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Se necesita más prevención

Las claves para evitar un suicidio

¿Cuál es la manera más efectiva de evitar que más personas quieran atentar contra su vida?

  • Por El Mercurio / GDA
  • 30 OCT. 2019 - 06:30 AM
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Según un estudio reciente realizado en Estados Unidos, cerca del 20% de los estudiantes de escuela superior ha tenido ideas suicidas en los últimos 12 meses. (Ulrike Mai / Pixabay)
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Más gente de lo que se cree piensa alguna vez en la idea de atentar contra su vida cuando se ve abrumada por las circunstancias o por problemas de salud mental de diverso orden. Son ráfagas, pensamientos rápidos que se van tan de prisa como llegan y se dan con cierta normalidad, especialmente entre los adultos jóvenes.

Según un estudio reciente realizado en Estados Unidos, cerca del 20% de los estudiantes de escuela superior ha sentido esto en los últimos 12 meses. Pero, de ahí a pensar en cómo concretar esta idea, hay un gran paso. Un paso al que según este estudio llega el 8%. Esta cifra es bastante más baja, pero aún demasiado alta.

Urge prevenir

El dato lo entrega la doctora Madelyn Gould, psiquiatra y copresidenta de la International Association for Suicide Prevention, quien señala que cuando la situación económica de un país no es buena y/o los costos de la vida son muy altos, las tasas de intentos de suicidio, y también de depresión y ansiedad, aumentan. Además, acota que sus conocimientos sobre cómo funciona el cerebro pueden dar pistas para entender el exceso de violencia en el que se ven involucrados algunos jóvenes.

A ellos no les gusta que les digan esto, pero es cierto: la corteza prefrontal del cerebro (zona relacionada con la planificación del comportamiento, la toma de decisiones y la adecuación al comportamiento social) no se desarrolla completamente hasta después de los 24 años. Por eso, antes de esa edad muchos no logran pensar bien en las consecuencias de sus actos. Esto incluye el vandalismo y también el suicidio.

La doctora cuenta que su interés por este tema tan rudo y difícil, en el que lleva trabajando 40 años, nació cuando aún estudiaba Medicina y comenzó a preguntarse cuáles son los conceptos que los niños asocian con la muerte; cómo la entienden, cómo la viven, cómo la procesan mental y afectivamente. Más tarde, ya trabajando en el Departamento de Psiquiatría de Columbia, un colega estaba empezando a desarrollar un programa de investigación sobre el suicidio y la invitó a participar. Ahí, dice, se dio cuenta de que el grupo de riesgo es mucho más grande de lo que pensaba y que las personas que tienen este tipo de pensamientos no debieran sentirse tan solas, porque son muchas los que experimentan estas horribles sensaciones.

“No llegué aquí porque tenga alguna historia personal relacionada con el tema”, aclara. “Aunque ahora tengo miles de historias personales. Todas las que escucho, las que veo y las que conozco son también personales. Y son interminables”.

A nivel mundial, las tasas de suicidio han disminuido en los últimos años. La doctora explica que esto se debe, posiblemente, a que hubo una importante reducción en los últimos años en China y, como se trata de un país con tanta población, esto incide en las estadísticas a nivel global. Pero, según los estudios que maneja, en Estados Unidos la tendencia es la opuesta: este fenómeno va en alza.

“En Estados Unidos, las tasas de suicidio juvenil, que es en lo que me especializo, comenzaron a subir sostenidamente desde los años 50 hasta que en los 90 bajaron por diversos factores: la economía estaba relativamente bien, aumentó la prevención, aparecieron mejores medicamentos. Pero, desde comienzos del 2000 han vuelto a subir”, comenta.

Salir del túnel

No hay duda: se necesita más prevención. Pero, ¿cuál es la manera más efectiva de evitar que más personas quieran atentar contra su vida? Según la doctora Gould, es muy importante que los programas de prevención incorporen un seguimiento a las personas que hayan llegado a los hospitales por intentos suicidas.

Hace poco lideró un estudio en el que se prueba que algo tan simple como una carta del personal médico, preguntando cómo se siente la persona, puede ser suficiente para frenar una reincidencia que tenga un desenlace fatal. Pero, recalca, esto es lo mínimo que un plan de prevención de suicidio debe considerar.

Línea PAS, gestionada por la Adminstración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA)
1-800-981-0023

“Lo central es reconocer a tiempo a las personas que están en riesgo, para poder ayudarlas", explica. Para esto, la gente que está en contacto con jóvenes debe hacer preguntas, en especial si sospecha algo. ¿Cómo estás durmiendo? ¿Has estado comiendo bien? ¿Estás preocupado por algo? Algunas personas sienten miedo de tocar estos temas, pero no debieran, porque siempre es mejor hablar. En 2005 dirigí una investigación en la que se comprobó que incluso cuando se pregunta directamente si se han tenido pensamientos suicidas, esto no instala la idea en la cabeza de nadie. Desde entonces, muchos estudios posteriores han demostrado lo mismo”, explica.

Pero, la manera en la que se hable del tema, advierte Gould, es importante. Especialmente por parte de los medios de comunicación.

“No hay que ‘glamurizar’ el suicidio, porque eso ayuda a que la gente empiece a pensar que atentar contra su vida es una idea aceptable. Lo que los medios deben hacer es mostrar cómo ayudar, cómo persuadir a las personas que están pensando en esto. También evitar mostrar maneras en las que un suicidio se puede llevar a cabo”. Esto, recalca, es justamente lo contrario de lo que hizo la cuestionada serie "13 reasons why".

“Yo supe primero del libro, me lo pasó un colega porque algunos de sus pacientes estaban leyéndolo. Lo peligroso de esa historia es que presenta el suicidio como una manera de resolver problemas. Cuando vi que iba a salir la serie en Netflix, me asusté por el alcance que podría tener. Ahora, ya pasado algún tiempo, están saliendo los primeros estudios que muestran cifras más altas de suicidios en Estados Unidos inmediatamente después de que la serie se diera. Estos registros muestran un efecto mayor en la gente joven y levemente superior en las niñas. Estadísticamente, los hombres mueren más que las mujeres, pero ellas hacen más intentos, en parte porque registran mayores índices de depresión y porque los hombres suelen ser más violentos en sus métodos”, subraya.

¿Cuál sería, entonces, la manera correcta de abordar a alguien que está inmerso en lo que la profesional llama "crisis suicida"?

Según la doctora, las personas, sin importar su grado de cercanía familiar o afectiva con quien está sufriendo, deben reaccionar de manera similar a como lo hacen quienes trabajan en las líneas telefónicas de emergencia para estos casos. Cuando estos servicios comenzaron, dice Madelyn, no fueron tomados muy en serio por la comunidad científica, pero hoy han demostrado ser efectivos a la hora de revertir intenciones suicidas. Y eso que, según cuenta, la mayoría de las conversaciones que ahí se dan solo toman, en promedio, 20 minutos.

“Lo último que hay que decir en estos casos es algo como ‘vale la pena vivir’, porque eso invalida lo que la otra persona siente y la cierra al diálogo”, explica.

La doctora Gould repite varias veces que lo principal es que mucha gente sea letrada en salud mental. Esto es, que tenga conocimientos mínimos sobre las enfermedades mentales y cuál es la manera correcta de acercarse a las personas que las padecen. Así se hace más fácil contener y ayudar mejor a las personas queridas que están sufriendo.

“Los que están en el entorno de una persona con ideas suicidas pueden ser un puntal fundamental. Ellos pueden ayudar a sacar a los que entran en lo que se conoce como ‘visión de túnel’, situación en la que no ven más que el suicidio como única solución. Se sienten abrumados y se cierran en una actitud que es irracional. En este estado, el consumo de sustancias como alcohol o drogas también se asocia con un mayor riesgo de suicidio porque afecta la racionalidad”, detalla.

La doctora Gould ahonda más. “Hace que ejecuten pensamientos al respecto que pueden tener y que, sin la alteración de la voluntad que producen las sustancias ilícitas, frenarían”.

La estrategia más útil, dice Gould, es hacer que el otro se sienta cómodo y pueda explayarse en torno a lo que siente: una sensación de inferioridad, de no ser digno de vivir, de ser una carga para todo el resto -algo que se enfatiza en la tercera y cuarta edad, si las pensiones no alcanzan y se debe vivir de los hijos-, de no ser capaz de lidiar con la ansiedad, el estrés y los desafíos de la vida. Todas sensaciones que no siempre dependen de problemas reales, aunque estos pueden actuar como factores gatillantes de una crisis.

La mayoría de las personas con pensamientos suicidas tiene sentimientos ambivalentes con respecto a concretar ese plan. Incluso, si cometen intentos serios, en alguna parte de ellos hay algo que quiere seguir viviendo. A esa ambivalencia hay que apelar”, explica. Esto se logra empezando a hablar, luego de que el otro desahogó su pena, sobre los sentimientos positivos, las cosas que le dan sentido a su vida. Esto con un enfoque colaborativo, no en un plan de "solucionar problemas"; no hay que decirles qué hacer, si no empoderar a las personas afectadas, para que la salida surja desde ellas mismas. El suicida piensa que sus seres queridos sufrirán al comienzo, pero que después lo superarán y estarán mejor sin ellos. Es importante hacerles ver que no, que su muerte será una carga para siempre.

La doctora asegura que eso de que no hay que tomar en serio a las personas que hablan de suicidio es un mito.

“Al revés, si alguien toca el tema, hay que estar atentos, observar más pistas. Si alguien confiesa que está pensando en suicidarse, pero pide que mantengan el secreto... ¡No hay que mantener el secreto! Esa persona necesita ayuda. Pero, ojo, que muchas veces no hay que dirigirse a alguien de la familia, porque la raíz de los problemas que aquejan al suicida puede encontrarse ahí”.

Sugerir a los afectados que pidan ayuda profesional es una buena idea, sin duda muy recomendable, pero no siempre es fácil de llevar a cabo.

“El problema más grave es que incluso cuando hay acceso a atención profesional, mucha gente no la solicita”, acota la doctora Gould. “Tenemos que cambiar la actitud de la gente hacia el hecho de pedir ayuda. Muchos sienten que pueden arreglárselas solos, o le tienen miedo al estigma de reconocer que tienen problemas de salud mental. Si tienes problemas al corazón, vas al cardiólogo y no sientes vergüenza por ello, pero esto no suele ser así cuando se trata de salud mental. Eso tiene que cambiar”, finaliza la doctora Gould.

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