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Conoce qué hacer para autoprotegerte

Prevención de enfermedades luego de un desastre natural

Las enfermedades más comunes después de un desastre natural pueden agruparse en cuatro grandes segmentos: aéreas, causadas por agua y fluidos corporales; causadas por insectos y causadas por alimentos

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Las enfermedades respiratorias suelen aumentar cuando muchas personas conviven en un mismo lugar luego de un desastre natural. (Luisella Planeta Leoni / Pixabay)
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Los desastres, naturales u ocasionados por el hombre, tienen un gran impacto en la salud física, mental y emocional de la población.

Cada año, millones de personas en el mundo son afectadas por desastres de naturaleza diversa: desde huracanes y tornados, hasta terremotos e inundaciones.

Por ejemplo, en el año 2019, el sitio Statista, un portal que recopila datos de sucesos globales, reporta que hubo 409 eventos mundiales catalogados como desastres por sus repercusiones en cuanto a muertes, lesiones, riesgo aumentado de transmisión de enfermedades contagiosas, impacto o daños a los sistemas de infraestructura, como agua y luz, acceso a los alimentos y desplazamiento de la población entre otros efectos.

“Los desastres se pueden dividir entre naturales, como terremotos, huracanes, inundaciones e incendios forestales; y los producidos por el hombre, como aquellos ocasionados por errores de ingeniería, biológicos (guerra), químicos (terrorismo) y radiológicos (guerras, bombas nucleares)”, explica el doctor Raymond Sepúlveda, emergenciólogo y director médico de HIMA San Pablo Cupey, quien agrega que si bien cada desastre tiene sus particulares que dependerán de qué tipo de desastre sea, su duración e intensidad, entre otros, la propagación de enfermedades posterior al evento suele ocurrir por razones que incluyen: por hacinamiento, falta de medicamentos, falta de recursos médicos voluntarios, como médicos, enfermeras y ayudantes; y animales e insectos que coexisten en tiempos normales, como mosquitos, cucarachas, aves y animales domésticos hacinados y enfermos”.

El doctor Sepúlveda agrega que otro aspecto relevante que puede tener efectos inadecuados es la desinformación de la ciudadanía en cuanto a qué hacer para autoprotegerse.

El emergenciólogo señala que las enfermedades más comunes después de un desastre natural pueden agruparse en cuatro grandes segmentos:

  1. Aéreas: influenza, tuberculosis, catarro común (todas las transmitidas por tos y estornudos).
  2. Causadas por agua y fluidos corporales: disentería o diarreas, leptospirosis, parasitosis, hepatitis.
  3. Causadas por insectos: dengue, Zika, chikungunya, envenenamientos con posibles necrosis por picadas de arañas, escorpiones o ciempiés
  4. Causadas por alimentos: ciguatera (peces ciguatos después de huracanes, especialmente en los meses con “r” como septiembre, noviembre o diciembre); disentería y botulismo por alimentos enlatados, pero dañados.

Muchas de estas condiciones pueden coexistir entre cualquiera de las categorías, pues son interrelacionadas”, recalca el médico, haciendo hincapié en tomar las medidas necesarias para prevenir su contagio y propagación.

Entre las medidas que se deben observar, el doctor Sepúlveda enfatiza las siguientes:

  • Lavar las manos constantemente con agua y jabón.
  • No tomar agua que no sea potable.
  • No comer comidas que sean dejadas sin refrigerar después de la cocción.
  • Usar áreas de baños (letrinas), en lugares distantes al área de cocina o reservas de agua.
  • Usar mosquiteros y repelentes de insectos.
  • Usar desinfectante de manos (“hand sanitizer”) si no hay agua y jabón disponibles para lavarse las manos.
  • No usar envases o utensilios desconocidos.
  • No dejar comidas descubiertas o a merced de roedores (ratas), las cucarachas u otros animales e insectos.

El doctor Sepúlveda enfatiza que, en el caso de que las personas tengan condiciones de salud crónicas, es importante que tomen precauciones adicionales, para mantener su condición controlada y evitar complicaciones.

Las condiciones de salud crónicas, como la diabetes o el asma, se pueden controlar o evitar que se salgan de proporción, manteniendo los medicamentos al día con recetas disponibles y en un bulto en el que tenga todas las cosas básicas de higiene personal”, resalta el emergenciólogo, quien ofrece otras recomendaciones prácticas que incluyen:

  • No tomar medicamentos de extraños o de otras personas porque les digan que “son buenos”.
  • Hacer las dietas de la mejor manera posible, dentro de lo disponible (no comer desmesuradamente o muy poco).
  • Informar a las organizaciones de apoyo sobre las necesidades del paciente, por ejemplo, si es paciente renal que requiere de diálisis. “Las unidades de diálisis hacen sus esfuerzos, pero recomiendo acudir a los campamentos, ya que proveen los tratamientos en sus unidades base. Por esto es tan importante que se registren en los campamentos con nombres y direcciones”, aconsejó Sepúlveda. A la vez que urgió recordar que las condiciones renales se descompensan cuando se toman líquidos en exceso y se ingieren muchas proteínas (carnes).
  • Procurar el autocontrol emocional, asistiendo a las reuniones de soporte religioso o social.

Para finalizar, el doctor Sepúlveda comenta que, con este tipo de eventos, siempre existen lecciones aprendidas o por aprender, por lo que siempre hay que estar atentos a educarse y a aprender sobre todos los desastres que pueden ocurrir en nuestro entorno para anticiparse y, en la medida de lo posible, estar preparados.

“Debemos educarnos más sobre los eventos naturales para que el desconocimiento 'populi' divulgado no provoque confusión adicional”, enfatiza el doctor Sepúlveda, al añadir que “cosas tan sencillas como tener sus medicamentos al día y tener un plan familiar de emergencia que le permita reencontrarse con los integrantes de su familia, de ocurrir desastre, es esencial”, recalca el médico, quien resalta que este plan debe ser discutido por todos en el núcleo familiar de manera que todos los entiendan y puedan ejecutarlo en caso de ser necesario.

Si, como ha ocurrido en el sur de la isla, el desplazamiento de los miembros de la familia es inevitable, el doctor Sepúlveda resalta que se debe mantener la comunicación con los familiares y allegados para que estén al tanto de sus movimientos o desplazamientos y que es importante seguir las directrices de los organizadores para mantener el orden en los campamentos, evitar la separación de familias y promover una mejor utilización de los recursos.

“Por la experiencia del huracán María, tener cierta cantidad de comestibles de alto contenido energético para sobrevivir en lo que los suministros adicionales llegan, para un período de 24 a 48 horas  para cada persona  y contar lámparas o linternas que no requieran baterías (solares) puede ayudar a aliviar la ansiedad provocada por la incertidumbre generada por el desastre”, indica Sepúlveda, al concluir diciendo que “un poco de luz tranquiliza emocionalmente en lo que encontramos los caminos en la oscuridad cuando se interrumpe la electricidad”.

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