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Inventor de cirugías

El doctor Enrique Márquez Grau y su misión de salvar corazones

Luego de más de cinco décadas salvando las vidas de niños enfermos, el doctor Enrique Márquez Grau pondera su aportación a la medicina pediátrica de la isla

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El rector del Recinto de Ciencias Médicas, el doctor Segundo Rodríguez Quilichini. (vanessa.serra@gfrmedia.com)
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Poor más de 55 años ha realizado cirugías cardiacas en niños, muchos de ellos a solo horas de nacer. Y aunque algunos crean que su retiro es inminente, el doctor Enrique Márquez Grau, de 88 años, todavía no lo tiene en mente. Es más, en sus planes no está jubilarse porque cuando lo haga “planifico morirme”, dice entre risas.

Ya no tiene la misma vitalidad que cuando comenzó a trabajar en San Juan, en 1964, luego de haberlo hecho en su natal Mayagüez y en Ponce, pero todavía tiene el mismo entusiasmo por salvar las vidas de los niños en riesgo.

Muchos lo consideran el padre de la cirugía pediátrica en Puerto Rico. De hecho, es el primer cirujano cardiovascular  que intervino a un paciente pediátrico en Puerto Rico y que todavía se mantiene activo en su especialidad, algo que él ve con una misión de vida: “la responsabilidad y el honor de salvarle la vida a un ser que apenas comienza a vivir”. 

Pero él, con mucha modestia, prefiere decir que más que un pionero, es la persona que más tiempo le ha dedicado a la cirugía pediátrica. “Soy el cirujano que más casos complejos de todas las áreas del cuerpo, con excepción del cerebro, he operado en niños”.

Además,  es el único cirujano pediátrico en la isla que tiene tres “boards” quirúrgicos (general, pediátrico y cardiotorácico) de la American Board of Surgery de Estados Unidos. En este punto comenta que quiere contar sobre cómo hizo esa última especialización. Pero primero explica que estudió medicina en Puerto Rico y la especialización en cirugía pediátrica general la hizo en Canadá. De regreso en la isla, comenzó a hacer cientos de cirugías cardiacas, aunque explica que  aún no había hecho la especialización. 

“Hice tantos casos que me volví un experto sin que nadie viniera a decirme cómo hacerlo. Descubría lo que tenía que hacer y así me convertí en un experto. Yo me sentía tan competente como cirujano cardiotorácico que me comuniqué con el ‘Board of Cardiothoracic Surgery (en Estados Unidos) y les mandé una recopilación de todos los casos que había hecho, que eran muchos y los resultados habían sido muy buenos. Y me acreditaron un año de un entrenamiento que me  di yo mismo”, explica con satisfacción. 

Inventor de cirugías
“La cirugía cardiaca es mucho más difícil en los niños, sobre todo en infantes que nacen con defectos en el corazón y hay que operarlos el día que nacen o en esa semana. Son operaciones extremadamente complejas y en esa época (años 60 y 70), en muchos de los casos no había una cirugía diseñada para el problema que tenían”, rememora el doctor Márquez Grau, mientras asegura que su interés siempre era ayudar a resolver las lesiones que afectaban a estos niños.  

En ese sentido recuerda cuando comenzó a realizar cirugías en bebés prematuros que, hasta ese momento nadie las hacía. “Son operaciones con mucha mortalidad, no hay manera de decir que no se va a morir ninguno”, indica con cierto pesar, al recordar lo difícil que es informarles a los padres sobre la muerte de un bebé.

Precisamente, su interés por lograr ayudar a estos niños lo llevó a inventar ciertas técnicas quirúrgicas para tratar defectos congénitos o cuando tenían múltiples problemas de salud.

“Por ejemplo, inventé una técnica para introducir un catéter en el corazón en pacientes pediátricos con fallo renal. Esa operación permitía que un paciente que estaba a punto de morir viviera. No hace mucho, hablando con un cirujano (del área de trasplante) me dijo que con esa técnica pudo salvarle la vida a una serie de pacientes a los que se les hizo un trasplante de riñón.  Luego de ser trasplantados, ese catéter se sacaba”, relata el médico, quien se mantiene como cirujano general pediátrico en el Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe y en el Hospital Pediátrico, además de ser profesor de cirugía en la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas (RCM).

Otro hito en la carrera del médico fue la cirugía para corregir un defecto cardíaco donde las dos principales arterias del corazón (aorta y aorta pulmonar) están intercambiadas (transpuestos). 

“Es una operación que no solo requiere bregar con arterias, sino con las válvulas del corazón y cambiar de posición las coronarias de esos pacientes recién nacidos”, recuerda el médico, tras explicar la dificultad de hacer esto en infantes debido a que el tamaño de las venas y arterias no es igual a la de los adultos.

Aun así, al doctor Márquez Grau le cuesta aceptar que ha dejado un legado a la clase médica y al país. Más bien lo ve como una aportación que espera sea de utilidad para seguir salvando vidas. “Yo inventé un par de cirugías, pero no me interesa tener gloria por eso. Lo que se deja es lo que estaba en el ambiente de ese momento. La cirugía congénita del corazón es algo que hoy día se hace todos los días”, agrega.

Ahora, mientras sopesa las opciones de jubilarse o seguir con su misión de salvar vidas infantiles, el doctor Márquez Grau expresa su preocupación debido a que ve un panorama de salud en la isla muy complicado.

“La medicina es extremadamente cara, además de que más mala. Las aseguradoras se están quedando con todo el dinero y los que dan el servicio de medicina no les llega una cantidad razonable de compensación, mientras el gobierno no ha podido hacer nada. En mi tiempo, la medicina era gratis, no había que pensar nada más que en curar la enfermedad”, expone el médico para luego recordar que en esa época existían los Centros de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) que ofrecían servicios de salud ambulatorios.

“Ese fue un invento buenísimo del doctor Guillermo Arbona que le daba servicio a todo el mundo porque estaban ubicados en cada pueblo y las personas no tenían que ir a los hospitales. Desgraciadamente, después otras personas pensaron que eso no era una buena idea. Ahora mismo me dan pena los pacientes porque tienen que lidiar con mucho papeleo, carga administrativa y peleas con las aseguradoras para obtener un servicio”, denuncia Márquez Grau, al tiempo que resalta la importancia de comenzar a pensar y trabajar para que en la isla haya un seguro de salud universal y servicios de salud gratuitos.

Panadero, maestro o médico
En su natal Mayagüez, el doctor Enrique Márquez Grau dice que había un millón de opciones para estudiar u obtener un oficio. 

“Podías ser panadero o criar lechones, podías estudiar para ser maestro, ingeniero o médico. En la rama de la medicina, tenías la cirugía y la medicina general. Y yo estaba bien dirigido a algo que fuera técnico”, recuerda el cirujano, quien dice que su padre tenía un negocio de reparación de automóviles y desde muy niño tuvo esa exposición a “arreglar las cosas que están dañadas y extendí ese concepto a la medicina”. 

Con franqueza acepta que decidió estudiar medicina porque “eso te da prestigio” y él no tenía interés “por la literatura, escribir poesía o la filosofía”. Mucho menos por ser panadero o criar lechones.

Sin embargo, acepta que cuando empezó a estudiar medicina no tenía en mente entrar a cirugía, pero después de los internados y estar en contacto con grandes cirujanos con los que hizo su residencia como médico, se dio cuenta que la cirugía era un buen camino. Ahora, afirma, se da cuenta que fue lo mejor que pudo hacer. Sobre todo, porque en esa época en que se distinguió con las innovadoras técnicas quirúrgicas que implantó, pudo salvar las vidas de niños que, de otra manera, no habrían logrado sobrevivir.

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