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¿Correr, esconderse o defenderse?

El cerebro disminuye la capacidad de reflexionar ante situaciones que producen miedo

El cerebro prioriza, porque no puede hacerlo todo, tiene limitaciones y escoge las cosas que cree que son importantes para sobrevivir

  • Por El Mercurio / GDA
  • 29 NOV. 2019 - 09:54 AM
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Hay características de personalidad y experiencias de vida de cada persona que también influyen en una reacción desproporcionada. (ashish choudhary / Pixabay)
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El corazón late más rápido, los músculos se tensan, el sistema digestivo disminuye su actividad y el cuerpo se prepara para huir o atacar. Así describe el neurocientífico Pedro Maldonado parte de lo que se produce en el cuerpo cuando los seres humanos sienten miedo.

Y el cerebro también se ve afectado: "El cerebro de alguien que cree que está frente a una amenaza prioriza lo que necesita para arrancar, esconderse o pelear", explica el científico. Esto implica que se disminuye la capacidad de reflexionar.

"La reflexión se deja de lado, porque para el cerebro no es importante en ese momento", asegura. "El cerebro prioriza, porque no puede hacerlo todo, tiene limitaciones y escoge las cosas que cree que son importantes para sobrevivir".

Correr, esconderse o defenderse son algunas de las reacciones más comunes.

"Si bien los seres humanos estamos en modo automático en un 90% del día, bajo una situación que se considere de amenaza es incluso menos probable que se dé la reflexión", concuerda Rodolfo Bachler, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor y quien acaba de realizar una investigación sobre las emociones durante la crisis que vive el país.

Según el investigador, las emociones y el razonamiento trabajan de la mano. "No es que cada uno vaya por su lado, sino que, en determinadas situaciones, reaccionamos desde el miedo, desde la alegría o desde la emoción que estemos sintiendo", explica Bachler.

Sobrerreaccionar

Sin embargo, el miedo "no hace que uno haga cualquier cosa", advierte Maldonado. El cerebro siempre enmarca las acciones desde una respuesta proporcional, explica el especialista. Esto significa que, si alguien recibe un grito, por ejemplo, es muy probable que responda de la misma forma.

"La persona siente una amenaza y quiere salir de ahí, y usa el auto para arrancar y, en medio del miedo, le es irrelevante lo que pueda suceder en el camino", explica Maldonado.

Se trata de respuestas que, si bien se basan en el instinto, dice el experto, cuando son tan desproporcionadas a la situación que se está viviendo, pueden esconder otros factores.

"Cuando vemos reacciones como estas, hay una alta probabilidad de que estas personas tengan un problema mental o que estuvieron sometidas a una experiencia traumática, y por eso su nivel de respuesta es especial", comenta Maldonado.

Consuelo Aldunate, psiquiatra, explica que la reacción también va a depender de la percepción de peligro de cada individuo.

"Nuestras percepciones son construcciones mentales, y en algunos casos de enfermedades mentales la percepción se distorsiona. Por ejemplo, si alguien me grita y creo que debo amenazarlo de muerte, tengo un problema de percepción y, probablemente, una realidad patológica", concuerda la doctora.

Algo en lo que también coinciden todos los especialistas entrevistados es en que hay características de personalidad y experiencias de vida de cada persona que también influyen en una reacción desproporcionada. Así, si alguien aprende a reaccionar agresivamente ante ciertas situaciones, es muy probable que se active su respuesta al estrés al enfrentarse a ellas y actuará según sus emociones.

Ante el miedo, el organismo puede experimentar las siguientes reacciones:

  • La frecuencia cardíaca y respiratoria aumentan.
  • La sangre se concentra en órganos vitales.
  • Se secretan hormonas como la adrenalina.
  • El nivel de glucosa se eleva.
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