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Obsesiones intensas con el aspecto físico

Descubren cómo tratar el trastorno dismórfico corporal

Identifica algunos de los comportamientos que se pueden observar en una persona con este trastorno y qué puedes hacer

  • Por El Universal / GDA
  • 03 DIC. 2018 - 10:34 AM
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El paciente tiene una preocupación que se considera fuera de lo normal por un defecto real o imaginario. (Shutterstock)
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La nariz más ancha, grande o pequeña; unas libras de más; las orejas que resaltan… todos tenemos alguna parte de nuestro cuerpo que no nos agrada, pero esto no es un problema grave. Una persona con trastorno dismórfico corporal (TDC) o dismorfia percibe estos "defectos" de manera exagerada y preocupante, lo cual puede impedir el desarrollo normal de su vida.

La psicóloga Soledad Aldana Aguiñaga, directora de Balance Psico-Nutrición (División Psicología) y líder en su área del centro para tratar la obesidad Gastric Bypass México, explica: "El paciente tiene una preocupación que se considera fuera de lo normal por un defecto real o imaginario; está sufriendo por él, está experimentando ansiedad y preocupación".

En información de la Clínica Mayo encontramos: "Cuando presentas trastorno dismórfico corporal, te obsesionas intensamente acerca de tu apariencia y tu imagen corporal, reiteradamente te miras al espejo, te aseas o buscas seguridad, a veces, durante muchas horas al día. El defecto percibido y los comportamientos repetitivos te provocan una gran angustia e impactan en tu capacidad para funcionar en la vida diaria".

Algunos síntomas o señales

La psicóloga Aldana nos ayuda a identificar comportamientos que se pueden observar en una persona con TDC:

* Pensamientos obsesivos acerca del defecto percibido (los otros no lo ven o lo refieren como algo sin importancia).

* Comportamientos compulsivos, especialmente para intentar camuflar el defecto que molesta.

* Preguntar repetidas veces sobre su apariencia a otros.

* Síntomas de ansiedad y depresión, generalmente relacionados con el defecto percibido.

* Fobia y aislamiento social, que se desencadena al no querer relacionarse.

* Pobre autoestima, autoimagen o autoconcepto.

* Sentimiento de inferioridad y de vergüenza.

* Se comparan constantemente con otros de manera negativa.

* Creen que los otros se fijan en su defecto, inclusive que se burlan de ellos.

* Presentan problemas de pareja o para establecer relaciones sentimentales.

* Abuso de alcohol o drogas en un intento de evadir.

* Acuden a servicios dermatológicos o de cirugía estética con frecuencia buscando una solución al problema.

* Pensamiento o intención suicida.

"Podemos decir que las personas que no estamos conformes con alguna parte de nuestro cuerpo, la camuflamos, la tapamos, y seguimos nuestra vida normal; una parte de nuestro cuerpo con la cual no estamos satisfechos nos está obstaculizando vivir", expresa la especialista.

Causas y factores de riesgo

Gran parte de la literatura sobre el TDC asegura que es difícil determinar qué origina la aparición del trastorno. Sin embargo, hay causas importantes identificadas: predisposición genética, alteración en la neuroquímica del cerebro y factores ambientales, como la incidencia de mensajes del entorno o experiencias traumatizantes vividas con anterioridad.

Blanca Padilla García, médico psiquiatra, detalla: "Se sabe que hay una predisposición genética. Si hay algún familiar que tiene en los antecedentes hereditarios este padecimiento, uno es más proclive a desarrollarlo; así como el cáncer, la hipertensión o la diabetes tienen ese patrón de heredabilidad, también en las enfermedades mentales se tiene.

"La enfermedad está condicionada, principalmente, por un desbalance neuroquímico", afirma Padilla y a la vez amplía: "Nosotros tenemos una especie de redecillas de neuronas que tienden a presentar una transmisión eléctrica y química.

Cuando hay una adecuada comunicación y sincronía entre las neuronas, podríamos suponer que es un cerebro que está funcionando bien. Cuando este equilibrio se pierde, se presenta una desincronización eléctrica y, dependiendo del neurotransmisor o el área del cerebro que no está recibiendo ese estímulo eléctrico, es la enfermedad que se presenta".

En el caso del TDC, la persona puede tener problemas de balance con la serotonina, neurotransmisor que está muy relacionado con nuestro estado de ánimo.

La psicóloga Soledad Aldana dice que es común que se presente en la adolescencia; puede afectar a mujeres y hombres, y se relaciona con la autoimagen. Agrega: "un hecho traumatizante que la persona haya internalizado con su autoestima o seguridad puede influir en la aparición del trastorno, como el abuso sexual, el maltrato físico, las críticas o el bullying, un accidente vinculado con el cuerpo y, aunque el daño o la cicatriz no haya quedado tan marcada, la persona empieza a visualizarla muy evidente y preocupante".

Quienes tienen TDC también pueden desarrollar trastornos de alimentación como anorexia y bulimia. Destaca Aldana que los cánones de belleza que imponen los medios de comunicación, las redes sociales y, en general, la sociedad puede ejercer una importante presión social y tener incidencia en la aparición de estos trastornos.

¿Cómo debe tratarse?

El trastorno dismórfico corporal es crónico o recurrente, es decir, se puede tratar y controlar pero no se cura. El tratamiento idóneo consiste en el abordaje psicológico y psiquiátrico, además del apoyo incondicional de los seres queridos.

"Mediante la terapia cognitivo-conductual enseñamos al paciente a enfrentarse a la realidad, a cambiar su modelo de creencia, a conocer su propio cuerpo para que pueda percibirse ante el espejo de forma diferente. Es un trabajo que requiere constancia y años de terapia", dice la especialista Aldana. García agrega: "En cuanto al tratamiento psiquiátrico, se indican unos antidepresivos llamados inhibidores selectivos de recaptura de serotonina".

Es de suponer que, si el paciente se siente con una autoestima baja, incomprendido, alterado, pudiera al mismo tiempo estar complicado con un trastorno de depresión o de ansiedad. Entonces, la depresión se va a tratar con los mismos inhibidores selectivos, pero si el paciente está ansioso y presenta insomnio, utilizamos algunas pastillas tranquilizantes".

Como parte de la psicoterapia, Aldana destaca que, al ser personas que se aíslan, es muy importante recuperar la socialización. Recomienda la incorporación a juegos en grupo, participación en eventos familiares, terapia grupal con otras personas que han padecido este trastorno y practicar deportes. Asimismo, señala que es posible hacer comparativas en positivo: "Cuando tienen la posibilidad de compararse con otra persona que es similar a ella y se dan cuenta de que esa persona no está acomplejada, es una especie de confrontación en la socialización que, guiada por terapia, ayuda mucho al paciente".

Lo que debemos saber sobre la medicación

A quienes desean iniciar o acompañar a familiares a tratarse, la psiquiatra Blanca Padilla les hace las siguientes observaciones:

1. Lo más importante es no suspender los medicamentos abruptamente nunca, porque se van a sentir peor rápidamente.

2. Si consumen alguna sustancia, aunque sea legal como el tabaco o el alcohol, van a bloquear el efecto de sus medicinas. Deben trabajar en el abandono del hábito.

3. No por tomarse el doble de medicamentos van a mejorar más rápido.

4. No es recomendado el uso de hierbas o tés que ofrece la medicina alternativa.

5. Deben ser pacientes porque los efectos positivos del fármaco tardan en manifestarse; empiezan a hacerlo pasadas las cuatro a seis semanas de tratamiento.

Tres consejos para los padres

La doctora Soledad Aldana dice que el mejor consejo es trabajar con la aceptación de nuestro cuerpo para favorecer la autoestima en las familias.

Todos somos perfectos. Enseñar a nuestros hijos y convencernos de que todos los cuerpos son perfectos, con sus diferencias y particularidades.

Ni bonitos ni feos. Como padres y como entorno, no exagerar los defectos físicos del otro ni establecer diferencias entre lo bonito y lo feo.

Evitar las burlas. Somos más que un cuerpo. Es recomendable afirmar de manera positiva algunas características físicas y valorar aspectos que no se relacionan con el cuerpo, como el intelecto o los sentimientos.

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