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El 27 de junio, se celebra el Día de Hacerse la Prueba de VIH

Toma acción contra el VIH

Del 27 al 29 de junio se ofrecerá la prueba gratuitamente en Plaza Las Américas, en Hato Rey

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Toda persona sexualmente activa debe hacerse la prueba para detectar el VIH. (Shutterstock)
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El VIH dejó de ser una sentencia de muerte para quien lo padece, pero eso no significa que sea menos importante mantener la alerta sobre la importancia de prevenir o detectar esta enfermedad a tiempo.

Este jueves, 27 de junio, se celebra el Día de Hacerse la Prueba de VIH, a modo de recordatorio a toda la población activa sexualmente, de que cualquiera puede contagiarse y mientras más temprano tenga un diagnóstico, mayor será la posibilidad de vivir una vida plena sin contagiar a otros. A partir de esta fecha, hasta el 29 de junio, se ofrecerá la prueba gratuitamente en Plaza Las Américas, en Hato Rey.

El VIH puede mantenerse oculto, sin presentar síntomas severos, hasta diez años después del contagio, cuando puede ser muy tarde para controlar sus consecuencias.

Aunque en Puerto Rico no existen estadísticas confiables sobre la cantidad de personas que se realizan la prueba para detectar VIH, el doctor Iván Meléndez, quien lleva dos décadas trabajando con la población que padece el mal, dijo que de acuerdo con su experiencia esta cantidad ha disminuido. No obstante, recomienda hacerse el examen anualmente.  

Es una prueba que no tiene costo, y la realidad es que si usted respira y está activo sexualmente puede enfermarse. Esto no es cuestión de estatus, de educación o de preferencia sexual. He atendido desde gente que no tiene ni un centavo a millonarios que han contraído la enfermedad”, sostuvo Meléndez, quien trabaja en el Centro Ararat, Inc., de Ponce.

Esta institución, fundada en 2001, reúne a un grupo de clínicas de medicina primaria y preventiva que ofrece servicios de salud para todo tipo de condición médica en un ambiente inclusivo y diverso, incluyendo tratamientos enfocados en la población con VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Cuenta con seis clínicas ubicadas en San Juan, Ponce, Juana Díaz y Arecibo.     

El diagnóstico hace la diferencia

Evelyn Pérez jamás pensó que la inflamación que sufría en un ganglio era una consecuencia del virus. Pero, cuando transcurrieron varios meses y los médicos no identificaban la razón de su condición decidieron ordenarle varios laboratorios para detectar distintas enfermedades, incluyendo VIH. El resultado fue positivo. Entonces corría el 2007 y ella tenía 47 años.

“El mundo se me cayó encima. Fue una cosa devastadora, porque para mí escuchar VIH era como decir muerte”, contó la mujer, quien hoy tiene 60 años.

Evelyn jamás pensó que podía padecer de VIH porque no practicaba ninguna de las conductas consideradas “de riesgo”, como utilizar drogas intravenosas. Además, en aquel momento tenía una pareja estable que nunca se contagió.

Había sospecha, de que fue a través de un tatuaje. No me percaté si los envases donde estaban echando la tinta tenían otra tinta, si era usada”, sostuvo la madre de dos hijos, que hoy tienen 23 y 43 años.

Tras su experiencia, Evelyn piensa que la prueba de VIH debe ser compulsoria o tan natural “como la del cáncer”.

“Si nos damos cuenta de la condición es más fácil atacarla y trabajar con ella. Nos da la oportunidad de tener una buena calidad de vida. Yo me di cuenta a tiempo porque me mandaron a hacer los exámenes”, explicó la mujer, quien pudo continuar trabajando y, gracias a sus hijos, ha contado con todo el apoyo que necesita para enfrentar los retos de tener VIH.

Con Evelyn coincidió Adalid Castro Carreras, paciente de VIH y cofundador de la Asamblea Permanente de Personas Infectadas por VIH y Hepatitis de Puerto Rico. En su caso, el diagnóstico de VIH llegó en 1999, tras hacerse la prueba a insistencias de un amigo a quien acompañó a cumplir con ese trámite.

“Me resistí porque aparentemente estaba bien, con esa falsa creencia de que uno no tiene nada”, contó.

Una semana después de ir al laboratorio le pidieron que regresara para entregarle los resultados. Cuando abrió el sobre sellado, supo que estaba infectado.

“En ese momento yo sentí que el sobre pesaba como 200 libras. Ahí iba toda mi experiencia sexual. Uno piensa en lo que hizo bien, lo que hizo mal. Recuerdo que respiré, suspiré y después le dije a la enfermera: cuándo empiezo el tratamiento”, narró.

Los efectos secundarios que en aquel momento experimentó debido a la gran cantidad de pastillas que tomaba hizo que años después dejara de ingerirlos. La reacción no se hizo esperar. Su sistema se debilitó tanto que tuvo que estar hospitalizado durante 40 días.

“Casi me muero”, recordó. “Retomé el tratamiento porque quería vivir. Hasta ahora soy indetectable”, explicó.

El término indetectable en pacientes de VIH se refiere a que han logrado –a través de la consistencia en su tratamiento- que el virus no pueda ser detectado en su organismo durante más de seis meses. Estas personas siguen teniendo VIH y deben continuar bajo tratamiento durante toda la vida, pero no transmiten la enfermedad a otras personas, incluso aunque deje de utilizar condón (aunque se recomienda utilizarlo siempre, debido a la posibilidad de contagio de otras condiciones).

En las campañas de educación sobre el virus se utiliza la frase “indetectable es igual a intransmisible” para llevar el mensaje de la importancia de la rigurosidad en el tratamiento para evitar el contagio.

Prevención para evitar el contagio

Como parte de la información relevante sobre el VIH que las organizaciones buscan transmitir también está el cuidado preventivo para evitar contagiarse, especialmente cuando el estilo de vida es un factor de riesgo.

El doctor Meléndez sostuvo que el Centro Ararat ha estado trabajando en un estudio para determinar cuánta gente en Puerto Rico debería utilizar la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP, por sus siglas en inglés). Este es, hasta ahora, el único tratamiento aprobado para prevenir el contagio con el VIH. Utilizado correctamente, el medicamento tiene un 97.9% de probabilidad de prevenir el virus. Utilizado junto al condón, como medida para evitar enfermedades de transmisión sexual, este porcentaje aumenta a 99.7%. 

“Basado en las fórmulas creadas por el CDC (Centros para el Control de Enfermedades),  27,500 personas deberían estar en PrEP”, indicó el médico. En contraste, actualmente, según estadísticas del centro, apenas 467 personas lo usan.

El estimado de la clínica incluye a personas que practican conductas consideradas “de riesgo” para contraer VIH. Estas incluyen el uso de drogas y, en el caso de los hombres, tener relaciones sexuales con parejas del mismo sexo.

Meléndez observó que, sin embargo, nadie puede bajar la guardia frente al VIH. Las mujeres heterosexuales, por ejemplo, también pueden contraer la enfermedad, pero a menudo no ven la necesidad de hacerse la prueba o de tomar medidas para evitar el contagio. 

“Si sacamos el número de mujeres heterosexuales que deberían estar en PrREP, es 5,000, pero solo 15 lo usan”, dijo el médico. Este grupo se considera en riesgo cuando no utiliza de manera consistente el condón para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

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