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Tratamientos

Cuándo un dolor se convierte en crónico y cómo tratarlo

Para que efectivamente se pueda ayudar al paciente, el diagnóstico y el tratamiento debe ser pensado en común, la definición de la persona debe ser en equipo de especialistas

  • Por El País / GDA
  • 17 DIC. 2018 - 10:14 AM
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Se habla de que el dolor crónico es cuando el síntoma persiste más de seis meses permanentemente o con empujes reiterados. (Shutterstock)
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Todos hemos sentido dolor físico. Al cortarnos un dedo, al llevar mala postura por la vida y en el trabajo, al fracturarnos una pierna o un brazo, al pincharnos. El dolor está desde la infancia y es algo común, a lo que uno termina por acostumbrarse, después de todo, es "un sistema fisiológico que normalmente nos protege de recibir un daño".

"El cuerpo se entera de que hay un daño en curso o riesgo de daño y avisa con el dolor. Por lo general, se resuelve", explica el neurocirujano Pablo Hernández, quien trabaja en la Unidad Interdisciplinaria de Dolor del Hospital Maciel. 

¿Pero qué sucede cuando ese dolor se prolonga en el tiempo? ¿Qué pasa cuando pasan las semanas, los meses y la causa aparente del dolor se disipó, pero este, que antes era un síntoma, continúa? Ahí, especifica el neurocirujano, podemos hablar de dolor crónico, y con ese nombre propio pasamos a tratar el dolor como una enfermedad en sí misma, sin importar qué lo causó originalmente, hay que tratarlo.

Tanto el doctor Hernández, como su colega en la Unidad Interdisciplinaria de Dolor, el psiquiatra Gustavo Quineros y la médica acupunturista Adriana Baffico subrayan cuáles son los puntos más importantes a tener en cuenta cuando hablamos de "dolor crónico"

Desde el punto de vista teórico, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), habla de dolor crónico cuando el síntoma persiste más de seis meses permanentemente o con empujes reiterados. Pero tanto el neurocirujano Hernández como el psiquiatra Quinteros concuerdan en que es más arbitrario que esa medida de tiempo.  

"En estos años de trabajo hemos visto que la complejidad en los pacientes con dolor crónico excede lo que puede ser explicado desde una posición biomédica, desde la biología o la fisiología, que es la posición médica clásica", explica Quinteros. Añadiendo que muchas veces se hacen reducciones o simplificaciones del problema y que para que esto no suceda, consideran mejor abordarlo desde un equipo. "Pero no un montón de disciplinas mirando un recorte del problema y no al sujeto", añade el psiquiatra. 

Para que efectivamente se pueda ayudar al paciente, el diagnóstico y el tratamiento debe ser pensado en común, la definición de la persona debe ser en equipo de especialistas. Y, muy importante, el centro deberá ser el paciente, la persona que padece el dolor, y no el dolor en sí. 

Así que más allá de si el dolor proviene de una degeneración en la columna vertebral, si se debe a lesiones en el nervio o de lo que fuere, lo primordial es pensar en el sujeto como un todo y trabajar a partir de ahí. 

"El manejo del dolor crónico tiene muchos parámetros", aclara el doctor Hernández: "Por un lado se puede trabajar en el dolor en sí, en el trastorno funcional del sistema nervioso; otra es la eventual resolución de la causa que lo inició; pero también el dolor crónico tiene un componente emocional muy fuerte". 

En las unidades interdisciplinarias trabajan médicos de varias ramas, y una es la de los especialistas que pueden plantear una opción quirúrgica. En cuanto a lo que puede aportar la neurocirugía, añade Hernández, es "ir a los sectores del cerebro que están provocando o manteniendo dolor y actuar sobre eso, intentar modelar el funcionamiento del sistema nervioso para tratar de mejorar un poco el dolor".

En cuanto al lugar de la salud mental en el tratamiento del dolor, el psiquiatría  y terapeuta Quinteros apunta a despistar "cuadros clínicos psiquiátricos importantes que siempre están presentes en el paciente con dolor como es la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño", indica.

Pero también están los rasgos de personalidad, imprescindibles y muy incidentes en el dolor, que también tiene su cuota emocional: "Cómo el paciente resuelve y afronta sus problemas, cómo se vincula, qué nivel de vínculos familiares y sociales tiene, cómo es su actividad laboral, qué nivel de conflictividad tiene a nivel de esos vínculos", añade el psiquiatra y sostiene la relevancia de la historia de la persona, porque a veces el síntoma puede tener años de evolución y ya pasan a estar implicados el crecimiento y desarrollo de la persona. 

El foco a la hora de hablar de una solución no está puesto en la cura, porque muchas veces no se logra, sino en trabajar con el paciente para que su calidad de vida mejore y, en los casos de aislamiento, se reinserte socialmente. Además, explica el especialista, hacen énfasis para que contrario a los tratamientos con reposo, haya movimiento tanto del cuerpo como de la mente. 

Por lo general, los pacientes llegan a la acupuntura cuando ya han hecho un largo recorrido por la medicina convencional y no han encontrado solución. Asimismo, la médica fisiatra y acupunturista Adriana Baffico considera que en los últimos tiempos los colegas médicos están observando los beneficios de la acupuntura para tratar el dolor  disminuyendo el consumo de fármacos. Su colega, la doctora en medicina y acupunturista Emma Gubitosi, comparte que una de las ventajas de la acupuntura es que no está la contrapartida de los efectos adversos.

"Nosotros no nos manejamos desde los síntomas", lo principal a la hora de trabajar con pacientes que padecen dolores crónicos es abordarlos desde un diagnóstico, que abarca las razones físicas y psicoemocionales que están detrás, porque también juega el medio familiar, los estímulos que influyen en la persona, las vivencias, el estrés, porque, recalca Baffico, "ningún paciente es igual al otro". 

Luego, cuando tienen un diagnóstico, delinean el tratamiento terapéutico y trabajan liberando las sustancias analgésicas que el sistema humano ya tiene en el cuerpo. "La respuesta está en el propio cuerpo", explica Baffico. En su experiencia como acupunturista, cuenta que el tratamiento funciona mejor en patologías osteoarticulares y músculoesqueléticas. "Mejora la calidad de vida y la funcionalidad del paciente en la vida cotidiana", indica.

Los tiempos del tratamiento también cambian de acuerdo al paciente. En teoría son diez sesiones, pero en su experiencia Baffico ha logrado reducir un 80 por ciento del problema en cuatro sesiones para algunos casos, y, sin embargo, otros han llevado más de diez, por lo que la especialista subraya que no hay una fórmula. 

Para la psicóloga e integrante del Instituto de Psicología Clínica de la Universidad de la República, Ana Luz Protesoni es importante entender que "los dolores no son físicos, son dolores totales, es una experiencia subjetiva, intransferible. El dolor puede incrementarse o disminuir en función de si tenemos proyectos vitales, expectativas, si estamos solos o acompañados, si generamos pensamientos negativos o tenemos miedo".

Desde su visión profesional, Protesoni considera que el dolor físico es prácticamente controlable y al mismo tiempo inexplicable, "porque en él coadyuvan aspectos emocionales, cognitivos, sociales, económicos y espirituales. Eso hace que la misma dosis de fármacos produzca efectos diversos en las distintas personas aun teniendo la misma patología".

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