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Servidor público por excelencia

El legado del doctor Johnny Rullán

Su vida profesional tuvo un solo norte: cuidar la salud de Puerto Rico

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En esta foto del 2015, el doctor Johnny Rullán enfatiza sobre la importancia de la vacunación en las escuelas privadas. (Archivo de GFR Media)
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Se fue el héroe de la medicina de Puerto Rico.
Se fue el salubrista más importante que hemos tenido.
Se fue el eterno secretario de Salud.

El legado del doctor Johnny Rullán al sistema de salud pública es de tal magnitud que será “la base del conocimiento del salubrismo de Puerto Rico; quienes aspiren a ser salubristas tendrá, primero, que leer la vida de Johnny’’, expresó la doctora Antonia Coello Novello, excirujana general de Estados Unidos.

Hubo muchos que no entendieron su actitud “demasiado directa’’, pero quienes realmente lo conocieron describen a un servidor público con un corazón noble, cuyo norte siempre fue que el puertorriqueño promedio —no el rico — tuviera acceso a la salud que se merecía.

Cuando tratas de resolver un problema masivo y te enfrentas tantas adversidades como las económicas, políticas hasta la falta de apreciación de la intensidad del problema, “lo que te queda es empujar, utilizar tu figura, tu persona, tu voz, tu poder para ejecutar las soluciones; y en la vida de Johnny hubo tantas veces que tuvo que utilizar todo lo que tenía para llevar la salud a Puerto Rico que es importante que el pueblo no se confunda y se dé cuenta de que hay veces en que es necesario utilizar todo lo que tienes para llevar el mensaje de sanación’’, argumentó la doctora Coello Novello.

Rullán era un epidemiólogo 360, por entrenamiento, por conocimiento, por sabiduría y por memoria instituticional. Todo lo que aprendió, tanto en su formación académica como profesional —fue epidemiólogo, consultor, secretario de Salud y comisionado — no lo utilizó para beneficiar al mundo sino al ciudadano promedio. Un ciudadano al que le dedicó toda su vida, un ciudadano que, tal vez, ni conocía de su existencia.

Pero a Johnny le interesaba su pueblo. Por él, alzó su voz con fuerza ante el zika, la influenza, la vacunación y el VIH. “Realizó cuando maniobra tuvo a su alcance para socavar todos los escollos que prohibían, evitaban y disminuían la posibilidad de que Puerto Rico tuviera salud’’, dijo Coello Novello.

Así también lo recordó su amigo, el doctor Javier O. Morales Ramírez. “En Puerto Rico, gran parte de los pacientes de VIH, se veían entre el Hospital Municipal y mi oficina, porque nadie más los atendía. Él me llamó para comunicarme su idea de crear unas clínicas para tratar a estos pacientes y me preguntó: ¿Tú me darías la mano? Por supuesto, le contesté. Entonces, se comenzaron a crear los protocolos de tratamientos. Pero, como él tenía “fuerza de cara’’ me dice que debemos visitar los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermerdades), en Atlanta, y los NIH (Institutos Nacionales de Salud) en Maryland, pero que me tenía que pagar el pasaje porque no tenía el dinero. Le contesté afirmativamente. Pero la realidad es que Johnny no tenía ningún fondo asignado, ni dinero, no había un centavo. Pero él luchó por los fondos, pelió su idea y lo logró. Las clínicas que existen hoy día para estos pacientes son una realidad por su empuje”.

Aún sin tener un puesto público, se mantuvo activo por iniciativa propia o porque era el experto al que todos acudían para solucionar un problema de salud. Su corazón, su esfuerzo y su conocimiento eran su portaestandarte. “Era un profesional que siempre se mantuvo al día y nos enseñó que la salud comunitaria tienen que ir por encima de la individual. Fue nuestro aliado en la concienciación sobre la importancia de la vacunación. Siempre lo habló de frente y con transparencia”, manifestó la directora ejecutiva de VOCES, Lilliam Rodríguez quien añadió que “como ser humano nos dio una lección sobre lo que realmente significa ser desprendido, que el país tenía que ser primero, que las ideologías había que dejarlas a un lado y que la salud era un asunto de todos”.

Su legado, más allá de su capacidad profesional de primera, “es su honradez intelectual, la entrega genuina y auténtica al servicio público’’, elogió el doctor Morales.

Tanto la doctora Coello Novello, el doctor Morales como Rodríguez resaltaron cuánto admiraron su espíritu combatiente ante el cáncer. Era un guerrero, no sabía lo que era rendirse, con un alto sentido de positivismo y quien luchó con todas sus esfuerzas hasta el final. “Aun en su enfermedad, esto es increíble, nos enseñó. Ayer, uno de sus hijos le dio un jugo de china con un gotero, pues ya estaba muy débil, y le preguntó: “Papi, ¿cómo está esto? Y él le dijo: ¡Sabroso, sabroso!’’, relató Morales para describir esa actitud tan positiva y esas palabras exactas que siempre tenía para todo “amaba la vida, amaba al ser humano… lo llevaba tatuado en su ser’’.

Son muchas más las líneas que podría escribir sobre todas las aportaciones profesionales y humanas del “eterno secretario de Salud de Puerto Rico’’, pero debo culminar, no sin antes incluir la última cita de su amigo el doctor Morales: “Puerto Rico está en deuda con Johnny y la deuda es grande…’’.

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