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Sexualidad

La vagina: mitos, realidades y curiosidades

A pesar de que a las vaginas se las ha silenciado, celebridades como Gwyneth Paltrow acaparan la atención mundial por hablar de un tema del que no se suele hablar

  • Por El Comercio/ GDA
  • 10 MAR. 2020 - 10:00 AM
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Hace unas semanas la actriz Gwyneth Paltrow presentó una vela llamada This Smells Like My Vagina en su tienda online. (Captura de Instagram)
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A través de la historia un velo de misterio y vergüenza ha envuelto a los genitales femeninos.  Revisamos algunas ideas erróneas relacionadas con la vagina, el útero y otras partes del cuerpo.

No era broma. Hace unas semanas, Gwyneth Paltrow presentó una vela llamada This Smells Like My Vagina (Esto huele como mi vagina) en su tienda online. La primera reacción ante el producto vendido por la actriz de 47 años fue de sorpresa. La segunda, de curiosidad.

El precio ($ 75) no ahuyentó a los compradores y se agotó en menos de un día. En medio de los incendios en Australia, Paltrow había usurpado la atención mundial por hablar de un tema del que no se habla.

“Todo empezó como un chiste”, explicó en el talk- show de Seth Meyers. Estaba con el perfumista Douglas Little probando una nueva fragancia y dije: “Esto huele como mi vagina. Y así quedó. Es muy punk rock. Muchas mujeres hemos crecido con cierto grado de vergüenza respecto a nuestros cuerpos, así que pensé que esta vela tenía algo de subversivo”.

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A las vaginas se las ha demonizado, fumigado, castrado, silenciado. “Funcionan como una especie de Rorschach cultural”, señala Naomi Wolf, autora de “Vagina: Una nueva biografía de la sexualidad femenina” (2012). “Refleja la atracción que provoca en los demás y las inquietudes, a menudo contradictorias, que genera”.

Los genitales femeninos han sido una de las partes más estigmatizadas del cuerpo humano, un histórico territorio de disputa, cargado de vergüenza, estigmas y tabúes sociales. Como detalla la académica Emma L. E. Rees en “The Vagina: A Literary and Cultural History” (2015), en comparación con los genitales masculinos, las representaciones de la vulva en el arte son bastante raras hasta el siglo XX.

La historia de la ciencia exhibe las ideas erróneas que han rodeado a la vagina, el útero, el clítoris. En Timeo (siglo IV a.C.), Platón describe el útero como un animal capaz de deambular por todo el cuerpo, una idea que también compartían Hipócrates y sus seguidores y que probablemente fue tomada de los egipcios.

El papiro Ebers -uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, de hace 3,500 años- incluye recetas para volver al útero a su lugar mediante la introducción de sustancias aromáticas por la vagina, como humo de maderas perfumadas.

La innombrable

Una encuesta del 2016 de la organización benéfica Eve Appeal en el Reino Unido arrojó que el 65 % de las mujeres consultadas de entre 18 y 24 años evitaban usar las palabras “vagina” o “vulva”, además de desconocer su anatomía. Incluso no iban al médico para hablar sobre sus problemas ginecológicos.

No es un hecho aislado. En varias culturas, la propia palabra “vagina” arrastra una sombra de vergüenza. Como recuerda el sexólogo holandés Jelto Drenth en “El origen del mundo: Ciencia y ficción de la vagina” (2008), el misterio que rodea al sexo femenino se ve también reflejado en los eufemismos usados para designarlo: “allá abajo”, “tercera axila”.

Hasta el siglo XVII, los médicos prescribieron la fumigación de los órganos sexuales femeninos con toda clase de olores y hierbas para calmar los malestares, como se ve en “Catoptrum Microcosmicum” (1667) de Johann Remmelin.

Con su imperio de salud y bienestar valorado en $250 millones, Gwyneth Paltrow ha capitalizado la ancestral vergüenza vaginal. Y no sin controversias. En el 2015, puso a la venta un vaporizador vaginal. Luego promocionó huevos de jade que se insertan en las partes íntimas para “aumentar el chi, los orgasmos, el tono muscular vaginal, el equilibrio hormonal y la energía femenina en general”.

El sitio web de supuesto bienestar recibió multas de $145,000 y las críticas de la comunidad científica internacional por sus productos y terapias sin evidencia, que no solo estafan a las compradoras, sino que incluso pueden llegar a ser peligrosos para la salud.

Cambios con el transcurso del tiempo

Las cosas han cambiado bastante. Hasta hace unos pocos años, las mujeres iban a sus consultas con el ginecólogo y solo le preguntaban si sospechaban sobre alguna enfermedad. Luego, todo se entendía como parte de su normalidad. "Así es como eres", es lo que se le solía responder a las pacientes.

Sin embargo, sobre todo las mujeres menores de 30 años, tienen un mayor y mejor conocimiento de su anatomía. Si bien su motivación parte de lo estético, esto las ayuda a descubrir completamente y de manera temprana su genitalidad, lo cual trae como consecuencia más preguntas hacia los ginecólogos. Pero estas interrogantes ya no son por la sospecha de un mal funcionamiento, sino para conocer más sobre su propio organismo.

El siguiente gran paso es que esta naturalidad para hablar sobre la vulva, la vagina, el útero y demás salga de los consultorios. Que no sea materia solo de consulta médica.

No hay motivos para que partes del cuerpo humano sigan sin tratarse como si fueran cualquier otra cosa. Hay que seguir rompiendo tabúes en donde no deben estar.

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