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Las boticas de antaño

Un pedazo de historia en el Museo de la Farmacia

Ubicado en la Escuela de Farmacia del Recinto de Ciencias Médicas, expone una muestra de la Farmacia Planellas, fundamental en el siglo XIX en el pueblo de Cayey

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Una exposición en el Museo de la Farmacia muestra frascos en porcelana en los que se almacenaban y clasificaban diferentes productos químicos y plantas medicinales. (vanessa.serra@gfrmedia.com)
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Se despachaban remedios para los dolores del cuerpo y, de ser necesario, aliviar los pesares del alma. Se confeccionaban artesanalmente compuestos químicos con poderes curativos y se hacían mezclas de hierbas medicinales para tratar diferentes males, además de estudiar y documentar las reacciones y efectos en los pacientes.

Así eran las farmacias de antaño, importantes centros de salud de la comunidad que, eran más conocidas como boticas y su farmacéutico, el boticario, gozaba de una posición tan o igual de importante que la del alcalde.

Parte de esa historia la puedes conocer ahora en el Museo de Farmacia de la Escuela de Farmacia, Recinto de Ciencias Médicas, donde puedes ver cómo era la primera botica de Cayey, la Farmacia Planellas, fundada en 1875, cuyo dueño era uno de los pocos farmacéuticos licenciados del país.   

“En la Escuela de Farmacia estamos celebrando el aniversario 105 de su creación y con esta exposición le rendimos un tributo a la Farmacia Planellas, que fue fundamental en el siglo XIX en el pueblo de Cayey”, explicó la decana de la Escuela de Farmacia, Wanda Maldonado, quien destacó la importancia de tener un espacio de este tipo en el Recinto de Ciencias Médicas.

“Queremos que esto continué siendo un patrimonio y que se pueda educar a los estudiantes y al público sobre la trayectoria de la profesión y que el museo también se pueda convertir en un espacio cultural y turístico”, agregó Maldonado. Una exposición que se logró gracias al préstamo que hizo Instituto de Cultura Puertorriqueño (ICP), propietario de las piezas, añadió la directora del Museo de Farmacia y curadora de la exhibición, Teresa Brigantti.

“Entendemos que este es el escenario ideal para mostrarlas, además de que comparte espacio con la Farmacia Legrand, que estuvo ubicada en Utuado. Estamos muy contentos y agradecidos del ICP que hizo posible esta exhibición”, añadió la también profesora, quien imparte el curso de historia de la farmacia.

De hecho, la exposición cuenta con el estante original -diseñado en madera caoba por el reconocido artista y arquitecto cayeyano Ramón Frade; los frascos en porcelana (albarelos) en los que se almacenaba y clasificaban diferentes productos químicos y plantas medicinales, así como otros envases de cristal y artefactos con los que se confeccionaban comprimidos y otros remedios.

“El hilo conductor de toda la exhibición es conmemorar la evolución de la farmacia en Puerto Rico y nosotros somos parte de ella. Desde 1913 hasta recientemente, miles de farmacéuticos se han graduado de la Escuela de Farmacia”, explicó Brigantti.

Investigación y curaduría

Durante la investigación que se hizo sobre la Farmacia Planellas, contó Brigantti, encontraron algunos datos noveles sobre la importancia de esta botica en Cayey.

“En aquel momento apenas había en Puerto Rico farmacias atendidas por farmacéuticos titulados por el estado. Don Miguel fue uno de ellos, un hombre visionario que hasta adquirió una mina con la idea de utilizar minerales para fabricar sus propios fármacos. Él hacía sus formulaciones y presentó una del aceite de castor que le ganó premios en las ferias que se hacían en Puerto Rico”, señaló Brigantti.

Además, fue un hombre que hizo una gran defensa de la profesión de farmacéutico. “En un momento dado hubo unos pleitos en los que los médicos reclamaban ser los expertos y don Miguel hizo un reclamo de la profesión. También descubrimos la relación que había con don Federico Legrand, quien fue el primer facultativo que tuvo la Escuela de Farmacia en 1913, cuando fue fundada”, explicó la profesora,

En esa investigación también se estudió el rol de Juan Planellas, hijo de don Miguel, quien adquirió la farmacia y se dedicó a ella hasta los años 60. Luego de su cierre, el Colegio de Farmacéuticos de Puerto Rico adquirió y donó al ICP parte del mobiliario, los frascos y artefactos que se utilizaban en esta farmacia.

“Esos frascos franceses (albarelos) les daban a los farmacéuticos un prestigio y significaba que tenía una farmacia muy bien establecida. Don Alexis, nieto de Juan Planellas, recuerda que la farmacia de su abuelo tenía una gran cantidad de albarelos, aunque con el tiempo, y por los costos, cambiaron a envases transparentes o ambarino, con etiquetas que los farmacéuticos mandaban a preparar”, abundó Brigantti. El Museo también cuenta con la colección permanente de aproximadamente 219 albarelos de la Farmacia Legrand. Además de la colección del profesor emérito de la Escuela de Farmacia, don Luis Torres Díaz.

También cuentan con documentos originales, como los diplomas de farmacéuticos de Miguel y Juan Planellas; morteros, balanzas y cacheteros (instrumento de origen francés que se utilizaba para hacer encapsulados de pastillas) y otros artefactos que se utilizaban antiguamente en las farmacias.

Son datos que el nieto de Juan Planellas, don Alexis, hoy de 85 años, recuerda muy bien. Sobre todo, el rol de la farmacia en el pueblo, sus anaqueles llenos de los hermosos frascos de porcelana y a su abuelo mezclando hierbas o comprimidos en un montero.

“Él curaba rápido a la gente con dolores de estómago con los medicamentos que preparaba. En un mortero echaba hierbas o pastillas y las molía, les echaba un líquido y hacía la medicina, según el problema que tuviera la persona. Él sabía mucho de medicina”, rememoró don Alexis, quien dijo que a su abuelo le decían “el médico de los pobres”.

Don Alexis, sin embargo, nunca se interesó por seguirle los pasos a su abuelo, aunque recordó que él le ofreció la posibilidad que se hiciera cargo de la farmacia. “Mi padre era médico y quería que yo estudiara farmacia, pero me gustaba más la mecánica de autos”, dijo entre risas. No obstante, una nieta -tataranieta de Juan Planellas-, Frances Yarelis Rivera Nieves, continuó la tradición familiar y en 2013 obtuvo el grado de doctora en Farmacia y hoy día también ejerce en el pueblo de Cayey.

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