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Vida real

Dolor convertido en amor

Conoce la historia de una joven a la que se le trasplantó un corazón y el proceso de conocer a la madre del donante

(vanessa.serra@gfrmedia.com)
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“Gisselle… madre mía!”. Fue el cariñoso llamado de una joven, de larga cabellera y dulce mirada, quien caminaba a paso ligero por el vestíbulo del Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe (CCPRC) mientras extendía sus brazos hacia la mujer sentada en uno de los bancos. Ambas se fundieron en un abrazo eterno del que ninguna parecía querer soltarse. Un momento que tenía un significado muy especial y que provocó llanto, tanto de ellas como de los alrededor.  

Una era Gisselle Figueroa Cruz, la madre de Antonio, un joven que falleció en 2008 a los 16 años a causa de un conductor ebrio que lo arrolló mientras caminaba por una calle en Ponce. La otra, Tania Pérez Díaz, quien a los 12 años, cuando solo le quedaban pocas horas de vida  debido a una grave enfermedad cardiaca, le trasplantaron el corazón del adolescente.

Han pasado diez años y hoy Tania es una joven saludable que estudia nutrición holística, que sabe la gran responsabilidad de cuidar ese órgano vital y que se siente más que afortunada de contar con una segunda madre y  otra familia extendida. Y aunque para Gisselle el dolor por la pérdida de su hijo no se acaba, ver bien a su nueva hija, poder abrazarla y escuchar los latidos de su corazón, la hace muy feliz.

Precisamente, los latidos de Tania, y de otros dos pacientes  del CCPRC, son parte de la base rítmica de la canción “Tocando latidos”, creada por el grupo Black Guayaba, banda musical que por un año donará lo que se recaude con la descarga de la canción a través de iTunes, Google Play y AmazonMusic, así como TocandoLatidos.com, a un costo de 99 centavos.

Una iniciativa que forma parte de la campaña con el mismo nombre auspiciada por Welch’s con el propósito de recaudar fondos para la institución hospitalaria, además de concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares, una de las primeras causas de muerte en la isla. La empresa, que lleva 13 años apoyando a CCPRC, también promueve la donación de órganos.

A diez años de volver a la vida
Con una eterna sonrisa y el ímpetu de su juventud, Tania tiene un entusiasmo por la vida que es contagioso. Los ojos le brillan cuando habla de la oportunidad que tuvo al ser trasplantada y tener un corazón saludable y de todo lo que  ha representado en su vida.  
“Esto ha sido para mí un nuevo comienzo y es algo que pienso todos los días porque sin el corazón no estaría aquí. Por eso vivo enamorada de la vida, de Antonio, de su familia”, afirma sonriente la joven.

Tania fue diagnosticada con cardiomiopatía dilatada a los ocho años, una enfermedad en la que el músculo cardíaco se debilita, lo que causa que no pueda bombear suficiente sangre al resto del cuerpo. A los 12 comenzó a tener problemas serios de salud y recaídas que, eventualmente, le provocaron un infarto que la mantuvo 89 días hospitalizada en el área de intensivo de CCPRC, mientras esperaba por un corazón compatible que le pudieran trasplantar. 

“Desde temprana edad la  vida me ha tocado duro y por eso tengo una visión muy diferente. Ahora pienso que el próximo segundo de vida no está asegurado, por eso vivo el momento. No creo que no se debe esperar a pasar por un proceso tan duro como el mío o el de Gisselle para empezar a ver la vida como se tiene que ver. Hay que apreciar cada minuto, querer a las personas que conoces, a tus familiares y dar gracias por lo que tienes. Para mí eso es muy importante. Por eso quisiera llevar ese mensaje”, asegura con mucha madurez.

De la misma forma, resalta que desde muy pequeña también comenzó a entender lo que es el concepto de la fe y saber que Dios está en cada detalle de su vida. Por ejemplo, recuerda que luego de despertar de la cirugía en que le trasplantaron el corazón, le pidió un jugo de acerola a su madre, algo inusual para ella, que nunca había mostrado un interés especial por ese jugo. Con el tiempo supo, a través de Gisselle, que lo último que bebió su hijo antes de morir fue un jugo de acerola.

“Yo tengo un leve recuerdo de que lo pedí y que me lo dieron con una jeringuilla. Yo pienso que es Dios dejándose ver en estos detalles”, sostiene la joven, tras resaltar que la donación de órganos es el mejor regalo de vida que se puede hacer. De hecho, cuenta que todos en su casa, sus dos hermanas menores y sus padres, son donantes.

“Cada latido que siento es una oportunidad y por eso no quiero malgastar ningún momento. Mi compromiso ahora es cuidar mi corazón y honrar a Antonio y a su familia. Por eso alimento bien  mi cuerpo y espíritu para mantenerme en salud”, afirma convencida.

Mientras la joven habla, su madre, Brenda Díaz, la mira con orgullo. Se siente  feliz de verla tan bien y se nota. Ala misma vez, sostiene que ella y su familia tienen un compromiso de por vida con Gisselle y su familia.

“Vivimos agradecidos con ella porque en su momento de sufrimiento se desprendió de su dolor para bendecirnos. Realmente, es más que agradecimiento, por eso digo que es un compromiso”, afirma, al tiempo que indica que en sus oraciones nunca le pidieron a Dios un órgano para su hija.

“Nosotros pensábamos que Dios iba a sanar su corazón porque él tiene el poder para hacerlo. Pero lo hizo a través de un trasplante, permitió todo esto y tocó a mucha gente para que ella hoy pueda disfrutar de la vida y llevar el mensaje de fe y esperanza”, agrega agradecida Brenda.

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Gisselle Ortiz sostiene que “cada vez que abrazo a Tania, es como una vuelta atrás a esa primera vez que escuché el latido del corazón de mi hijo”.

Ganar una hija
“El corazón de mi hijo no puede estar en mejor lugar que con Tania”, asegura  convencida Gisselle Figueroa Cruz, mientras explica por qué no se quiere separar de Tania cuando la abraza.  “Siempre recuerdo cuando salí embarazada de Antonio y cuando escuché sus primeros latidos. Y cada  vez que abrazo a Tania, es como una vuelta atrás a esa primera vez que escuché el latido del corazón de mi hijo”.

Han pasado diez años y por un proceso de duelo que no acaba. Mientras conversa sobre el terrible accidente y los días que siguieron en Centro Médico, en varios momentos no puede contener el llanto, pero después de un rato se recompone e intenta seguir el hilo de la conversación. 

“Cuando me preguntaron si había pensado en la donación de órganos puedo decir que, para todos los efectos, era la primera vez que escuchaba sobre eso. Cuando el médico me lo explicó, caí en una crisis y le dije que no, no y no”, cuenta la madre, quien creía en ese momento era pecado. 

Pero cuando el médico le dijo que había una niña que era compatible con el corazón de su hijo y que le quedaban horas de vida “sentí que mi corazón tenía alas que se abrían y cerraban”. “Pensé en mi hijo y le dije que sí. Pero le dije que quería dos cosas: un sacerdote para que me explicara sobre la donación y conocer a la niña. Me dijo que el sacerdote me lo conseguía, pero que no podía conocer a la niña porque la donación era anónima”.

Esa noche pidió quedarse con él. “Me quedé toda la noche en ese cuarto sentada en una silla viendo a mi hijo morir”, recuerda. “Llevaba tres días sin dormir. En un momento la cabeza se me fue para atrás y sentí que me decían Ma. Me paré y fui hasta su cama y comencé a darle muchos besos. Ahí sentí que él apretó mi mano, yo sentí que mi hijo apretó mi mano”. Luego destaca que, para ella, esa fue la despedida.  

Ahora que conoce la importancia de la donación de órganos y el sentido que les da a otras vidas, dice que les recomendaría a las personas a que se eduquen y se conviertan en donantes. “Es un proceso que se puede describir con una sola palabra: amor”.

Significado especial
Cabe aclarar que aunque el proceso de donación es anónimo, ambas familias sentían el deseo de conocerse y lo lograron al año y medio de la donación, luego de que una amistad común los pusiera en contacto. 
Pero el encuentro de esta semana tenía un significado muy especial. Se cumplían diez años del trasplante de Tania, fecha en la que oficialmente fue dada de alta, por lo que de ahora en adelante no tiene que someterse a ciertos estudios, como la biopsia anual para evaluar el estado del corazón. Mientras que para la madre de Antonio, Gisselle, quien hasta ahora no había querido compartir públicamente el dolor que pasó por la pérdida de su hijo, éste era el momento perfecto para contar cómo tomó la decisión de donar el  corazón de su hijo y por la oportunidad de exhortar a las personas a que se eduquen sobre la importancia de ser donantes de órganos.
El programa de trasplante de CCPRC comenzó en 1999 y al presente se han realizado 161 trasplante de corazón, de esos, ocho han sido pediátricos, señala José Ramón Figueroa, director asociado de asuntos clínicos de enfermería y administrador del programa de trasplante de la institución.
Sin embargo, explica que el Hospital no tiene un programa de trasplante pediátrico. “Los hemos realizados en casos de emergencia cuando el paciente no puede viajar a los Estados Unidos debido al avance de su condición cardiaca, lo que no lo le permite viajar”. Al momento, según el ejecutivo, solo hay un paciente adulto en la lista espera para un trasplante de corazón.
“Pero eso puede cambiar semanalmente porque mientras van concluyendo los procesos de evaluación, se toma la decisión ante un comité donde se presenta el caso”, indica Figueroa, tras resaltar que las donaciones   se hacen a través de la Fundación Lifelink de Puerto Rico,  una organización sin fines de lucro dedicada a la recuperación de órganos y tejidos para trasplante.
Es importante resaltar que la donación de órganos se hace cuando una persona tiene muerte cerebral y en  Puerto Rico contamos con la ley 296 que especifica el protocolo a seguir cuando eso pasa. Si es por muerte cardiaca, la persona puede donar tejidos, porque hay un periodo de 24 horas para el proceso de recuperación. De hecho,  la donación de tejidos puede beneficiar hasta 52 personas. Mientras que con los órganos, se pueden salvar hasta ocho personas.
   El proceso para convertirte en donante es  sencillo y hasta los menores de edad se pueden inscribir junto a sus padres. Una manera de registrarte como donante de órganos y tejidos se puede hacer al renovar la licencia de conducir en un CESCO. La otra es través de la página donevidapuertorico.org.  puedes llamar al (787) 277-0900.

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