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Anatomía de un trastorno común

La respuesta del cuerpo a la ansiedad

La manera en la que el cuerpo responde a este trastorno es diferente en cada persona, pero tiene unos elementos comunes

  • Por Redacción de Por Dentro
  • 05 MAR. 2018 - 02:00 AM
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Cuando el cerebro se siente que hay una amenaza, automáticamente pone en marcha una línea directa con la amígdala, su centro del miedo. (Shutterstock)
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Cuando el cerebro está en alerta, la amígdala produce una serie de sustancias químicas y hormonales que ponen al organismo en estado de ansiedad.

1. Se estimula la secreción de la hormona del estrés. En  respuesta a las señales del hipotálamo y la glándula pituitaria, las glándulas suprarrenales emiten elevadas secreciones de cortisol, la hormona del estrés. Un exceso de cortisol causa un cortocircuito en las células del hipocampo que entorpece la organización del recuerdo de un trauma. Los recuerdos pierden su contexto y se tornan fragmentarios.

2. Aumento del ritmo cardíaco. El sistema nervioso simpático del organismo, encargado de la respiración y de las pulsaciones cardíacas, se rebela. El corazón late más rápido, aumenta la presión sanguínea y los pulmones hiperventilan. La sudoración  aumenta y las terminaciones nerviosas de la piel entran en acción al modo “piel de gallina”.

3. Miedo, lucha o huida. Los sentidos están en alerta de peligro y registran hasta los menores detalles del entorno, en busca de nuevas amenazas. Los músculos recogen descargas  de adrenalina en preparación para que el cuerpo asuma modo de ataque o de huida.

4. Colapso de la digestión. El cerebro deja de pensar en las actividades agradables. Para que no se derrochen energías, a veces el organismo  descarga el conducto digestivo de forma involuntaria a través de la orina, vómitos y defecación.

¿Qué la desencadena?

Si los sentidos perciben que hay un peligro, la información puede tomar dos vías:

A. Acceso rápido

Cuando el cerebro se siente que hay una amenaza, automáticamente pone en marcha una línea directa con la amígdala, su centro del miedo. Una vez activada, la amígdala alerta a otras estructuras cerebrales. El resultado es la clásica respuesta al miedo: manos sudorosas, aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea y una descarga de adrenalina.

B. La vía larga

Tras la activación de la respuesta inicial al miedo, la actividad mental consciente se pone en marcha, pero antes de que una parte de la información sensorial viaje directamente a la amígdala, toma una ruta alternativa deteniéndose primero en el tálamo -el centro de entrada sensorial. Después viaja al córtex, la corteza cerebral o capa externa de las células cerebrales donde se analizan los datos procedentes de los sentidos y decide si se requiere una respuesta de peligro. Si es así, el córtex se lo indica a la amígdala y el cuerpo inicia la alerta y los estímulos que van a la corteza cerebral son filtrados en el tálamo, donde se decide si siguen o terminan su camino, calificándolos de triviales.

La angustia y las regiones cerebrales

Estímulos visuales y auditivos

Las imágenes y los sonidos son procesados en primer lugar por el tálamo, donde se filtra o redirige hacia la amígdala o la región adecuada del córtex.

Estímulos olfativos y táctiles

Generalmente, los olores y las sensaciones táctiles se desvían en el tálamo y van directamente a la amígdala. A menudo, los olores evocan sonidos y visiones en  la memoria.

El tálamo

El centro de la visión y los sonidos, el tálamo descompone las entradas visuales por tamaño, forma y color; y las entradas auditivas por volumen y disonancia, remitiéndolas entonces a las regiones correspondientes del córtex.

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