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Mayores beneficios

Novel tratamiento para la próstata agrandada

La cirugía UroLift es una tecnología mínimamente invasiva que mejora los síntomas de inmediato

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Todavía hay muchos mitos entre los hombres respecto a la visita al urólogo y la importancia de hacerse los exámenes recomendados para atajar a tiempo cualquier problema.(Shutterstock)
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Se estima que uno de cada cuatro hombres mayores de 55 años y el 80% de los que tienen 70 o más, experimentan síntomas relacionados con hiperplasia benigna prostática (HBP), un agrandamiento no canceroso de esta glándula cuya prevalencia aumenta progresivamente con la edad.

Se trata, de hecho, de una dolencia que causa síntomas que alteran el diario vivir del hombre y deterioran su calidad de vida. Desde levantarse varias veces en la noche a orinar y que el chorro esté más lento, hasta tener que empezar a hacer fuerza para lograr orinar, quedarse con la sensación de que necesita volver y tener gotereo continuamente.

“En casos extremos, el paciente puede tener retención de orina, orinar sangre y pudiese llegar hasta un fallo renal si no es tratado”, advierte el urólogo Claudio P. Bernaschina Bobadilla, el primer médico en Puerto Rico que realizó la primera cirugía UroLift para tratar los síntomas de HBP.

Según explica el especialista, quien desde entonces ya ha realizado 20 cirugías de este tipo en el Hospital Damas de Ponce, se trata de una nueva tecnología mínimamente invasiva, aprobada por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) para el tratamiento de esta enfermedad.

Debido a que la generación baby boomers, los nacidos entre los años 1946 y 1964, es un segmento bastante grande de la población —y que están en riesgo, además, de tener otras condiciones de salud—, el doctor Bernaschina señala que desde hace años se comenzaron a ofrecer tratamientos mínimamente invasivos más temprano para evitar que la vejiga se descompense.

“Ahí es donde surge esta nueva modalidad de tratamiento, inventada en Estados Unidos, que ya lleva unos seis años en el mercado. Es una tecnología novel porque va a cambiar la forma en que se trata la hiperplasia benigna de la próstata”, afirma el médico, quien comenzó a hacer la cirugía en la isla en marzo de este año.

Sin embargo, Bernaschina señala que el tratamiento farmacológico sigue siendo la terapia de primera línea. Pero acepta que, en los últimos años, se han publicado varios estudios que demuestran que el uso crónico de esos medicamentos está asociado a efectos secundarios. Entre ellos, menciona la correlación con demencia y cambios mentales.

“También puede causar disfunción eréctil y en hombres más jóvenes puede producir hipotensión y pérdida de la eyaculación o eyaculan menos semen y eso es algo que les preocupa, por lo que muchos dejan los medicamentos. Si el paciente no se adhiere al tratamiento o comienza a presentar más efectos secundarios, se le ofrece tratamiento quirúrgico”, explica el doctor Bernaschina.

Pero el urólogo dice que a través de los años “han llegado muchas modalidades (quirúrgicas) que han venido y se han ido porque probaron que no eran tan efectivas o porque ofrecían una ventaja temporal”.

“Hasta ahora, la vara con la que se mide todo (en cuanto a cirugías) es el raspe de la próstata, que es la resección transuretral. Es muy efectivo para tratar los síntomas y liberar la obstrucción que no permite el paso de la orina. Pero el hombre debe saber que pierde la eyaculación de forma permanente. Además, hay un por ciento pequeño que pudiese presentar disfunción eréctil y, en algunos casos, incontinencia urinaria”, precisa el médico, aunque indica que en los últimos años se hace el “raspe bipolar”, otra modalidad con láser mucho más efectiva para reducir el tamaño de la próstata.

Mayores beneficios
No obstante, el doctor Bernaschina asegura que con la nueva cirugía UroLift “no hay calor de ninguna índole (láser) y no se corta ningún tejido”. En este caso, explica, se implanta al tejido intraprostático una especie de clips hechos de acero inoxidable para abrir la próstata y liberar la obstrucción que no permite el paso de orina.

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Doctor Claudio P. Bernaschina Bobadilla, urólogo (juan.martinez@gfrmedia.com)

“Yo les digo a los pacientes que estos implantes actúan como las cintas que se le ponen a las cortinas para abrirlas. En la próstata, se hace para sostener ambos lados la glándula”, explica el urólogo, mientras remarca que el sistema está diseñado para hombres mayores de 45 años con una próstata que no exceda los 80 gramos. Una próstata normal tiene un tamaño de entre 20 a 25 gramos.

Y aunque la cirugía se puede hacer en la oficina médica, el doctor Bernaschina prefiere hacerla en el hospital. “Se hace con sedación y realmente puede tomar entre 8 a 10 minutos. Uno entra, pone los implantes en el área en que se está obstruyendo el paso de la orina (porque el tejido prostático es glandular y se puede comprimir para que el espacio quede abierto). Luego, el paciente nota la mejoría inmediatamente y puede orinar sin problemas”, describe Bernaschina. Resalta que es un tratamiento que tiene cero efectos secundarios en la parte sexual y que por eso es más atractivo para hombres entre los 45 y 60 años.

“Dependiendo del tamaño de la próstata, es la cantidad de implantes que se le ponen a la derecha o a la izquierda, simétricamente. Una vez que se ponen, el paciente no tiene que tomar más medicamentos y se preserva la función sexual”, agrega el médico, quien dice que en Estados Unidos se han tratado sobre 100 mil pacientes con esta modalidad.

Problema común
En una población como la de Puerto Rico, cada vez más envejecida (está entre las jurisdicciones de Estados Unidos que tienen mayor porcentaje de personas de 65 años o más), es una realidad que la hiperplasia benigna de la próstata es un padecimiento común entre muchos hombres.

No obstante, todavía hay muchos mitos entre los hombres respecto a la visita al urólogo y la importancia de hacerse los exámenes recomendados para atajar a tiempo cualquier problema.

Hoy por hoy, hay que hacerles unas pruebas médicas para descartar otras enfermedades del sistema urinario que pueden producir síntomas parecidos (al HBP). Pero al varón siempre hay hacerle el examen rectal, una muestra de orina para ver si hay o no sangre y la prueba del antígeno prostático (PSA en inglés)”, especifica Bernaschina.

De hecho, explica que también es importante hacer la salvedad de que un resultado de esa prueba (PSA) negativo, no implica que el hombre deba obviar la visita al urólogo o que no tenga que hacerse el examen del tacto rectal. “Se tienen que hacer los dos. Tengo muchos pacientes con el PSA normal y tienen cáncer de próstata. Con el examen rectal se puede encontrar un nódulo que es altamente sugestivo de cáncer de próstata”, enfatiza.

Además, en esa visita también se evalúa qué medicamentos toma y si hay otras condiciones médicas que pudiesen producir síntomas parecidos. “Se les ofrece unas pruebas diagnósticas urológicas básicas como un estudio urodinámico para estudiar el funcionamiento de la vejiga; una sonografía prostática para evaluar el tamaño de la próstata y una cistoscopia (procedimiento que le permite al médico examinar el revestimiento de la vejiga y del conducto que transporta la orina fuera de cuerpo (uretra)”, explica el urólogo.

Agrega, además, que debido a que la vejiga es un músculo que almacena líquido y la próstata es como una dona, si está agrandada, el músculo tiene que hacer cada vez más fuerza para vencer la obstrucción. Eso, a su vez, va atrofiando el músculo y hay cambios crónicos que a la larga descompensan.

“Eso es muy importante mirarlo para saber en qué etapa de la enfermedad se encuentra la persona. Así que, cuando tienes esos síntomas que sugieren que hay hiperplasia u obstrucción al paso de la orina, se comienza en unos medicamentos, la familia de los bloqueadores alfa”, precisa Bernaschina, quien dice que son la primera línea de tratamiento para mejorar rápidamente los síntomas, pero no revierten el proceso de la enfermedad.

De la misma forma, señala que hay otra familia de medicamentos, los inhibidores de la enzima 5‐alfa‐reductasa, que si el paciente los utiliza por un periodo largo de tiempo pudiesen ayudar a revertir un poquito el tamaño de la próstata. “Pero eso toma mucho tiempo lograrlo. Por años, a los pacientes se les ofrece tratamiento médico y muchas veces se quedan en ese tratamiento o el médico primario lo trata y no van al urólogo, pero la progresión sigue y el paciente va a notar que los síntomas empeoran”, advierte.

De ahí la importancia, enfatiza Bernaschina, de que los pacientes busquen tratamiento con un especialista y eviten los cambios de hipertrofia en la vejiga y que pierda su capacidad de almacenar orina. “La Academia Americana de Urología tiene unas guías muy específicas. Y la posición es ofrecer tratamiento farmacológico temprano o mínimamente invasivo como una opción para evitar los efectos secundarios de los medicamentos”, enfatiza el urólogo, quien cree que la cirugía UroLift, puede ser una opción de tratamiento beneficiosa para muchos pacientes.

Cómo funciona Urolift

  1. Se inserta el dispositivo a través de la uretra obstruida para acceder a la próstata agrandada.
  2. Se colocan pequeños implantes permanentes para elevar o sujetar el tejido prostático agrandado con lo que se logra ensanchar la abertura de la uretra. Los implantes se colocan con la ayuda de una pequeña aguja que sale del dispositivo de colocación UroLift y entra a la próstata.
  3. Se extrae el dispositivo de colocación UroLift y queda la uretra abierta.

Fuente: www.urolift.com

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