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Guía del cuidador del paciente de alzhéimer

Nuevas guías para diagnosticar el alzhéimer promueven detección temprana

Aunque aún se considera la autopsia como el método más certero, existen nuevos instrumentos que buscan mejorar la detección

  • Por Vanessa Sepúlveda, MD
  • 15 SEP. 2017 - 08:00 AM
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Los biomarcadores más estudiados en la enfermedad de Alzheimer incluyen los estudios de imágenes del cerebro, como resonancia magnética (MRI). (Shutterstock)
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Por décadas, el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer ha sido uno de exclusión, basado en los síntomas de una persona, en lugar de la evidencia definitiva de la presencia de una enfermedad en el cerebro. Incluso, un diagnóstico certero no era posible hasta que se realizara una autopsia. Si no se encontraba una razón o condición relacionada a la pérdida de memoria, el síntoma más común, se decía que la persona tenía la enfermedad de Alzheimer.

Hoy día, esto es cosa del pasado. Aunque aún se considera la autopsia como el método más certero, contamos con nuevos instrumentos. En el 2011, los criterios de diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer fueron revisados por un grupo internacional compuesto por la Asociación de Alzheimer y el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. Incorporando los nuevos avances en la ciencia y la tecnología, estas nuevas guías de diagnóstico se proponen promover el diagnóstico temprano. Además, se pretende fortalecer el reporte patológico de los cambios asociados a la enfermedad de Alzheimer en el cerebro, de manera que, a través de la investigación, se realicen estudios paralelos que fortalezcan un diagnóstico certero de la condición. Tres de las nuevas guías, se enfocan en tres etapas de la enfermedad.

Etapa preclínica o presintomática

Esta es reconocida como una nueva etapa de la enfermedad, en la cual están ocurriendo cambios biológicos en el cerebro, sin producir síntomas. Estudios científicos sugieren que estos cambios causados por la enfermedad comienzan muchos años o hasta décadas antes de que una persona presente síntomas de pérdida de memoria y confusión. Por tal razón, esta guía propone identificar la presencia de unas sustancias, llamadas biomarcadores, que indican un estado biológico y que pueden medirse objetivamente. Los biomarcadores son medidos a nivel molecular, bioquímico o celular que explican que está ocurriendo un proceso. Por ejemplo, el nivel de azúcar en sangre es el biomarcador de diabetes.

Los biomarcadores más estudiados en la enfermedad de Alzheimer incluyen los estudios de imágenes del cerebro, como: resonancia magnética (MRI), tomografía computadorizada (CT), tomografía por emisión de positrones (PET) y las proteínas en el líquido cerebroespinal. Estos biomarcadores miden los procesos patológicos más comunes de la condición: la deposición de las placas de amiloide y los husos neurofibrilares.

El objetivo máximo de la investigación en este caso es determinar si la combinación del uso de protocolos de imágenes de cerebro, junto a pruebas de laboratorio y pruebas psicológicas podría ofrecer una manera de identificar personas a riesgo de desarrollar la enfermedad, realizando un diagnóstico temprano. Esta etapa preclínica ganará más importancia si la investigación de tratamientos que detengan el proceso biológico de la enfermedad tiene éxito en los próximos años.

Trastorno leve cognitivo

En esta etapa, cambios leves en memoria y pensamiento son notables y podrían ser medibles en las escalas de memoria o pruebas neurosicológicas. Los mismos no interfieren en las actividades del diario vivir de la persona afectada. Esta etapa se considera una fase sintomática de predemencia. El uso de biomarcadores en esta etapa se encuentra en investigación.

Demencia debido a la enfermedad de Alzheimer

En esta etapa, los trastornos de memoria, pensamiento y conducta no le permitirán a la persona afectada funcionar independiente en sus actividades del diario vivir. Según los síntomas del paciente, esta etapa, se podría subdividir en leve, moderada o severa. Esta guía es suficientemente amplia como para garantizar un diagnóstico adecuado por el proveedor de salud. Se espera que, en un futuro, se pueda validar el uso de biomarcadores para el diagnóstico en esta etapa y para el seguimiento de respuesta en el tratamiento. Aún queda camino por recorrer en esta área de investigación.

La revisión de los criterios de diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer en el 2011 nos provee guías flexibles y determinadas que sostienen el diagnóstico temprano de la condición. La investigación está comprometida en trabajar en las etapas presintomáticas de la condición, en las cuales la presencia de biomarcadores podría ser medibles. Un diagnóstico temprano se traduce en un mejor resultado para la persona afectada. La educación y el desarrollo de un plan de manejo a corto y a largo plazo establecerán la calidad de vida tanto del paciente como del cuidador.

La autora es especialista en Medicina Interna y Geriatría, y catedrática asociada de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico.

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