientes:

Niños

De acuerdo con la guía de la OPS, “los niños no reaccionan como lo hacen las personas adultas y sus respuestas emocionales van a estar en relación directa con las reacciones de los adultos que son significativos para ellos; son muy perceptivos a los cambios emocionales en ellos. Así mismo, no tienen el mismo nivel de abstracción como para poder comprender racionalmente los acontecimientos o verbalizar sus requerimientos emocionales, los cuales varían según la edad”.

Algunos consejos generales que pueden servir son:

  • El contacto físico es importante con los menores, por ejemplo, abrazarlos. • Recomendar que los padres acompañen a los niños.
  • Reafirmarles frecuentemente que están seguros y a salvo.
  • Hablar con ellos sobre lo acontecido de forma simple.
  • Facilitar que hablen sobre lo ocurrido, si desean hacerlo.
  • No minimizar ni exagerar la situación.
  • No hablar a los niños sobre los miedos de los adultos hacia el futuro.
  • No hacer promesas que no se puedan cumplir.
  • Dar a los niños tareas apropiadas para su edad.
  • Mantener las rutinas familiares y sociales propias de su edad y contexto.

Adultos mayores

Es necesario brindar la primera ayuda a los ancianos demanda un conocimiento de sus principales limitaciones y necesidades, así como una predisposición a actuar con respeto y comprensión.

A continuación, se exponen algunos aspectos importantes:

  • Tener paciencia.
  • No mostrar una excesiva confianza.
  • No intentar suplir o ayudar en cosas que ellos pueden hacer.
  • No aceptar ningún obsequio.
  • Muchos se sienten solos y ansiosos de poder comunicarse; favorecer la escucha responsable.
  • No dejarlos solos, procurar que se queden con personas de su confianza o familiares.

Debido a que muchas personas pueden estar muy afectadas por los pasados sismos, podrían sentirse más vulnerables y reaccionar con más ansiedad, por lo que necesitan apoyo psicólogo. De necesitar apoyo, las personas tienen disponibles la Línea PAS de la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (ASSMCA), a través del 1-800-981-0023. . Esta línea está disponible 24 horas al día, los 7 días de la semana y es libre de costo. Expertos de la conducta humana podrán brindarte consejos de gran utilidad que te ayudarán.

Si ya tenías un historial de ansiedad y te habían medicado, estuviste en sesiones con psicólogo o recibiste ayuda de alguna agencia y has abandonado el tratamiento, es importante que lo retomes.

Tan pronto sea posible, realiza las citas correspondientes y no esperes a que surja otro evento para acudir a buscar ayuda.

Si no lo has hecho, crea un plan de contingencia familiar (también puedes obtener información de cómo hacerlo AQUÍ) que incluya el abastecimiento de alimentos imperecederos y artículos de primera necesidad, así como mantener suministro de sus medicamentos para darle continuidad al tratamiento por alguna condición de salud.

Lo que no debes hacer

La OPS explica las diez cosas que no debes hacer:

  1. No aconsejar.
  2. No ponerse de ejemplo (el auxiliador).
  3. No enfatizar excesivamente los aspectos positivos. Frases como “Podría haber sido peor” pueden ser contraproducentes.
  4. No minimizar el hecho; la frase “No pasa nada” suele ser negativa.
  5. No bromear, la ironía puede ser ofensiva o contraproducente.
  6. No dramatizar; si la persona llora, el auxiliador no tiene por qué hacerlo. 7. No engañar a la víctima, ni fingir.
  7. No favorecer la actitud de culparse.
  8. No actuar defensivamente.
  9. No favorecer dependencias directas del afectado con el auxiliador.
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