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Avanzar de espaldas al prohibicionismo

Marihuana legal: países aprenden del modelo uruguayo

La ley logró cortar más de la mitad del negocio al narcotráfico y un 55% de la población ya acude a comprar al circuito legal

  • Por EFE
  • 17 JUL. 2019 - 11:38 AM
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Uruguay es la primera nación del planeta en regular la producción, distribución y comercialización de la marihuana a nivel local. (EFE)
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Uruguay aprobó la regulación integral del cannabis en 2013 y desde hace dos años el producto se vende en farmacias. Canadá siguió su ejemplo en 2018 con una normativa similar y varias naciones ya toman nota para aplicar sus propios modelos: México podría convertirse pronto en el tercer país del globo en legalizar la marihuana.

El ciudadano uruguayo puede adquirir 10 gramos de Cannabis por semana, un máximo de 40 al mes, gracias a una ley aprobada por José Mujica en 2013 y que convirtió a Uruguay en la primera nación del planeta en regular la producción, distribución y comercialización de la marihuana a nivel local, así como su utilización con fines medicinales.

 “La ley ha permitido que ese consumidor recreativo no tenga que recurrir a los lugares tradicionales de venta ilegal”, explicó Aida Gonzálvez, directora departamental de Salud de Rivera, en el norte del país.

 En mayo habían 36 mil registrados para comprar en farmacias, alrededor de 7 mil autocultivadores y más de 3.500 socios de clubes cannábicos, según datos del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA).

 La ley ya permitía a los uruguayos, desde 2014, acceder a la marihuana mediante el autocultivo, cada ciudadano con residencia en Uruguay puede disponer de 6 plantas de cannabis psicoactivo y un máximo de producto de 480 gramos anuales, o a través de la pertenencia a un club, formados por residentes, con límite de 45 socios, un cultivo limitado a 99 plantas y 480 gramos al año por miembro, pero la medida que democratiza el consumo legal, es la venta en farmacias.

 La sociedad, cada vez más favorable.

 No han pasado ni dos años desde que empezó a funcionar ese sistema y la medida ya ha demostrado que avanzar de espaldas al prohibicionismo es una alternativa que, en el caso de Uruguay, presenta resultados positivos.

 La ley, además, le ha comido más de la mitad del negocio al narcotráfico -alrededor de 25 millones de dólares- y se calcula que un 55% de la población ya acude a comprar al circuito legal, según datos del IRCCA (Instituto de Regulación y Control del Cannabis).

 Pasear hoy por las calles de Uruguay es pasear por un país en el que la ciudadanía ha asumido de manera natural que el vecino consuma marihuana. La heterogeneidad en el perfil de fumador es clave para definir el fenómeno uruguayo.

Hoy esas son estampas habituales. La marihuana ya no es sinónimo de exclusión y su regulación no se ha traducido en un problema de salud pública. Cuando se implementa la ley, en Uruguay había 170 mil fumadores de cannabis, entre ellos 17 mil consumidores problemáticos, según las cifras que maneja el Ministerio de Salud.

“Es cierto que ha habido un aumento del consumo”, reconoció Clara Musto, socióloga de Monitor Cannabis, organización dedicada a la investigación en el área de la marihuana. “Yo creo en esa ley de la economía: a mayor oferta hay mayor consumo. Pero ese consumo aumentó dentro de la tendencia en la que lo venía haciendo y el incremento se produjo por debajo del promedio en poblaciones jóvenes. Ese es un dato relevante”, observó.

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Martin Borland muestra un paquete de marihuana recién comprado en una farmacia de Montevideo. (EFE)

 El cannabis no deja de ser una droga y el estigma social no ha desaparecido, pero la percepción de la población ha experimentado un cambio sustancial desde que se comenzó a aplicar la regulación, según una encuesta elaborada por Monitor Cannabis (Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República): en 2018 la mayoría de los uruguayos consultados (un 44% a favor por un 41% en contra) apoyaban la ley, frente al 70% que se manifestaba hostil antes de aprobarse la norma.

“Es una medida polémica, muy disruptiva en términos históricos, que conlleva un proceso de cambio cultural”, explicó Diego Olivera, secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND).

“Quizás las generaciones más jóvenes lo veían como algo esperable, pero una parte importante de la sociedad, incluyendo el sistema político, ha tenido expresiones de resistencia. Lo significativo es que esas dudas se han ido disipando”, concluyó.

Desabastecimiento: principal reto.

Actualmente sólo dos empresas cultivan cannabis en Uruguay: Symbiosis e ICC Labs. La producción todavía es insuficiente para abastecer a los usuarios registrados: el cultivo de marihuana no es sencillo, está condicionado por la climatología y la estacionalidad, y son frecuentes las pérdidas de cosechas. Esta circunstancia provoca que la llegada del producto a las farmacias sea limitada y que situaciones como la de Martín Borland, esperando durante horas para adquirir la sustancia, sean todavía habituales.

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Un bote de Epifractán, el primer producto de cannabis medicinal vendido en farmacias en Uruguay. (EFE)

 Las farmacias están funcionando con un sistema de reservas para paliar el problema, pero el sistema informático suele colapsarse y los vecinos se quejan por la aglomeración de compradores en el exterior de los comercios.

“Ahora no hay cosecha. Están entregando menos cantidad. El IRCCA empezó distribuyendo cuatro kilos por semana, luego tres y ahora sólo dos. Dos kilos son 400 paquetes. Eso lo vendo en un día”, explica Enrique Curbelo, dueño de la farmacia Lilen.

 Sebastián Sccaffo, propietario de la farmacia Tapie, en la Ciudad Vieja, confirmó que el desabastecimiento es un problema generalizado: “Aquí funcionamos con alertas en whatsapp. El cliente tiene el número de la farmacia y en el estado pongo si hay cannabis o no. Si hay, vienen, compran y se van, pero se siguen formando filas”.

Contradicción del sistema financiero.

El cannabis sigue siendo a nivel federal una sustancia prohibida en EEUU y está contemplada en la lista de activos no respaldados por servicios financieros. Uruguay no puede forzar a los bancos a que reciban esos depósitos, porque eso implicaría sanciones a escala internacional, y entonces los farmacéuticos se ven obligados a trabajar en efectivo con las transacciones de marihuana. “Un trastorno significativo para un sector habituado al comercio electrónico”, aseguró Mario Bergara, presidente del Banco Central de Uruguay.

La paradoja reside en que el principal objetivo de la ley es combatir el narcotráfico, una meta que también persigue la legislación estadounidense, pero el choque entre las administraciones de EEUU dificulta ese proceso porque “allí la ley federal está por encima de la estatal”, razona Bergara.

 Para el precandidato del Frente Amplio la contradicción es difícil de sostener: “Es un disparate, porque la ley es un mecanismo de regulación y lo mejor que te puede pasar es que todo quede registrado en medios electrónicos. Y no: estás empujando esto al mundo del efectivo, que es el territorio menos transparente”.

Canadá se convirtió en 2018 en el segundo país del globo en legalizar el consumo demarihuana y nueve estados de EEUU ya aprueban su uso recreativo.

 Nueva Zelanda legalizó el uso medicinal de la marihuana a finales del año pasado y ha convocado un referéndum vinculante en 2020 para dar luz verde al consumo lúdico.

 Y en México, el partido de Andrés Manuel López Obrador presentó en noviembre de 2018 una iniciativa de ley para regular la producción, la venta y el consumo de cannabis, una propuesta que actualmente se encuentra estancada en el Congreso.

 El Gobierno de López Obrador recibió asesoramiento de las autoridades uruguayas y propone medidas similares a las implementadas por el Frente Amplio, como la limitación a 480 gramos de producción anual por persona o la creación de un Instituto Mexicano de Regulación y Control de Cannabis.

 Mientras tanto, Europa espera para dar el paso, pero no tardará: son varios los países que trabajan en ello desde hace años y el cambio de paradigma ya parece definitivo.

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